Los likes de Facebook no se traducen automáticamente en intención de voto

 22 julio

Con la finalización de las primarias para designar a los candidatos presidenciales, se inicia la primera etapa de las elecciones. Es preciso identificar los factores estructurales que condicionan el proceso, el estado de la opinión con respecto al gobierno, los grandes temas de fondo, las fortalezas y las debilidades de los principales candidatos, y concluir con una breve reflexión sobre las nominaciones legislativas.

La política hoy. Una porción importante de los ciudadanos no tiene preferencia partidaria (entre un 50% y un 70%, según las encuestas), lo cual revela que la base partidaria no jugará el papel de antes. La preferencia de voto se orienta hacia los candidatos; esto muestra que las cuestiones ideológicas o partidarias languidecen.

Los resultados de las primarias dejan una alta participación en el PLN, una duplicación (aunque pequeña) de la votación en el PAC, buena votación en el PUSC y una escuálida participación en el ML. Estos resultados y las encuestas auguran la continuación del multipartidismo.

Si bien algunos concluyen de forma temprana a la inevitabilidad de una segunda ronda, lo cierto es que habrá que esperar si este escenario cristaliza o alguno de los candidatos logra aglutinar votantes y se separa del pelotón. Un sprint podría aportar sorpresas.

El gobierno. Dicen que toda elección es un plebiscito sobre el gobierno que termina. Después de un difícil inicio, el gobierno ha venido mejorando. Sin embargo, a pesar de la estabilidad macroeconómica y algunos logros puntuales, lo cierto es que la brecha entre las expectativas y los alcances es grande. Hechos recientes en torno a chambonadas, pifias, cementos y sobresueldos podrían borrar los resultados.

¿Logrará posicionar el gobierno una narrativa que convenza de que vale la pena continuar, dada la importancia del cambio producido? Conservar para avanzar solo se sostendrá si logran posicionar la excepcionalidad de sus obras.

Los grandes asuntos. Aunque los grandes temas, por su complejidad, no sean la preocupación fundamental de los votantes, lo cierto es que son relevantes para los formadores de opinión. Déficit fiscal, IVM, energía, transporte público, empleo público, seguridad ciudadana, sistema educativo, matrimonio igualitario, estado laico, son algunas de las cuestiones en el escenario.

Candidaturas. Los principales candidatos deben ser evaluados en diversas dimensiones.

Oficialista. Carlos Alvarado encarna el continuismo, su eslogan, “protejamos el cambio”, es claro. El candidato se presenta como un hombre joven con experiencia como ministro, artífice en la disminución de la pobreza y de la corrupción, forjador de paz social por sus negociaciones con los sindicatos y el ordenamiento de las convenciones colectivas.

Esta narrativa será atacada por sus adversarios, quienes enfatizarán que no hubo tal cambio, que este nunca se definió y que Alvarado elude precisarlo. Por el tema de corrupción, será atacado usando frases de Ottón Solís, la cuestión de la paz social será asociada con la complacencia hacia el sector sindical.

Retador liberacionista. Antonio Álvarez inicia centrado en su capacidad, honradez y experiencia e insiste en que es un constructor de acuerdos. La imagen de su esposa será un activo, pues se trata de una profesional que ha dado luchas por las mujeres. La gran ventaja de Álvarez reside en su partido, al que todas las encuestas le dan entre un 20% y un 25%, pero estas cifras son insuficientes para llegar al 40% necesario para ganar en primera ronda.

Los ataques vendrán orientados en señalarle como el candidato de los ricos, político profesional, vinculado a contratos con el Estado, tambaleante en sus posiciones políticas y relacionado con supuestas violaciones ambientales.

¿Crecerá Piza? Rodolfo Piza es un candidato serio con alguna experiencia en la administración pública. Su victoria en las primarias le ha fortalecido. Su preparación académica es una ventaja para ciertas élites. Los resultados de las municipales podrían otorgarle una ventaja, pero lo cierto es que su punto de partida es el 6% que obtuvo en el 2014.

Deberá enfrentar señalamientos acusándolo de neoliberal. Por otra parte, su actitud con respecto al matrimonio igualitario le distanciará de las élites universitarias, para quienes este tema es indicador de progresismo social. También, deberá enfrentar la escisión del Partido Republicano Socialcristiano.

El outsider . El discurso populista y antipolítico de Juan Diego Castro le otorga alguna ventaja con la gente enojada con el sistema y la clase política. Su populismo punitivista cala en sectores de la población atemorizados por el sicariato y la inseguridad.

Sin embargo, su eslogan de reconstrucción nacional encontrará obstáculos. Sus oponentes señalarán que es otro político más, ministro de Justicia y Seguridad Pública de Figueres y, luego, apuntarán que carece de experiencia y de equipo; sus rasgos autoritarios y conflictos familiares serán señalados repetidamente.

Amplitud estrechada. Edgardo Araya tratará de capitalizar sus activos como ambientalista, diputado y cercano con los movimientos sociales. No obstante, la división de su partido (FA) se constituirá en serio límite. La negativa a condenar a Maduro será un regalo para sus adversarios. El sesgo antiempresarial de su partido generará desconfianza, aunque sus consignas ambientalistas le podrían permitir llegar a los jóvenes.

El candidato perenne. La quinta candidatura de Otto Guevara se asienta sobre su combatividad, experiencia parlamentaria y llamados a la austeridad en el gasto. Empero, eso no lo librará de ataques como candidato de la extrema derecha, proveniente de un partido condenado en los tribunales de justicia, podrá ser señalado como defensor de los evasores tributarios y principal actor del filibusterismo parlamentario.

Parece difícil que evite la constante erosión de su candidatura.

Fragmentación. El sistema electoral con su énfasis en la proporcionalidad augura una repetición de la fragmentación partidaria, verdadero origen de la parálisis legislativa. Es muy probable que volvamos a tener un presidente minoritario.

Campaña compleja. Salvo Liberación Nacional, todos los partidos cuentan con bases reducidas, lo que hará importante el papel de los candidatos, la artillería se concentrará en las personas y no en discusiones ideológicas, todos los candidatos serán vulnerables.

El desarrollo de la organización territorial deberá tener en cuenta la importancia de las redes sociales, pero sola ninguna de las dos condiciones dará la victoria, sino la mezcla inteligente de ambas. Los likes de Facebook no se traducen automáticamente en intención de voto, las reuniones con veinticinco personas en los distritos, tampoco.

La canalización del enojo con partidos y políticos puede ser un buen catalizador de energías. Sin embargo, el histerismo político puede volverse contra sus practicantes y hacerlos aparecer como carentes de serenidad y cordura. A la vez, los partidos no lo son todo, pero sin ellos el esfuerzo movilizador encuentra limitaciones.

Las acusaciones de corrupción jugarán un importante papel, aunque si bien las campañas negativas sirven para quitar votos a los adversarios, lo cierto es que no dan votos a sus promotores. En un mercado político diverso, el problema de los candidatos es similar al de los árboles en la selva tropical: deben buscar desesperadamente la luz, un espacio bajo el sol y ahí jugará un papel crucial el esfuerzo por la atención.

Activismo, teatralidad e iniciativa son las vías para destacarse, sentarse a la puerta de la casa a ver pasar la campaña es una receta para la derrota.

El autor es politólogo.