El argumento de querer romper el duopolio del cemento es una justificación dudosa

Por: Luis París 10 noviembre

El presidente, Luis Guillermo Solís, en su discurso del 8 de mayo del 2014, aseguró que haría un gobierno transparente como una “casa de cristal”, comprometido a “rendir cuentas de todos sus actos en forma puntual, precisa y oportuna”.

Como señal de que estaba dispuesto a cumplir con ese compromiso ordenó cortar los arbustos que bloqueaban la vista de la sede de la presidencia en Zapote.

No obstante, las reacciones del presidente y de otros altos funcionarios con relación a las denuncias y a la investigación de supuestas irregularidades alrededor del negocio de importación de cemento chino son claramente inconsecuentes con la transparencia ofrecida y, por el contrario, denotan opacidad en el manejo de los asuntos en la Casa Presidencial.

Con tono imprudente e impropio de su investidura, Solís intentó intimidar a los denunciantes e investigadores al afirmar que ya los tenía identificados y sabía quiénes eran.

Visiblemente molesto, con el afán de desacreditarlas, calificó las denuncias y la investigación como una campaña de desprestigio “para denigrar al presidente y al gobierno”, orquestada, según él, por intereses comerciales, mediáticos y políticos, los que se negó a identificar pese a su afirmación de saber cuáles eran.

Con ligereza defendió su reunión con el empresario involucrado en el escándalo, alegando que la Fiscalía había descartado los temas sobre ese caso y que no le puede cerrar la puerta a ningún costarricense si este es “una persona honesta”, asegurando que lo cuidan para que “no me reúna con sinvergüenzas”.

Burla. De forma grosera y sarcástica, con la intención de descalificarlo, le atribuyó al diputado oficialista Ottón Solís, uno de los miembros más acuciosos de la comisión legislativa que investiga este asunto, un resentimiento profundo, un problema psicológico por no haber ganado la presidencia de la República, aserción que fue celebrada con risas por algunos de sus más cercanos colaboradores.

Por otra parte, resulta extraña la actitud de la Casa Presidencial de querer ocultar la presencia de Mariano Figueres en la reunión que el presidente sostuvo con el importador de cemento, pues, oficialmente, informó que el encuentro fue solo entre ellos, lo que fue refutado posteriormente por el empresario al revelar que en dicha cita estuvo presente el director de la DIS.

También es extraño que pocos minutos antes de la cita se considerara innecesaria la participación del entonces titular del MEIC, Welmer Ramos, quien había sido convocado para acompañar al presidente, y que su lugar fuera ocupado precisamente por Figueres.

Pero es más extraño aún, que mientras el presidente afirmó que el ministro había cancelado a última hora, Ramos aseguró ante los diputados de la comisión investigadora que cuando acudía a la cita se le pidió, en nombre del presidente, atender otra situación.

Tampoco se ha aclarado el papel desempeñado por Sergio Alfaro, ministro de la Presidencia, a quien Paola Mora y Mario Barrenechea, en ese momento presidenta y gerente del BCR, respectivamente, le presentaron el 9 de octubre del 2015, supuestamente con el propósito de que fuera aprobado a ese nivel, un “plan para dinamizar la economía”, que básicamente consistía en el financiamiento de la importación de cemento de China, ya que “un cliente estaba pidiendo un préstamo” con ese fin, y sobre el cual la Casa Presidencial “al menos no se opuso”, según lo manifestado después por los funcionarios bancarios.

Reunión. Recordemos, también, que el exministro de la Presidencia Melvin Jiménez, para minimizar la responsabilidad del gobierno en el asunto, aseguró que su reunión con el cuestionado empresario fue solicitada por diputados socialcristianos, aunque quien reconoció ser el gestor de esa cita fue el diputado Víctor Morales Zapata.

Este influyente diputado, íntimo amigo del presidente, quien realizó varias gestiones para favorecer el negocio del cemento chino y al que algunos han querido echarle toda la culpa, afirmó, alegando que la lealtad tiene límites, que siempre actuó en coordinación y con la anuencia del “gran jefe”.

Además, ha sido evidente la estrategia del gobierno de querer justificar las acciones que favorecieron a la empresa importadora del cemento chino con el dudoso argumento de querer romper el duopolio existente en ese mercado.

Estas confusas y contradictorias actuaciones sobre este sonado caso que ha provocado la indignación del pueblo costarricense distan mucho de la transparencia prometida por el presidente Solís y ensombrecen y tornan opaca la cacareada “casa de cristal”.

El autor es exembajador.

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