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La nueva Revolución Francesa

Actualizado el 05 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Por la defensa de los niños y contra el secuestro de la democracia

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Como respuesta al proyecto de ley impulsado por Hollande “Mariage pour Tous” –matrimonio para todos– que busca igualar al matrimonio gay con el matrimonio natural, se activó una movilización social como hacía tiempos no se veía en Francia. Repiten frases como: “todo niño merece un padre y una madre”, “todos nacidos de un hombre y una mujer”, “queremos trabajo, no matrimonio homosexual” o “Hollande, cásate y danos trabajo”.

Un gran número de franceses tomaron conciencia del problema al conocer que el “matrimonio gay” impulsado por el proyecto de ley no consistía en abrir el matrimonio a un nuevo grupo de personas, sino cambiar la definición del matrimonio y establecer que todos los conyuges se conviertan ambos en el neutro “parent 1” y “parent 2”, borrando cualquier vestigio de “padre” y “madre”. Les causó sorpresa también observar la sobrerreacción furibunda de algunos colectivos gay que reclamaron a la Iglesia católica el haber convocado en agosto del año pasado una jornada de oración por la familia y los niños.

Ataque contra la Iglesia católica. A inicios de setiembre del año pasado, un personaje de la farándula francesa, conocida como Frigide Barjot –lease bien, no es Brigitte Bardot; su nombre se puede traducir como “Loca Frígida”- lanzó un movimiento contra el proyecto de ley. Lo puso en marcha junto con un amigo gay, fundador de un colectivo llamado “plus gay sans mariage”, frase que admite la traducción “más feliz sin matrimonio”; y una amiga socialista favorable a las teorias de género, pero no tanto como para deshacer al “hombre” y la “mujer”.

El Gobierno contraatacó a la Iglesia católica aunque la reacción venía liderada principalmente por otros. El Gobierno ha calificado de oscurantistas, homófobos, propagadores del odio y retrógrados a todos aquellos que están en contra del proyecto de ley. Según esto, entre las homófobas estaría Nathalie de Williencourt, fundadora de una de las asociaciones gay más grandes de Francia, que expresó: “Soy francesa, soy lesbiana, la mayoría de los homosexuales no queremos ni el matrimono, ni la adopción de niños'”.

Un grupo de juristas impulsados por el Gobierno, afirmó que no habría problema en que los niños fueran adoptados por matrimonios gais. Los juristas también afirmaron que los alcaldes tendrían que casar a las parejas homosexuales sin tener derecho a la objeción de conciencia.

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No pensaban que poco después un grupo de 15.000 alcaldes se asociaran y se rebelaran, negándose de antemano a casar parejas del mismo sexo y sobre todo a que pudieran adoptar. Se autodenominan “Alcaldes por la infancia”.

Parcialidad del Gobierno. En noviembre hubo una manifestación llamada “Manif pour Tous” para contestar el “Mariage pour Tous”. Esperaban 10.000 personas y llegaron 150.000. El movimiento tuvo una enorme resonancia en la red. Los portavoces explicaron que después del matrimonio gay vendría la adopción de niños, luego la reproducción asistida (Fivet) para esas nuevas formas de matrimonio y la “Gestación para otros”. Frigide Barjot ha dicho en Le Monde: “Me he dado cuenta que hay un vínculo entre la defensa de la bioética y la defensa social del ser humano”.

El 13 de enero pasado hubo otra manifestación, esta vez de un millón de personas. La policia impidió tomar fotos desde la torre Eiffel y el Gobierno tardó dos semanas en recibir a los organizadores. Ante la presión, Hollande dijo que quitaría del proyecto la obligación de los alcaldes de casar a los gay y que podría haber objeción de conciencia. El lobby gay reaccionó furioso y en menos de 24 horas fueron recibidos. Hollande echó para atrás y dijo que todo había sido un malentendido. Se supo en esos días que el gobierno, con poca “egalité”, había reducido el costo del boleto de tren para una anterior marcha gay rebajándolo a 5 euros por persona, pero que para las mismas rutas, cobraron un promedio de 45 euros a los de la marcha de las familias.

Minorías absolutistas. El 24 de marzo del presente año tuvo lugar en París otra marcha gigantesca, con más de 1.300.000 personas. Algunos periódicos dijeron que había sido un fracaso y la policía redujo el cálculo en un 75%. El Gobierno retrasó a propósito el permiso de la manifestación y aún así el pueblo francés se lanzó pacíficamente a la calle. Sectores de la manifestación donde había familias y ancianos fueron atacados por gases lacrimógenos lanzados con poca “fraternité” por la policía. Una exministra tuvo que ser atendida entre las víctimas. Varios colectivos gais lanzaron un hostigamiento no contestado porque los que se manifestaban iban con niños y ancianos.

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El martes 23 de abril habrá sido votado el proyecto de ley. Quedará claro que ha vuelto el “ancient regime”, no como monarquías absolutas sino como minorías absolutistas.

Sin embargo, ante esta falta de “liberté”, está naciendo una nueva Revolución Francesa sin guillotinas, que busca proteger a los niños y de paso tomar, no La Bastilla, sino la democracia que está secuestrada.

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