Bien vale la pena para el gobierno repensar y replantear las metas de los objetivos nacionales

 19 junio, 2015

En un artículo anterior afirmé que las metas de los objetivos nacionales del Plan Nacional de Desarrollo (PND) no se cumplieron al 1.° de mayo y presenté brevemente las razones.

La principal es que los objetivos nacionales, especialmente las metas, las fuentes y los indicadores, están incorrectamente seleccionados. No sirven para rendir cuentas.

Hoy amplío sobre el tercer objetivo nacional del Plan Nacional de Desarrollo, que es luchar contra la corrupción y fortalecer un Estado transparente, eficiente y efectivo, cuantificado anualmente con las metas de menor percepción de la corrupción y un Estado fortalecido, transparente, eficiente y efectivo.

Los indicadores y las fuentes seleccionados por el PND (p. 67, cuadro 2) fueron: el índice de efectividad del Gobierno (2013: 0,47; 0,65 para el 2015; 0,77 para el 2016; 0,84 para el 2017; y 0,96 para el 2018) según el índice de efectividad del Banco Mundial. También el índice de percepción de la corrupción según Transparencia Internacional: 2013: 53; 66,5 para el 2015-2018; 62 para el 2015; 63,6 para el 2016; 65,1 para el 2017; 66,5 para el 2018). Valor mayor o igual a 80.

Hasta hace pocos años, se creía que era casi imposible medir la corrupción, la gobernabilidad o la efectividad. Hoy contamos con nuevos enfoques que crean indicadores basados en encuestas de expertos, empresas y usuarios de servicios públicos para hacerlo.

Los indicadores. En efecto, las escogidas en el PND gozan de gran aceptación: las de Kaufmann, desde un instituto (WGI) que es un proyecto de, pero no es oficial del Banco Mundial; lo mismo que el índice construido por la red de organizaciones (la central que es alemana y los capítulos nacionales en casi todo el mundo) conocidas como Transparencia Internacional.

El detalle adverso a esta selección de indicadores del PND es el rezago que se produce entre el año de su publicación y el año de las observaciones que las sustentan.

Así, los indicadores de efectividad se refieren a observaciones de uno o dos años anteriores. Por esta razón, con ellos no es posible valorar el desempeño del año inmediato anterior, menos del propio año. Además, son de percepción.

De esta forma, lo que serían medidas que mejoran la efectividad pueden ser percibidas, momentáneamente, de distinta manera por los que dan su opinión.

Efectividad. Así, la rendición de cuentas no se referirá al desempeño del año inmediato anterior. En el PND, además se plantean metas extraordinariamente altas, pues al final del periodo tendría que superar en efectividad del gobierno el promedio actual de los países de la OCDE.

Menudo problema en el que se mete un gobierno que selecciona este indicador de resultado, además, exagera su meta y no destaca los indicadores de esfuerzo (o de proceso), que se relacionan con sus acciones, que sí son de su responsabilidad.

Esto se agrava cuando el gobierno no se percata de que ya es gobierno y no oposición que denuncia, pues reafirma con sus denuncias el carácter de ineficiente del gobierno.

Corrupción. En cuanto a la transparencia, puede también haber rezago de años. Además, es importante que, por tratarse de percepciones, por ejemplo, la sanción a corruptos en medio de escándalos puede producir un efecto contrario; esto es que se incremente la percepción de que la corrupción creció.

De nuevo el PND se propone metas ambiciosas en este indicador para los próximos cuatro años, alcanzar y superar a Canadá y a la mayor parte de los países de la OCDE.

El comentario de la organización nacional asociada con Transparencia Internacional, Costa Rica Íntegra (CRI), al comentar el PND, luego de calificar como enorme el desafío propuesto, fue: “Aun cuando un país logre una mejora significativa en sus condiciones, ello se verá reflejado en el índice con dos años de atraso. Como todo índice internacional, su utilidad radica en que permite la comparación internacional y la evaluación a largo plazo”. Refiriéndose al actual gobierno, planteó: “El acierto de asumir la probidad y lucha contra la corrupción como ejes del desarrollo sería desperdiciado si no se acompaña con intervenciones concretas y efectivas”.

El gobierno, también en este campo, denunció mucho, pero podría habernos dicho cuántos procesos administrativos inició contra los corruptos y qué sanciones les impuso, si los hubo. También, cómo fortaleció los mecanismos anticorrupción y mejoró la asignación de recursos en dichos órganos.

Bien vale la pena para el gobierno repensar y replantear las metas de los objetivos nacionales del PND para medir su avance y que la ciudadanía pueda llegar a conclusiones fundamentadas. A como están ahora, esos objetivos son fuente de confusión y alimento de la crítica.

Miguel Gutiérrez Saxe es economista.