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El pacto de La Habana

Actualizado el 05 de enero de 2013 a las 12:00 am

Venezuelaes una naciónocupada porotro país

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El pacto de La Habana - 1
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Mientras escribo estas líneas, se supone educadamente, dadas las informaciones de varios de sus ministros, que la vida de Hugo Chávez, presidente venezolano electo en octubre del 2012 para un cuarto mandato consecutivo, pende de un hilo. Nadie realmente sabe nada mas allá del hecho concreto de que la toma de posesión tiene que ser el 10 de enero en Caracas. De haber ausencia del candidato electo, el presidente de la Asamblea Legislativa deberá ejercer temporalmente las funciones del Ejecutivo y convocar a elecciones en un plazo no mayor a 30 días. Probablemente desde Leonid Brehznev en la Union Soviética, el mundo no había conocido tal grado de reserva en torno al futuro de un mandatario.

La condición de la salud de Hugo Chávez ha sido el secreto mejor guardado entre Caracas y La Habana por casi dos años. Siempre fue el propio presidente quien, sin ningun aval clínico que lo certificase, transmitía a la población partes médicos bastante imprecisos. Es así como se supo que le habian “descubierto” (jamás diagnosticado) un tumor que habría sido removido en lo que supuestamente fueron varias visitas al quirófano. Fue el presidente también quien se declaró “libre” de cáncer (no en remisión), y se lanzó a una campaña electoral (hoy en día la perspectiva temporal da visos de irracionalidad a esto, dada su supuesta actual condición), con la certeza implícita de que su régimen no contaba con ningún otro candidato que pudiera enfrentar la opción de la Mesa de la Unidad Democrática, el gobernador Henrique Capriles.

Los rumores y la incertidumbre son el pan cotidiano en Venezuela. La nación está acéfala de Poder Ejecutivo, dado que el puente aéreo Caracas-La Habana está activo 24 horas al día, y ya nadie sabe o controla quién sale o entra. Antes de partir a La Habana, quizás por última vez, Chávez encomendó a la población votar por quien él mismo había elegido recientemente como vicepresidente, Nicolás Maduro, otrora chofer de autobuses encargado del Ministerio de Exteriores en la llamada “revolución” bolivariana. Todo incierto, todo inesperado.

Pero se ha hecho evidente lo que antes era comentario reservado: Venezuela es una nación ocupada por otro país, y su gobierno se está ejerciendo a distancia, en la isla de Cuba. Los hermanos Castro, artífices de este dominio y beneficiarios mayores del petróleo venezolano, controlan a través de sus “asesores” puertos, notarías y registros, cedulación, parte de la seguridad militar y muchos otros arbotantes de la estructura íntima del Estado venezolano. A diferencia de Francia en la Segunda Guerra Mundial, ocupada exteriormente por los nazis, pero donde lo interno permanecía en rebeldía, Venezuela ha sido entregada desde dentro, desde el propio aparato estatal, a la inteligencia cubana. La situación reviste visos enormes de gravedad y de impredictibilidad pues, además, el llamado “chavismo” es molécula frágil de intereses militares y civiles, estos últimos agrupados bajo el llamado Partido Socialista Unido, creación del presidente en una de sus alocuciones dominicales y financiado con generosos recursos del Petroestado.

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Acercándonos progresivamente a la fecha del 10E, el régimen ha aglutinado a sus personajes del ala civil y militar en La Habana, para garantizar una transición de mando que le sea conveniente. Los hechos indican que Hugo Chávez, bien por deterioro de salud o por desaparición física, no estaría en capacidad de ejercer este nuevo período para el cual se presentó como candidato. En La Habana se gesta entonces la idea de un nuevo Gobierno que cambie todo, para que todo siga igual.

Queda la ironía histórica de que quizás sea el mayor de los golpes institucionales de los hermanos Castro: dominar una nación a distancia mediante un Gobierno títere, aprovechar recursos y esfuerzos de su población sin que nadie de adentro o de afuera diga nada. La izquierda mundial se comporta ante esto como una cofradía. La prueba contundente es su silencio. Venezuela, aquella antorcha de solidaridad hemisférica que fue, se ha quedado sola.

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