Opinión

La paradoja del Banco Central

Actualizado el 24 de julio de 2013 a las 12:01 am

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Durante los últimos meses, el Banco Central de Costa Rica (BCCR) ha reaccionado tarde ante el mercado, tanto para implementar medidas como para eliminarlas, situación que lo tiene hoy en medio de una paradoja.

Debido a la desaceleración económica de la economía costarricense, con una tasa de desempleo estancada en el 9.6% y una inflación de mediano plazo controlada, el BCCR decidió disminuir en junio la Tasa de Política Monetaria al 4%, así como las tasas de captación de la plataforma Central Directo.

De igual manera, es claro que durante lo que resta del 2013 no habrá presiones del Ministerio de Hacienda sobre el mercado bursátil, por lo que las tasas en colones seguirán con una tendencia estable, en niveles ligeramente inferiores a los actuales, incluida la Tasa Básica Pasiva, que en su nueva metodología de cálculo considera un promedio móvil de los últimos seis meses.

Al bajar las tasas, el claro objetivo es incentivar el consumo y la inversión por medio de una mayor demanda de crédito para mejorar el crecimiento económico en el 2013. Sin embargo, el planteamiento es contradictorio con la restricción crediticia impuesta a partir de febrero del presente año.

A la vez, en el entorno externo, la Reserva Federal devolvió la calma a los mercados, donde al menos durante el 2013 mantendrá la política monetaria expansiva para mejorar el resultado económico. Por eso, las expectativas al alza de las tasas en dólares y el tipo de cambio se pospusieron por algunos meses.

Medidas versus objetivos. La medida inicial de los topes de cartera tenía dos objetivos claros: disminuir la liquidez en la economía para desalentar la presión inflacionaria y “desdolarizar” el crédito. El primer objetivo es de corto plazo y ya tuvo efecto. El segundo es de largo plazo y en su consecución intervienen variables estructurales que deben cambiar en el Sistema Financiero y no se logran mediante una restricción de nueve meses.

Por esta razón y de forma prudente, la Superintendencia General de Entidades Financieras (SUGEF), inició un proceso de consulta para establecer cambios regulatorios basados en la gestión integral de los riesgos, en coordinación con las entidades financieras. La iniciativa pretende incorporar los riesgos asociados con la moneda extranjera, entre muchos otros.

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Con los topes, ocurrió lo esperado en cuanto a la caída en las expectativas de consumo e inversión de las familias y empresas, perjudicando así el mercado laboral y creando aún más incertidumbre.

Ante ese panorama, el BCCR debió levantar la restricción crediticia desde hace varias semanas, en pro de hacer eficaces sus recientes medidas monetarias y como señal de confianza para los agentes económicos, mientras que, de manera paralela, continúa el proceso de renovación y ajuste de las reglas para una mejor gestión integral de riesgos en el Sistema Financiero.

Exigir la aprobación de esas medidas como condición para levantar los topes es asumir consecuencias en el corto plazo de un tema que el Sistema Financiero ajustará en el largo plazo. También es pasar a la ligera un proceso que requiere de un análisis para disminuir los costos de ajuste y lograr un sistema financiero más estable y eficiente.

Ahora, el BCCR recibe presiones de diversos grupos para retirar los topes, por lo cual se encuentra en la disyuntiva de actuar racionalmente, reconocer el desfase temporal de sus medidas y ceder, o bien mantenerlas a un alto costo macroeconómico, tratando de sostener su cuestionada independencia, elemental para la formación de las expectativas de los agentes económicos en el futuro.

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