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Los números que marcan el éxito de la CCSS

Actualizado el 03 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

Que cierren las cuentas no significa que los problemas están resueltos

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Los números que marcan el éxito de la CCSS

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He visto con sorpresa cómo algunos medios de difusión y otros defensores del actual Gobierno celebran la noticia de que la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) alcanzó números negros en materia financiera. Y, aunque ciertamente es importante garantizar la sostenibilidad financiera de la institución, el pasar de números rojos a negros no garantiza que las finanzas son saludables ni que se estén logrando los propósitos de la CCSS.

Cuando vemos que, con bombos y platillos, anuncian –como un logro– el equilibrio presupuestario en una institución que debe garantizar servicios de calidad bajo los principios de universidad, equidad y solidaridad, pero que enfrenta serios déficits de gestión, observamos el escenario más deprimente: el éxito se mide en términos contables y no de personas atendidas o vidas salvadas. Nos enfrentamos a la manipulación mediática por parte de las autoridades de la CCSS y del Gobierno.

Maquillar es la estrategia para ocultar la realidad. ¿Se puede hablar de éxito, cuando se logra recortar el presupuesto para dar signos de salud financiera, pero no se corrigen problemas recurrentes y estructurales a nivel administrativo y médico, los cuales repercuten en las posibilidades de acceso oportuno y de calidad para los asegurados?

Hoy tenemos 633.290 asegurados en listas de espera, los cuales se encuentran en situación de vulnerabilidad, porque está en juego su salud o su vida. ¿Cómo vamos a creer que la CCSS ya salió de su crisis? ¿Podemos celebrar el “éxito” de la labor de su presidenta ejecutiva? ¿Vamos a dejar de exigir cuentas?

La enfermedad se convirtió en un negocio. Las cifras son alarmantes y no surgieron de la noche a la mañana, pero sí se agravaron durante las administraciones Arias Sánchez y Chinchilla Miranda. Basta echar una mirada hacia atrás para darse cuenta de que, desde el 2003, ya la Defensoría de los Habitantes advertía el problema; y, al día de hoy, las listas solo crecen.

En el 2006 teníamos un total de 199.384 pacientes haciendo fila, pero a marzo del 2011 la Contraloría General de la República reportaba la existencia de 411.000 personas. Estas variaciones son sorprendentes, desoladoras e intolerables.

Por un lado, se habla de un mal registro de pacientes en espera y, por otro, de personas sufriendo incertidumbre, dolor, enfermedad. Mientras tanto, el Gobierno y la CCSS celebran salud financiera.

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La dinámica política que ha amarrado de manos a la CCSS para debilitarla generó frutos. Es comprobable. Incrementar el monstruo burocrático y recortar los gastos de los hospitales no impactó positivamente su gestión administra-tiva o médica; por el contrario, ha repercutido en la expulsión de los pacientes hacia lo privado (que ha crecido en un 272,1% desde 1991).

Todos sabemos que, cuando un familiar enfrenta un problema de salud, estamos dispuestos a pagar para tratar de aliviar o curar la enfermedad, pero ¿qué hace quien no tiene recursos, quien no tiene acceso al crédito, quien no tiene qué vender? ¿Qué hace quien no puede costear la medicina privada? ¿Espera que se deteriore su vida o, incluso, le llegue la muerte?

¿Las personas o los cierres contables? Todos queremos una CCSS financieramente sólida, pero también necesitamos una institución que cure, que trate, que alivie, que prevenga la enfermedad. Queremos una CCSS que ponga a las personas en el centro de su gestión y que deje de actuar en función de los amiguismos o de los intereses económicos de algunos sectores. No nos prestemos a engaño: que cierren las cuentas no significa que los problemas están resueltos. ¿Acaso ese equilibrio financiero refleja las angustias que tienen que enfrentar algunas familias al tener que ir a un recurso de amparo para obtener una cirugía oportuna o un medicamento? ¿Refleja la cantidad de personas que van a consulta privada para que los remitan a la CCSS? ¿Refleja las muertes que han llegado a la espera de diagnóstico o tratamiento?

Aquí no hablamos de números, ni balances contables. Hablamos de una crisis real, que afecta a las personas, su salud y su vida.

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