24 noviembre, 2014

Creo que nuestra democracia vive un proceso de cambio que sentará las bases para el desarrollo. Podemos conseguir los recursos necesarios, generar más recursos, y mejorar su manejo para desarrollarnos y asegurar bienestar a todos los ciudadanos. Se requiere, en el sector público y en el privado, combatir la corrupción y la ineficiencia, y eliminar abusos económicos de los grupos de interés concedidos tanto en leyes como en el actuar de las instituciones.

Elegimos un Gobierno que quiere cambiar las cosas. Nuestro sistema democrático y un periodismo independiente nos permitieron avanzar socialmente hasta poner fin a las dinastías políticas. Los costarricenses impedimos a los políticos tener su propia prensa – El Excelsior –. Nuestro periodismo derrotó en foros internacionales a los que intentaron amordazarlo y enterró el bipartidismo que actuaba en contubernio contra el pueblo, lo que condujo a la elección de un presidente ajeno a la clase política.

Por lo anterior, y porque contamos con el recurso del plebiscito, creo que el Gobierno, con apoyo responsable del periodismo, puede conducir el diálogo para llegar a concretar los cambios que nos permitan avanzar socialmente y desarrollarnos.

Conseguir recursos. Tenemos condiciones sociopolíticas privilegiadas que hacen factible conseguir globalmente los fondos para desarrollarnos. La historia condujo a una sociedad sin ejército, con seguridad social universal, con educación gratuita y obligatoria, y con Código de Trabajo, experimento único que arrojó indicadores socioeconómicos ejemplares. Ante el mundo, nuestra sociedad –no el político que aprovechó el momento– es un gran ejemplo. Somos un ejemplo de desarrollo y convivencia en paz, sin gasto en armas y en armonía con el medioambiente. Creo que el país tiene la credibilidad para conseguir los recursos necesarios.

También podemos generar recursos. La exportación es la principal fuente de desarrollo en una economía pequeña como la nuestra. En el pasado vivimos épocas de prosperidad y de recesión asociadas a las alzas y bajas del precio del café. Hoy, con una economía diversificada, lo que generamos no alcanza y el déficit del Gobierno es un problema apremiante. La solución es hacer crecer la economía exportando, lo cual es viable a corto plazo, asegurando apoyo financiero razonable al sector exportador –algo que hoy no existe–.

Mas allá de combatir la corrupción y la ineficiencia, debemos exponer y eliminar los abusos económicos de diversos grupos de interés. Necesitamos una lucha anticorrupción genuina, un gran esfuerzo por eliminar ineficiencias y, principalmente, cambios relevantes en prácticas y leyes que afectan seriamente la competitividad del país.

Políticos malintencionados, actuando de manera concertada, se aprovecharon de nuestra patria mientras proclamaban estar a su servicio. Plasmaron numerosas prácticas y leyes sin fundamento que favorecen sus intereses, las cuales impiden mejorar la competitividad, detienen el avance socioeconómico y promueven un círculo de empobrecimiento sin fin.

En el sector público los escándalos de corrupción y la ineficiencia afectan a varias entidades, y muchos grupos de interés han obtenido concesiones en leyes que son abusivas. En el sector privado existen numerosas leyes y prácticas que favorecen de forma abusiva industrias específicas. Más grave aún, los consejos y superintendencias actúan de forma contraria al propósito de su creación, en contubernio con los regulados, perpetuando y promoviendo prácticas abusivas.

Creo que el Gobierno, acompañado por la prensa, irá profundizando en cada caso para mostrar de forma transparente los abusos y para promover consenso sobre los cambios que se deben hacer con justicia. Varios casos deberán ser decididos por el pueblo en plebiscito.

Urge cambiar prácticas y regulaciones del sector financiero y evitar que la banca comercial tenga acceso a fondos de desarrollo. Se requieren cambios importantes en los sistemas e infraestructura de transporte, comunicación, salud, justicia y educación. También debe cambiar la forma en que opera y se elige nuestro Congreso, responsable de haber legalizado muchos abusos económicos. Los cambios más apremiantes deben hacerse en el sector financiero. Nuestra banca, como dice la sabiduría popular, presta al que no necesita o cuando no se necesita, alimentando un perverso círculo de empobrecimiento y concentrando los pocos recursos crediticios en unos pocos que “cartelizan” la economía local. Entre muchos otros cambios, es fundamental evitar el actual conflicto de intereses y asegurarse de que los fondos para desarrollo provenientes del extranjero no fluyan por la banca comercial.

Los políticos se aglomeran en bandos que se posicionan en un espectro izquierda-derecha. Creo que no debemos avanzar ni hacia la izquierda ni hacia la derecha, sino todo lo contrario: olvidarnos de los políticos y enfocarnos en desmantelar la telaraña de leyes y prácticas abusivas que nos heredaron, que nos empobrecen, y que impiden mejorar la competitividad y desarrollar el país. Considero que el Gobierno, apoyado por el periodismo, puede desencharralar la finca y preparar al país para un verdadero salto en desarrollo y avance social.

Creo que el paso fundamental es cambiar, con premura, la forma en que circula el dinero en el país.

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