2 noviembre, 2014

Algunas personas creen que la historia empezó hace seis o siete meses, y que antes de ellas –piensan– reinaba el caos. Olvidan que toda historia es historia contemporánea, que el futuro no puede edificarse sin el ayer, y que, en el pasado, ellas también estaban y buscaban alguna ventaja competitiva. Por eso, conviene traer a colación aquel período álgido y fecundo, ubicado entre los años 1970 y 1986, cuando Costa Rica se sitúo en la antesala del cambio de su modelo de desarrollo e inició su concreción.

Debate político-intelectual. En la década del setenta del siglo XX, el país experimentó uno de los momentos cimeros del debate político-intelectual. En ese tiempo había conciencia histórica de quienes participaban en las deliberaciones, y de los adolescentes y jóvenes que les escuchábamos. Se sabía –estaba interiorizado en el pensamiento y en la acción– que las discusiones no eran ajenas al itinerario de Costa Rica, y que las fuerzas sociopolíticas encontraban su sentido y razón de ser en un pasado que reivindicaban, enriquecían e innovaban.

Intelectuales como Abdulio Cordero, Rodolfo Cerdas, Constantino Láscaris, Roberto Murillo, Teodoro Olarte, José Luis Vega Carballo, León Pacheco, José Marín Cañas, Alberto Cañas, Alberto Di Mare, Carmen Naranjo y Eugenio Rodríguez Vega, entre muchos otros, agitaban las páginas de los periódicos con sus agudos comentarios, y realizaban aportes claves a través de sus investigaciones y libros. Un grupo de políticos de altísimo nivel intelectual les acompañaban en sueños, ideas y pasiones, sobresaliendo entre ellos Manuel Mora Valverde, José Joaquín Trejos, José Figueres Ferrer, Daniel Oduber Quirós y Óscar Arias Sánchez.

Todo este despliegue de energía intelectual, política y cultural, que representaba un ejercicio de auto-concentración de la conciencia crítica nacional, culminó en el simposio “La Costa Rica del año 2000”, que la Oficina de Planificación Nacional convocó, siendo ministro de Planificación Óscar Arias Sánchez. Este evento reunió en el Teatro Nacional, durante cinco días, a lo más maduro y culto de la intelectualidad y la política de ese entonces, y fue en ese marco que se hicieron evidentes o se reiteraron las propuestas de desarrollo socioeconómico de las diversas fuerzas del país. El simposio, cargado de futuro, expresaba la necesidad y urgencia de analizar el devenir histórico con solvencia técnica y conceptual, un desafío impostergable cuando, entre 1978 y 1982, se desencadenó la gran crisis socioeconómica originada en las crisis petroleras internacionales, los excesos del gigantismo estatal, el deterioro de los términos de intercambio comercial y los errores en la administración gubernamental.

En el fondo de los datos negativos asociados al desempeño socioeconómico de Costa Rica hacia finales de los setenta y principios de los ochenta, existía la contradicción entre una estructura económica subdesarrollada, típica de naciones socialmente atrasadas, y la superestructura jurídico-política y social progresista, común en países desarrollados. Desde entonces, la presencia de esta contradicción-desfase, señalada, entre otros, por Rodolfo Cerdas Cruz y Leonardo Garnier Rímolo, ha sido confirmada en informes y estudios internacionales, al constatar que Costa Rica es un país de alto desarrollo humano, pero con serias postraciones en sus aparatos productivos y financieros.

Opciones. Teniendo como telón de fondo la contradicción referida, en el simposio “La Costa Rica del año 2000” se dieron cuatro hechos fundamentales: la intervención inaugural del entonces presidente de la República, Daniel Oduber Quirós, la conferencia magis-tral de Óscar Arias Sánchez, el comentario de Alberto Di Mare a esa conferencia y las disertaciones de Manuel Mora Valverde, José Figueres Ferrer y Mario Echandi Jiménez.

Oduber Quirós y Figueres Ferrer favorecían la alternativa del Estado empresario e interventor, cuya mejor expresión era la Corporación Costarricense de Desarrollo (Codesa). Manuel Mora Valverde defendía la opción marxista-leninista, que proponía una revolución social anti-imperialista como antesala del socialismo. Mario Echandi Jiménez y Alberto Di Mare representaban la alternativa liberal-conservadora y ultra-liberal, que buscaba desregular la vida económica y social. Y Óscar Arias Sánchez esgrimía argumentos en favor de una tercera vía democrático-liberal que favorecía la desaparición del Estado empresario, la promoción de la apertura comercial, la paz regional como condición del desarrollo económico y el distanciamiento respecto al marxismo-leninismo, el liberalismo conservador y el ultra-liberalismo.

Desenlace. Entre 1976 y 1986, la tercera vía alcanzó una influencia dominante. Para la adecuada interpretación de lo ocurrido, interesa tomar nota de cuatro hechos: primero, la tercera vía costarricense fue un anticipo de los cambios políticos en Europa y Estados Unidos, donde, al poco tiempo, también se hablaba de una tercera vía; segundo, los conflictos principales dentro del Partido Liberación Nacional (PLN), que en la década de los ochenta encarna la tercera vía, estuvieron relacionados con el distinto enfoque de la política exterior, de las relaciones con Estados Unidos y de la pacificación de Centroamérica; tercero, la tesis del Estado empresario, la marxista-leninista, la liberal-conservadora y la ultra-liberal no lograron cuotas suficientes de poder en los ochenta; y cuarto, en torno a la tercera vía costarricense se alinearon todas las estrellas, como lo prueban la pacificación de Centroamérica y la confluencia de fuerzas globales que propiciaron el relanzamiento de las economías de mercado, al tiempo que desaparecía la Unión Soviética, el Pacto de Varsovia y los regímenes dictatoriales del socialismo real europeo.

El liberalismo conservador y el ultra-liberalismo lograron avances entre 1990 y el 2002, pero estos fueron neutralizados por el socialcristianismo, con el cual se habían aliado. La opción que en los setenta expresó Manuel Mora (morismo) se fragmentó hasta casi desaparecer, y no es sino hasta hace poco que retorna a través de un heredero que ya no es marxista-leninista, sino reformista y capitalista de izquierda (Frente Amplio).

El Estado empresario se redujo a un fósil que asoma su rostro en las nubladas señales del actual Gobierno y en el sector del PLN que experimentó la debacle política e intelectual en la última campaña electoral.

La historia no se repite. Hoy vuelven a encontrarse y a desencontrarse los herederos de aquellas fuerzas que, durante cinco días de noviembre de1976, dialogaron en el Teatro Nacional. Son las mismas que se han aliado y enfrentado desde 1940 hasta la fecha ¿Cuál será el desenlace en esta oportunidad? Percibo que la sociedad costarricense busca una vía análoga a la tercera vía de los ochenta, que le evite las alternativas de un gigantismo estatal irresponsable (Estado propietario y empresario), o de mercados perfectos y desregulados, combinados con un Estado mínimo. De lo que se trata es de enriquecer, innovar, profundizar y corregir lo bueno realizado en los últimos 32 años.

La historia no se repite, se re-crea y re-inventa. Los méritos acumulados son muchos, y es suicida que, seducidos por el cortoplacismo, en el éxtasis de la mezquindad y la mediocridad, se olvide que lo mejor del futuro se construye en los hombros, las espaldas y las ideas de lo mejor del pasado.