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Cómo los países pobres pagan el gasto de los refugiados

Actualizado el 28 de febrero de 2017 a las 12:00 am

Quedarse de brazos cruzados mientras otros viven con miedo no es una actitud humana

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PARÍS – La guerra en Siria puso de manifiesto la necesidad de mejorar la gestión de los flujos de refugiados en tiempos de crisis. Hay una cuestión particularmente preocupante: es posible que los países pobres estén pagando un alto precio indirecto por los esfuerzos que hacen los países ricos.

Los datos muestran que una parte sustancial de los costos asociados con el ingreso de refugiados y solicitantes de asilo en algunos países europeos se contabiliza como ayuda oficial al desarrollo (AOD), la medida que usa el Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para hacer un seguimiento del gasto en ayuda internacional. Esto deja menos AOD disponible para iniciar, mantener o ampliar proyectos de desarrollo económico en los países pobres.

En el 2015, los países de la Unión Europea (UE) miembros del CAD gastaron $9.700 millones de sus presupuestos de AOD para atender a aproximadamente 1,2 millones de solicitantes de asilo dentro de sus fronteras. En comparación, el gasto en AOD de aquellas naciones en Siria, Afganistán, Somalia, Sudán del Sur y Sudán (primeros en la lista de países de origen de esos solicitantes de asilo) ascendió a $3.200 millones.

La regla que permite presentar como AOD los costos de los programas de refugiados en el país donante se introdujo en las Directivas de Información Estadística del CAD allá por 1988. Al principio, pocos donantes la aprovecharon. Pero entre el 2010 y el 2015, la cuota del total de AOD presentada como gasto en el país donante creció a más del triple, de 2,7% a 9,1%.

El CAD está trabajando para fijar reglas más claras sobre el uso de AOD para cubrir costos de atención a refugiados en el país donante; en tal sentido, hemos creado un grupo temporal de trabajo sobre refugiados y migraciones para evaluar la adecuación en modo, tiempo y lugar del uso que hacen los donantes de sus fondos de ayuda. Esperamos comunicar los resultados de este trabajo alrededor de julio.

La crisis en Siria concitó la atención internacional sobre los flujos de refugiados y las necesidades humanitarias asociadas, lo cual es positivo. Pero los sirios son solo una pequeña fracción de los más de 21 millones de personas de todo el mundo que la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) considera “refugiadas” (además, categoriza a más de 65 millones de personas como “desplazadas a la fuerza”). Hoy los solicitantes de asilo en Europa son los más visibles, pero la mayoría de los refugiados (más del 86%) permanecen en países en desarrollo, cerca de aquellos de los que huyeron. Uganda, por ejemplo, recibió más refugiados de Sudán del Sur en el 2016 que la cantidad total de migrantes que cruzaron el Mediterráneo hacia Europa en el mismo período.

Cada día, 40.000 personas se ven obligadas a huir de guerras y persecuciones; muchas más dejan sus hogares en busca de un futuro seguro y digno; y hay cada vez más personas que han estado desplazadas 20 años o más. Muchos otros que se quedaron están desplazados dentro de sus propios países, viviendo en la inseguridad y la pobreza extremas.

Quedarse de brazos cruzados mientras otros viven con miedo no es una actitud humana. Pero países como Uganda, que por décadas han alojado generosamente a cientos de miles de refugiados, ven cómo los principios de tolerancia y protección que ellos sostienen son crecientemente menoscabados en el hemisferio norte. Es comprensible que los países ricos quieran gestionar sus propias poblaciones de refugiados y llevar tranquilidad a sus ciudadanos. Pero el derecho de asilo es universal, y la cooperación para el desarrollo no debe, en ninguna circunstancia, usarse con fines de contención.

El fenómeno de los refugiados no es nuevo. En conjunto, los cinco principales países de origen han generado aproximadamente 10,2 millones de refugiados en los últimos 25 años. Son cifras asombrosas, pero el desafío que representan no es insuperable. La ayuda al desarrollo puede facilitar el abordaje de las dimensiones socioeconómicas más duraderas del desplazamiento forzoso de personas, generando apoyo para la inclusión de los refugiados en los planes locales y nacionales de desarrollo. Puede ayudar a encarar las raíces de ese desplazamiento, al concentrar esfuerzos en la reducción de la pobreza y la desigualdad, el fortalecimiento de la paz y la mejora del acceso a la justicia. Por eso el grupo temporal de la OCDE trabajará para la identificación e implementación de soluciones mejores para los refugiados.

Las condiciones que hoy enfrentan los migrantes forzados están en abierta contradicción con diversos compromisos internacionales como los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que piden que “nadie quede rezagado”. No hacer frente a estas cuestiones también pone en riesgo la solidaridad internacional de la que depende la agenda global de desarrollo.

Los países desarrollados y en desarrollo deben trabajar juntos y sostener sin ambigüedades el derecho a la búsqueda de asilo y la responsabilidad de proteger a quienes lo ejercen. Debemos asegurar que por financiación “nueva” se entienda la provisión de dinero adicional, no la mera redirección de fondos. Y, sobre todo, los programas para los refugiados (incluidos los intrafronterizos) deben tener los derechos humanos como principio fundamental.

Jorge Moreira da Silva, exministro de Medio Ambiente y Energía de Portugal, es el titular de la Dirección General de Cooperación para el Desarrollo de la OCDE. © Project Syndicate 1995–2017

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