Opinión

La olvidada salud preventiva

Actualizado el 18 de febrero de 2014 a las 12:00 am

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La olvidada salud preventiva

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Después de leer en La Nación la inquietud de un costarricense que trató el tema “Salud, la gran ausente” ( Cartas , 26-1-14), siento la obligación como salubrista, de apoyar y aclarar ciertos aspectos de dicho comentario pues, al hablar de este asunto, la mayoría de las personas refieren solo el problema sobre el tratamiento de las enfermedades que se tratan en los servicios de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y olvidan la prevención que fue la piedra fundamental en los comienzos de la salud pública, especialmente por la reconocida concepción de que es más efectivo y económico prevenir que curar.

El concepto de prevención ha sido ratificado por múltiples investigaciones dentro de las cuales cabe mencionar los estudios que efectuó el Dr. Snow, en 1854, cuando demostró en Londres que el medio por el cual se trasmitía el agente etiológico del cólera era el agua. Por ello, se requería un tratamiento preventivo al preciado líquido para evitar el contagio de la enfermedad.

Posteriormente, en 1946 la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió la salud como “el estado de completo bienestar, físico, mental y social”. Esta definición no es reciente ya que corresponde a una reflexión de la cultura griega, mucho tiempo antes de Cristo, donde conceptuaban que la salud del hombre era el reflejo de la salud del ambiente.

Todo el ambiente afecta al ser humano; sin embargo, los tres contactos vitales para el hombre son el agua, los alimentos y el aire. Entre ellos, el recurso hídrico es básico para aprovechar a los otros. Más aún, del agua nació la vida en la tierra y representa cerca del 60% de nuestro cuerpo: las dos terceras partes de nuestro planeta están cubiertas por agua.

Cuidar el agua. Pero el agua para consumo humano o doméstico no es un recurso inagotable. Al contrario, si no la cuidamos llegará a escasear más que el petróleo. Su cuido es tan delicado y amplio que en nuestro país necesitamos de la acción de varios ministerios y de múltiples instituciones públicas y privadas para proteger todo su ciclo ecológico.

En este aspecto, vemos el importante rol que desempeña la comunidad, los habitantes que tienen la obligación de cuidar el agua con especial interés ya que, si no existe agua potable, la salud y el desarrollo de los pueblos se deterioran y paralizan.

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En razón de lo anteriormente señalado, con urgencia necesitamos fortalecer la protección y mejoramiento del ambiente, mediante la definición ordenada de los diferentes campos de trabajo, sin dejar áreas descubiertas y tratando de sacar el mayor provecho posible de esta compleja estructura de actores. Para ello, resulta indispensable que todos los integrantes manejen un solo marco jurídico y directrices únicas.

Transmito estas líneas las con la sana intención de que los próximos Gobiernos las tomen en consideración, por cuanto el país necesita mejorar muchos aspectos como el tratamiento de las enfermedades, el reto de una nueva epidemiología social, forzada por el aumento que tenemos en la esperanza de vida y cuyo impacto se ve y verá en los servicios médicos.

Pero no solo los servicios de la CCSS deben mejorar. También deben hacerlo el Ministerio de Salud, Minaet, AyA, IAFA e Icoder, encargados institucionales de velar, no solo por la prevención de las enfermedades, sino por la protección del hábitat humano, mediante un adecuado saneamiento ambiental que optimice sus condiciones y promueva la salud y el bienestar de todos los ciudadanos.

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