2 marzo, 2014

WASHINGTON, DC – De un día para otro, se ha producido en Ucrania un gran avance democrático. La sangrienta represión alentada por el expresidente Víktor Yanukóvich llevó a muchos de sus parlamentarios a pasarse a la oposición, con lo que se formó una gran mayoría. El nuevo gobierno que surja ahora deberá consolidar su autoridad actuando con rapidez y decisión (también, necesitará mucho apoyo internacional) para sanear una economía en crisis.

Tres grandes problemas económicos aquejan a Ucrania. En primer lugar, su balanza de pagos es insostenible. El año pasado el déficit de cuenta corriente fue del 8,3% del PIB según estimaciones; las reservas de divisas se están agotando y ya solo cubren poco más de dos meses de importaciones. En segundo lugar, también es insostenible el estado de las finanzas públicas: el déficit fiscal roza el 8% del PIB y los intereses de la deuda pública se dispararon. En tercer lugar, entre mediados del 2012 y 2013, Ucrania tuvo cinco trimestres de recesión.

Estos problemas son un reflejo de la política económica de Yanukóvich, cuyo único objetivo era permitirles acumular riquezas a él, a sus familiares y a algunos pocos secuaces. Durante los últimos cuatro años, los gobernantes ucranianos se dieron a un grado de malversación de fondos públicos nunca antes visto: se estima que la familia de Yanukóvich acumuló un patrimonio de $12 mil millones; y el nuevo gobierno también necesitará ayuda internacional para recuperar, al menos, una parte del botín.

La salida de Yanukóvich permitirá liberar a las empresas ucranianas de la extorsión oficial, con lo que la economía tendrá una oportunidad de recuperarse. De hecho, durante el último trimestre del 2013, cuando las protestas impidieron al expresidente continuar con sus políticas favoritistas, el PIB de Ucrania creció un 3,3%. Pero todavía se necesita más, y se necesita con urgencia, porque Ucrania se está quedando sin dinero.

Lo primero que debe hacer la nueva mayoría parlamentaria es designar gobierno para permitir el lanzamiento de un programa económico renovado. También, se necesita un nuevo director para el Banco Central, cuya primera medida debe ser adoptar un régimen de flotación cambiaria. Esto producirá una importante devaluación (del 10%, tal vez) que pondrá fin a la corrida contra la grivna, eliminará el déficit de cuenta corriente y permitirá una reducción de las altísimas tasas de interés ucranianas, lo que alentará la inversión.

En cuanto haya una nueva administración, el Fondo Monetario Internacional deberá enviar una misión para acordar, en un plazo de dos semanas, un programa de estabilización financiera. Puesto que el FMI actúa con rapidez, podría hacer un primer gran desembolso a finales de marzo.

El FMI puede prestar a Ucrania entre $10 y $12 mil millones para un programa de estabilización de un año de duración, más un aporte de la Unión Europea de entre $3 y $5 mil millones para cofinanciar un programa standby del FMI, extraídos del mecanismo europeo de ayuda financiera para países con problemas de balanza de pagos. Esto cubriría gran parte de los $35 mil millones de financiación externa que, según el ministro de Hacienda de Ucrania en funciones, Yuriy Kolobov, puede necesitar Ucrania durante los próximos dos años. Además, los préstamos del FMI son a una tasa menor y con mayor plazo que la financiación rusa de la que dependía el gobierno de Yanukóvich (y que probablemente se cortará).

Las reglas del FMI pueden ayudar a Ucrania a revertir las políticas corruptas de Yanukóvich. Primero y principal, Ucrania necesita una reducción drástica del déficit fiscal, para lo cual, dado el elevado nivel de recaudación impositiva, deberá apelar a recortes y congelamientos del gasto. Es preciso eliminar de inmediato cuantiosos subsidios a la industria (por ejemplo, a la del carbón) que no son más que dádivas de Yanukóvich a sus partidarios. Asimismo, hay que liberalizar el precio del gas, para poner fin a la corrupción del enriquecimiento mediante arbitraje regulatorio. La ayuda debe ser para los consumidores necesitados, no para los productores pudientes.

El FMI debe insistir en que se reanuden los concursos para la adquisición de bienes y servicios para la administración pública que, desde el 2010, fueron sustituidos por la distribución arbitraria de contratos entre amigos y acólitos por parte de Yanukóvich, al doble del precio de mercado. Naturalmente, también debe cesar la venta de empresas públicas a partidarios (generalmente a precios irrisorios).

Otra fuente de corrupción es el reintegro del impuesto al valor agregado para exportadores a cambio del pago de comisiones a altos funcionarios impositivos. Terminar con esto también estimulará las exportaciones.

Además, Ucrania debe reintroducir el sistema impositivo simplificado para pequeñas empresas, cuya abolición por Yanukóvich supuso el cierre de dos millones de empresas, muchas de las cuales podrían renacer cuando los procedimientos impositivos no sean prohibitivos.

También, es necesario que Ucrania colabore con la Unión Europea. El nuevo gobierno solo necesita una semana para satisfacer las condiciones de la UE, para la firma del acuerdo de asociación ya concertado (que debería agendarse para la cumbre bilateral de marzo). El Parlamento ya fijó fecha para las elecciones, y la ex primera ministra Yuliya Tymoshenko fue liberada. La única condición que falta (la reforma legislativa del Ministerio Público) no requiere de mucho tiempo.

El acuerdo de asociación entre la Unión Europea y Ucrania beneficiará enormemente al país y supone un amplio programa de reformas del aparato estatal ucraniano (incluidas sus instituciones policiales). Más de 60 organismos públicos de diversos países de la Unión Europea ya firmaron acuerdos con sus homólogos ucranianos para colaborar en las reformas pertinentes.

El acuerdo, también, incluye un área de libre comercio, que abrirá el vasto mercado europeo a las exportaciones ucranianas y llevará más inversión extranjera directa a Ucrania, lo que servirá para proteger al país de posibles sanciones comerciales rusas.

En esto, también, será importante la diplomacia. Estados Unidos y la Unión Europea deben persuadir al presidente ruso, Vladímir Putin, de no cumplir con su amenaza de sanciones y, en cambio, lograr acuerdos con el nuevo gobierno ucraniano. En vez del aumento de la tensión bilateral, lo mejor para ambos países es la coexistencia pacífica.

Anders Åslund es investigador superior en el Instituto Peterson de Economía Internacional y fue asesor económico del Gobierno de Ucrania. © Project Syndicate.