23 julio, 2015

Fue el tránsito del viernes de salida a vacaciones la gota que rebasó el vaso, al menos el mío. El inexorable paso de las horas ante los ojos de quienes abordamos el autobús de la ruta San José-Alajuela fueron tiempo suficiente para reflexionar acerca de esta emergencia nacional.

No existe una solución simple: ni el tren, ni el cambio de rutas, ni ninguna otra medida aislada es viable o tendrá efecto. Estamos obligados a medir, analizar y diseñar mediante el método científico.

Partimos de los cálculos del MOPT para la GAM de ingreso diario, de 100.000 vehículos y un máximo de 20.000 autobuses.

De inmediato. Desgravar la compra de buses articulados, eficientes en combustible, sean híbridos o sean eléctricos, para las rutas interprovinciales o de largas distancias. Exigir que los buses acaten medidas de seguridad para conductores y pasajeros.

Diagnosticar el estado de las unidades actuales y crear incentivos para que las empresas concesionarias adquieran nuevas, bajo estándares que garanticen una experiencia humana. Colocar policías en puntos estratégicos de la rejilla de San José cada tres cuadras para mantener la seguridad de las personas y oficiales de tránsito implacables en intersecciones donde los vehículos bloquean calles al quedarse a medio camino.

Diseñar una campaña que muestre el efecto colectivo de conducir respetuosamente. Objetivo: reducir el ingreso de vehículos particulares y mostrar que sí es posible contener el caos actual.

Corto plazo (1 a 3 años). Crear aplicaciones gratuitas que permitan a las personas armar rutas a partir del transporte público, hacia cualquier lugar, con datos abiertos del Estado. Normar que los autobuses cuenten con GPS para reducir la incertidumbre de pasajeros a lo largo de las rutas.

Poner en práctica mecanismos de pago digitales para transporte público. Mover las terminales interprovinciales fuera del centro e incrementar la cantidad de unidades en las rutas internas de San José.

Financiar el diseño de semáforos autónomos y sistemas de medición de transporte pensados en Costa Rica.

Modernizar el tren con nuevos y más vagones, integrado a las aplicaciones, y diseñar rutas nuevas. Digitalizar los servicios públicos. Multar con más de mil dólares y trabajo comunitario a quien dañe infraestructura pública.

Redefinir el estándar nacional de carreteras y modelar las fuentes de inversión pública internas sin argumentos políticos de por medio para priorizar.

Objetivo: más usuarios del transporte público y condiciones viables para intervenciones más vigorosas sin paralizar el país.

Mediano plazo (3 a 7 años). Financiar investigaciones que permitan entender el movimiento de personas. Crear incentivos fiscales y financieros para establecer zonas con empresas de origen nacional, especialmente pymes, para evitar la movilización.

Financiar la creación de empresas que construyan los semáforos ya diseñados, y, con ello, crear empleos técnicos.

Exigir fibra óptica a lo largo de nuevas obras públicas para colocar más y mejores sensores de creación tica. Extender la red ferroviaria dictada por el proceso de diseño integrado anterior. Iniciar un programa nacional de diseño de ciudades y pueblos con visión humana y descentralizada.

Objetivo: cambiar las condiciones de transporte de manera radical.

Largo plazo (más de 7 años). Ejecutar el plan que transforme pueblos y ciudades. Objetivo: eliminar la necesidad de transporte desde su origen, que es la búsqueda de mejores oportunidades.

¿De dónde provienen estas ideas? De muchos lugares: teoría de restricciones, teoría de redes, autómatas celulares, agentes inteligentes, investigación de operaciones, dinámica de fluidos y, sobre todo, de cómo funciona la Internet.

Resolver los problemas nacionales de transporte tiene como efecto secundario la reducción de nuestra dependencia en combustibles fósiles.

Ningún país avanza cuando su población ve la vida pasar a través de un parabrisas detenido.

Santiago Núñez es director de Investigación y Desarrollo Tecnológico en el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones.