Opinión

Una nueva perspectiva para nuestros parques suburbanos

Actualizado el 08 de agosto de 2013 a las 12:00 am

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Una nueva perspectiva para nuestros parques suburbanos

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No soy urbanista ni paisajista. Solo soy un arquitecto amante de la naturaleza, como muchas otras personas, y quiero llamar la atención sobre la vulnerabilidad de los parques, sobre todo en las zonas residenciales, donde ni las autoridades, ni los vecinos, parecen querer ponerles ganas, ni parecen haber descubierto su grandísima importancia.

En los alrededores del Boulevard de Rohrmoser, la calle principal de Pavas, o bien alrededor de la Embajada Americana, tenemos la gran fortuna de contar con numerosos parques (considerando la alta densidad de urbanización y construcción) pero, lamentablemente, es en esta zona donde se me ha hecho palpable la realidad del desinterés por las áreas verdes suburbanas.

Solicitud de mejoras. Hace años vengo solicitando a la Municipalidad de San José (MSJ) mejoras en la planificación del mantenimiento de parques, específica-mente para que antes de las vacaciones escolares multipliquen esfuerzos, recursos y cuadrillas para al menos hacer la chapia. Iniciado el invierno, los parques son literalmente charrales.

Es frustrante la débil respuesta de la sección de Parques de la MSJ. Este 2013 es un año más de desatención y los niños no contaron con un espacio accesible, seguro, apto para el juego y el deporte.

Pero resulta que el parque ubicado frente a la residencia del exalcalde de San José sí fue chapeado con al menos una semana de anticipación a las vacaciones escolares. Siempre lo mantienen impecable y me pregunto: ¿No es esto indicativo de algo?

Pido mayor equidad en el cumplimiento de las obligaciones y funciones municipales en beneficio de los derechos y de la calidad de vida de la mayoría de ciudadanos y de los seres vivientes con quienes convivimos.

Mi inquietud me lleva a proponer “sembrar la semilla” del involucramiento de los vecinos. Los costarricenses somos muy dados a criticar, y eso es fácil desde la butaca de un mal disfrazado “civismo”, pero debemos entender que no nos llevará a ninguna parte, en tanto no comencemos a luchar por nuestros ideales y derechos. A menudo los vecinos se quejan (usualmente con las personas menos indicadas) porque por los parques pasan personas indeseables, dejando huellas de destrucción, obscenidad e insalubridad, entre muchos otros males que, por supuesto, deben reclamarse, pero ante las autoridades correspondientes.

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Involucramiento de la población. Es necesario crear espacios y actividades para el involucramiento de la población, pero de una manera inteligente y eficaz. Un ejemplo sencillo: si un grupo de vecinos se une en un pequeño proyecto paisajístico, digamos la siembra de plantas en un sector de un parque, ese pedacito de parque se convierte inmediatamente en punto de interés para los participantes y de atracción para los visitantes. Es decir, se despierta el deseo de defender lo trabajado, puesto que hay satisfacción en la colaboración y construcción del bien común. Simultáneamente, se despierta en el visitante el placer de descubrir la belleza que antes no había.

Otro sinnúmero de ejemplos podrían sugerirse: invitar a artistas nacionales para exponer temporalmente o integrar permanentemente la creatividad de sus obras para que haya equilibrio en la composición versus la monotonía o abusos actuales, que terminan dando la impresión de abandono para muchos (el tema de los grafitis lo dejo sin analizar porque agrega aún más complejidad, aclarando, por supuesto, que no menosprecio las obras de algunos de estos artistas).

También es posible promover trabajos comunales de universidades, colegios, escuelas, o aún recurrir al Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos; levantar exposiciones temporales de mariposas, insectos, reptiles. En fin, las ideas sobran. Lo que queda en veremos es la voluntad individual, familiar, comunitaria, institucional y de las empresas privadas que practican la conciencia social. Estas son algunas herramientas o mecanismos que nos permitirían dar a cada parque suburbano una identidad propia, un espacio con mayor carácter costarricense, sumando así plenitud e intensidad de vida.

Parques con basura. Hace unos años sorprendí, un domingo, a un señor mayor, vecino cercano de mi casa, tirando los desechos de su propio jardín en el área del parque y me atreví a decirle que no lo hiciera (como el personaje del duende de Jericó), explicándole que los parques no son tiraderos de basura. Me respondió con gran altanería que él paga impuestos para que la Municipalidad se encargue de la recolección de los desechos. Ante tal despliegue de ignorancia, decidí permanecer callado.

Hoy en día me atrevería a mantenerme firme y explicarle que cometió un delito y, si lo desea, puedo llamar a la Policía para que ellos se lo aclaren y le hagan la multa correspondiente de cien mil colones. Por supuesto, agregaría, de manera muy respetuosa, que yo también pago mis impuestos y por eso lucho por mis derechos y trabajo por el bien común.

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