20 marzo, 2015

Para la reconstrucción de Europa, después de la Segunda Guerra Mundial, se necesitó mucho esfuerzo y buenas políticas públicas, para lo cual se creó la OCDE, una organización con expertos del más alto nivel en las distintas áreas de la administración, que acompañarían a ministerios y otras instituciones en la difícil tarea de gobernar con eficacia, integridad, transparencia y rendición de cuentas.

El papel central de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en la prosperidad de la posguerra fue un éxito rotundo e hizo que se le diera carácter permanente y que otros países no europeos se unieran a ella.

Los 34 miembros que en la actualidad la conforman tienen redes de cooperación a diferentes niveles, realizan exámenes de políticas públicas y de sus resultados, identifican las mejores prácticas y promueven y acompañan la ejecución. Confluyen ahí las estadísticas más completas y una grandísima capacidad analítica.

La OCDE es lo más cercano a una universidad para gobiernos. Ser miembro significa someter de manera permanente las instituciones y las políticas públicas de un país a los más rigurosos estándares. Significa renunciar a la improvisación.

Membresía. Con gran visión, en el 2010, la presidenta Laura Chinchilla encomendó a la ministra Anabel González la coordinación de los esfuerzos para enfilar a Costa Rica hacia la adhesión a la OCDE, proceso que duraría más de una administración y requeriría, por tanto, del apoyo de la siguiente y de los diferentes sectores de la sociedad.

Tuve el privilegio de poner en marcha el plan estratégico que nos permitió aspirar a esa membrecía. En mayo del 2012, con un buen trecho recorrido, la mandataria Chinchilla presentó la solicitud de adhesión de nuestro país al secretario general Ángel Gurría. Colombia había iniciado los trabajos en la OCDE desde el 2008 y tenía el padrinazgo de Estados Unidos.

La Unión Europea, por su parte, había anunciado su aspiración de que todos sus miembros entraran a la organización, con Letonia, Lituania, Croacia, Rumanía y Bulgaria a la cabeza de la lista de candidatos.

Costa Rica, con sus propios atestados, logró colocarse en la fórmula geopolítica acordada en el 2013 y que permitiría que cuatro países entraran progresivamente: Colombia y Letonia iniciarían negociaciones en el 2013 y Costa Rica y Lituania en el 2015. Entretanto, trabajarían de cerca con la organización, según un Plan de Acción de dos años. La OCDE había quedado a un tiro de piedra.

Plan de acción. En setiembre del 2013, comenzaron a ejecutar el Plan de Acción 27 instituciones públicas, incluyendo estudios sobre políticas públicas en áreas como comercio, inversión, innovación, educación vocacional, medioambiente, transparencia fiscal, gobernanza pública, sistemas estadísticos y competencia, así como la suscripción de instrumentos sobre inversión y empresas multinacionales, empleo joven, crecimiento verde, libertad de Internet, gobierno digital, igualdad de género en la educación, el empleo y la empresa.

En mayo del 2014, la ministra González rindió en la OCDE un informe de avance del primer año del plan de acción, acompañada de su sucesor, el ministro Alexánder Mora, quien a su vez confirmó el compromiso de la administración Solís de cumplir la segunda parte del plan y la alta prioridad que le dará a las negociaciones de adhesión a partir del 2015.

El compromiso del presidente Solís y del ministro Mora, de construir sobre el legado de la anterior administración para que Costa Rica se convierta en miembro de la OCDE, es una decisión madura y sensata.

En similares circunstancias, la presidenta Michelle Bachelet declaró con respecto a Chile que “la plena adhesión a la OCDE tendrá ventajas sin equivalente, no solo por el posicionamiento de su país en el mundo, sino, además, en casa, para los ciudadanos”.

“Se habla a veces de la OCDE como un club de países ricos. Tendría que decirse, más bien, que es el club de los países que alientan y favorecen las prácticas de gobierno ejemplares”, agrego Bachelet.

El autor es exembajador ante la OCDE y la OMC.