Opinión

Una oportunidad de oro para Alemania

Actualizado el 22 de mayo de 2015 a las 12:00 am

El futuro de Alemania parece alentador y segu-ro, pero las apariencias pueden engañar

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BERLÍN – Parece que nada puede detener a la economía alemana. Se espera que la producción crezca más del 2% este año y que los salarios aumenten un 3%. Se prevé, además, que el superávit en cuenta corriente alcance un impresionante 8,4% del PIB.

A lo largo de la última década, el desempleo se ha reducido a la mitad y ahora está a un nivel sin precedentes históricos. Los exportadores alemanes siguen siendo muy innovadores y competitivos. Además, el Gobierno tiene un superávit presupuestario considerable. Mientras el resto de Europa sigue atrapada en la crisis y la falta de confianza, el futuro de Alemania parece alentador y seguro. Pero las apariencias pueden engañar.

De hecho, los datos macroeconómicos actuales solo reflejan parte de la situación. Desde que se estableció el euro en 1999, el crecimiento de la productividad de Alemania no ha sido superior al de la media de los países europeos, los salarios reales han disminuido para la mitad de la fuerza laboral y el crecimiento anual del PIB ha sido en promedio de apenas 1,2%.

Una razón clave de este desempeño mediocre es la tasa de inversión notoriamente reducida de Alemania, que está entre las más bajas de la OCDE. El resultado es una infraestructura que se está deteriorando y que incluye caminos, puentes y escuelas. Esto, junto con un ambiente regulatorio y empresarial inadecuado ha generado preocupación entre las compañías. Desde 1999, las multinacionales alemanas más grandes han duplicado el número de sus empleados en el extranjero y reducido los empleos en el país.

En su acuerdo de coalición del 2013, la Unión Demócrata Cristiana y los socialdemócratas se fijaron la meta de aumentar la inversión pública y privada en un 3% del PIB, es decir 90.000 millones de euros (100.800 millones de dólares) anualmente para llegar al promedio de la OCDE. Si bien este no es un objetivo particularmente ambicioso –después de todo el superávit en cuenta corriente de Alemania en ese momento era equivalente al 7,8% del PIB– alcanzarlo es vital para la prosperidad sostenida del país.

En agosto pasado, el Gobierno alemán nombró un comité de expertos de 21 miembros (entre los que están los tres autores) provenientes de las empresas, sindicatos y los sectores financiero y académico para determinar el modo de cumplir ese objetivo. El mes pasado, el comité presentó un plan de acción de diez puntos, que, a pesar de algunos desacuerdos en cuanto a impuestos y financiamiento privado de la inversión pública, refleja un consenso excepcionalmente amplio.

Para empezar, el plan establece que se debe limitar el impacto de la presión para consolidar el presupuesto del Gobierno sobre la inversión pública. El plan no cuestiona el freno constitucional de la deuda que prohíbe al gobierno federal tener déficits estructurales superiores al 0,35% del PIB. Sin embargo, sí recomienda un compromiso jurídicamente vinculante de conservar los niveles de inversión al menos al mismo nivel que la tasa de depreciación de los activos del Estado y de utilizar los superávits presupuestales inesperados, ante todo, para aumentar la inversión pública.

Con el fin de apoyar la inversión local, el comité de expertos propone crear un “pacto de inversión nacional” que permita a los municipios aumentar la inversión en por lo menos 15.000 millones de euros en los próximos tres años. Recomienda también que se establezca una institución de consultoría pública que ayude a los municipios a terminar sus proyectos de inversión, en los que hay un retraso de 118.000 millones de euros.

La cuestión más controvertida, en el comité y en Alemania, se relaciona con el financiamiento de infraestructura mediante asociaciones entre los sectores público y privado, solución aparentemente prometedora que, sin embargo, ha resultado no ser en absoluto una panacea. Para obtener un equilibrio efectivo, el plan de acción propone que se establezcan dos fondos de inversión públicos. Uno obtendría fondos de inversionistas institucionales y el otro de individuos. Los proyectos públicos financiados por esos fondos proporcionarían suficientes mejoras en cuestión de eficiencia para atraer financiamiento privado.

En lo que se refiere a la inversión del sector privado solamente, el comité recomienda que se concentre en desarrollar los sectores que serán predominantes en la economía del futuro. Actualmente, Alemania es fuerte en los sectores industriales tradicionales, pero se ha retrasado con respecto a sus competidores de Asia y los Estados Unidos en términos de inversión para la investigación y el desarrollo. Para ponerse al día, el gasto en investigación y desarrollo debe pasar de ser inferior al 3% a por lo menos el 3,5% del PIB.

En ningún sector se hace más evidente la necesidad de resolver los cuellos de botella financieros que en la Energiewende (transición energética) de Alemania. Para que tenga éxito, en las próximas décadas deberán invertirse anualmente 30.000 millones de euros, es decir, el 1% del PIB, en infraestructura para las redes, generación de energía renovable, sistemas combinados de calefacción y energía y tecnologías de almacenamiento. Si bien algunos de estos fondos provendrán de los presupuestos públicos, el sector privado deberá proporcionar la mayor parte.

Además, hacer que la infraestructura digital de Alemania, sobre todo sus redes de banda amplia, estén al nivel de las normas internacionales requerirá una inversión significativa, que un marco regulatorio mejorado podría ayudar a promover. También se necesita una reforma regulatoria para fortalecer el apoyo a las empresas nuevas, una esfera en la que Alemania es notoriamente débil, lo que se refleja en las dificultades que tienen esas empresas para obtener capital de riesgo.

Un aumento sustancial de la inversión privada es necesario no solo para Alemania; es esencial para que Europa se recupere de su crisis actual. Dada la relativa fuerza económica de Alemania, tiene una responsabilidad especial de ayudar a fomentar la inversión en toda Europa, incluso mediante la promoción de reformas del transporte y la energía, el apoyo a los incentivos para la innovación y el respaldo a la modernización digital.

El comité de expertos respalda el plan del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, de canalizar alrededor de 300.000 millones de euros de inversión privada hacia infraestructura, y si el plan resulta exitoso, propone transformarlo en un mecanismo europeo de inversión permanente. Esta medida requeriría de más financiamiento a largo plazo para el Fondo europeo para inversiones estratégicas, que debería recibir las contribuciones directas del Gobierno alemán.

La combinación en Alemania de fuerte crecimiento, bajo desempleo, condiciones financieras favorables y amplios excedentes de presupuesto representa una oportunidad ideal. Con una mayor inversión en infraestructura, sin olvidar su sistema educativo competitivo y condiciones empresariales propicias para las inversiones, la economía alemana se perfila sólida de cara al futuro y podrá ayudar a Europa a acabar con sus dificultades. Ahora tenemos un plan; lo único que necesitamos es la voluntad para ponerlo en práctica.

Marcel Fratzscher es presidente del comité y presidente del centro de expertos DIW Berlin.

Jürgen Fitschen es codirector ejecutivo del Deutsche Bank. Reiner Hoffmann es presidente de la Confederación Alemana de Sindicatos. © Project Syndicate 1995–2015

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