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La obra del doctor Ortiz Guier más allá de los premios

Actualizado el 09 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

Su actividad médica no se limitaba a lo que tradicionalmente se considera salud

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La obra del doctor Juan Guillermo Ortiz Guier con el Hospital sin Paredes ha sido reconocida, tanto nacional como internacionalmente, por su brillante, innovadora y rápida incidencia sanitaria, así como por el impacto social en los pobladores de los cantones de San Ramón, Palmares, Naranjo y Alfaro Ruiz.

Esta hazaña inédita en el continente americano salvó miles de vidas y entronizó la salud y el bienestar en toda el área de cobertura del hospital.

Ortiz Guier recibió el premio al Salubrista Destacado, otorgado por el Ministerio de Salud, y ahora es declarado benemérito de la patria por la Asamblea Legislativa.

A estos reconocimientos se suman varios internacionales, como el Premio Mundial de Salud en Atención Primaria, otorgado por la Organización Mundial de la Salud en 1999.

No obstante, debo decir que la obra del Dr. Ortiz ha impactado tanto por los resultados que obtuvo a mediano plazo sobre la salud regional, que ha concentrado la atención en la parte técnica del trabajo del doctor y su equipo, pero, al mismo tiempo, ha desviado la atención a la naturaleza del método utilizado, su innovación, profundidad y alcances, dejando de lado el paradigma que guió el quehacer del doctor.

Este tuvo una formación profesional muy sólida en México, y se especializó posteriormente en la Universidad de Columbia, en Nueva York, y en el American Hospital de Chicago, en cirugía y administración de hospitales.

Con esta formación, pudo permanecer detrás de su bata blanca y dedicarse a ejercer la medicina curativa bien remunerada y atender pacientes. Pero él intuía que no era el camino para alcanzar la salud, pues muchas personas llegaban sin esperanza a morir al hospital.

Su sensibilidad y vocación, le llevaron a buscar soluciones en la ruralidad de entonces, donde él no veía pacientes pasivos, sino personas y comunidades preocupadas por su salud, que no sabían cómo actuar ni cómo participar.

Trató a las comunidades campesinas, de bajo nivel educativo como personas, y les explicaba los orígenes de sus males y cómo podrían resolver con organización, tanto para elaborar un buen diagnóstico que le permitiera al personal de hospital actuar certera y oportunamente como para montar acueductos y letrinas que eliminaran focos de contaminación.

Metamorfosis. La organización, o vitamina “O”, fue el puntal del método que le permitió descentralizar y enriquecer la actividad sanitaria.

Ciento sesenta comités de salud extrajeron la información básica del estado de las comunidades, casa por casa, mediante sus “enfermeritas”, potenciando el conocimiento del equipo médico, aportándoles a los galenos y a los comités de salud un conocimiento y una visión de la que carecían anteriormente.

Se perfeccionó así el quehacer médico del hospital, al mismo tiempo que se incorporaban masivamente en la cruzada por la salud las comunidades organizadas alrededor de los comités de salud.

El hospital había sufrido una profunda metamorfosis: de un equipo de médicos que atendía dentro de sus cuatro paredes enfermos graves a una empresa de la salud que incorporaba las comunidades donde operaban los 160 comités, con información fresca y atención preventiva y focalizada.

Su actividad no se limitaba solo a lo que tradicionalmente se considera salud, pues abarcaba la infraestructura y las condiciones de tenencia de la tierra, empleo e ingreso de lo cual depende el bienestar.

Se generó una visión integral de la vida social, articulada alrededor de la salud y el bienestar de las personas.

En otras palabras, gestó una nueva institucionalidad, que tiene mucho que decirnos como faro de inspiración hoy cuando nuestro Estado se encuentra al borde del colapso.

La creación de esta institucionalidad y sus alcances ha permanecido ensombrecida por los procedimientos técnicos de recolección y ordenamiento de la información que llevan a cabo los Ebáis, que no pasan de ser unidades de desconcentración de la salud, donde ha desaparecido en términos reales la participación y aporte de la comunidad.

El benemeritazgo otorgado, con justa razón al doctor Ortiz Guier por la Asamblea Legislativa, abarca a todo su abnegado y comprometido equipo de trabajo, a los 160 comités de salud, especialmente a su abnegada esposa doña Virginia.

Ella, además de darle el soporte cotidiano directo, creó el Comité de Damas Cooperadoras del Hospital a fin de ayudar a los esfuerzos colectivos, sin los cuales estos logros no hubieran sido posibles. No obstante, no podemos darnos por satisfechos con este reconocimiento, debemos difundir la esencia del método que parte de una visión paradigmática diferente: en vez de pacientes o beneficiarios, visualiza personas y grupos organizados.

En vez de asistir desde la institución, capacita a las comunidades para conocer su problema y las incorpora a la solución.

En vez de limitar al equipo médico a aplicar el conocimiento curativo, investiga con la participación activa de la comunidad los problemas concretos de la salud y diseñan de manera conjunta una estrategia de acción.

El método desarrolla las capacidades de organización en las comunidades y las transforma, junto con el equipo médico, en un nuevo sistema altamente eficiente y de bajo costo.

Miguel Sobrado es politólogo.

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