Opinión

El ocaso del Tea Party

Actualizado el 14 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

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El ocaso del Tea Party

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El derrotado candidato Mitt Romney considera que el huracán Sandy le perjudicó su carrera a la Casa Blanca, porque le dio una oportunidad clásica a Obama para demonstrar su liderazgo.

En Misuri, el senador Todd Adkin, con una Maestría en Divinidad, perdió su silla en el Senado, al exponer la extraña noción –más dentro del orbe de Evo Morales, quien está seguro de que “comer pollo es peligroso porque conduce a la homosexualidad”– de que una “violación legítima” rara vez produce un embarazo, porque “el cuerpo de la mujer tiene un mecanismo interno que frena el posible embarazo”.

Adkin, aunque tenía el camino abierto para ganar fácilmente la elección, perdió estrepitosamente, pese a que Romney y su partido republicano ganaron este estado. Esa notable contradicción fue la respuesta del voto femenino, que lo envió al baúl de los recuerdos.

En Indiana, el senador Richard Mourdock, un candidato impulsado por el Tea Party, el ala ultraconservadora de los republicanos, dejó estupefacta a más de una mujer, cuando indicó que los embarazos surgidos por una violación son “algo que Dios quiere que ocurra”. Estas confusas y equivocadas ideas son comunes en la ideología extremista del Tea Party.

Así fue cómo las mujeres norteamericanas y los latinos, quienes temían una oleada represiva de expulsiones de los Estados Unidos hacia sus países, dieron un fuerte respaldo al presidente Obama. Por un lado, el extremismo religioso-político del Tea Party impulsaba nuevos politicuchos ultraconservadores, mientras que, por el otro, el pueblo americano rechazaba todos esos extremos. ¡Inclusive en la muy pastoral Wisconsin, los votantes eligieron a una senadora confesa abiertamente lesbiana!

Para mí, lo más notable de estas elecciones ha sido la derrota absoluta del Súper Pac. El Súper Pac es un club de contribuyentes billonarios americanos como Sheldon Adelson, quien invirtió $70 millones en ocho candidatos para que cada uno de ellos perdiera en la contienda. Es el inversionista mayor en la historia de las elecciones.

David Koch financió en parte el ascenso del Tea Party y en estas elecciones recaudó más de $400 millones para apoyar a candidatos de la ultraderecha al Capitolio. El premio más grande al que aspiraban estos megadonadores, era el acceso a la Casa Blanca, pero los votos de un pueblo solidario destrozaron esa aspiración.

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¿Es posible comprar una elección con donaciones masivas? Bueno, la candidata republicana de Romney en Connecticut, Linda McMahon, gastó $100 millones de su propio capital, luchando para alcanzar el Senado, y fue derrotada.

Kenneth Langone, fundador de Home Depot y fuerte colaborador de Romney, solo pudo decir: “El pueblo americano ha hablado”.

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