1 junio, 2014

Durante mucho tiempo, los ricos han sabido en cierta medida cómo viven los pobres en todo el mundo. La novedad en el mundo actual es que el secreto mejor guardado para los pobres, esto es, cómo viven los ricos, ha sido revelado. A través de la televisión rural, Internet y el mundo digital portátil, los estilos de vida de los ricos y de la clase media se transmiten a diario, y en colores, a sus hogares.

El año pasado, cuando viajé con el presidente Evo Morales a un pueblo boliviano ubicado a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, los lugareños tomaron fotos de nuestra llegada con sus teléfonos inteligentes.

Desigualdad. Vivimos en un mundo de desigualdades. Sin embargo, mientras el mundo de los ricos tal vez sea ciego ante el sufrimiento de los pobres, los pobres de todo el mundo están muy conscientes de cómo viven los ricos. Y han demostrado que están dispuestos a actuar. Las desigualdades perjudican a todos. Por ejemplo, si aumentáramos el empleo de las mujeres hasta alcanzar el nivel de los hombres, el ingreso medio aumentaría el 14% en América Latina.

Un total de 1.000 millones de personas en situación de pobreza extrema viven con menos de $1,25 por día, es decir, menos que las monedas sobrantes que muchos de nosotros encontramos en el bolsillo cada noche.

Además, casi 2.000 millones de personas carecen de acceso a energía, mientras que 2.500 millones no tienen acceso a servicios financieros básicos. Y todos nosotros –los 7.000 millones de habitantes de la Tierra– nos vemos confrontados con el inminente desastre del cambio climático, si no ponemos en práctica hoy un plan acorde con la magnitud del desafío.

Necesidades de desarrollo. Por cierto, las necesidades de desarrollo en el mundo superan con creces la capacidad del Grupo del Banco Mundial (GBM) para atenderlas, pero podemos hacer muchísimo más. Al tiempo que aumentamos nuestra capacidad para proporcionar conocimientos y soluciones a nuestros clientes, estamos fortaleciendo nuestra capacidad financiera.

Así, podremos aumentar casi al doble el monto anual del financiamiento que proporcionamos a los países de ingreso medio, que pasará de $15.000 millones hasta $28.000 millones al año. Esto implica un aumento de $100.000 millones en la próxima década en la capacidad prestataria que la institución puede mantener en su balance, hasta llegar a unos $300.000 millones. A esto se le agrega la mayor reposición de fondos en la historia de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), el fondo para los países más pobres, que permitirá disponer de casi $52.000 millones para donaciones y préstamos en condiciones concesionarias.

Apoyo al sector privado. Simultáneamente, estamos intensificando el apoyo directo que brindamos al sector privado. El Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones, la institución del GBM que proporciona seguros contra riesgos políticos, se propone aumentar las nuevas garantías en casi el 50% en los próximos cuatro años. En tanto, la Corporación Financiera Internacional (CFI), la institución del GBM dedicada al sector privado, prevé incrementar casi al doble su cartera en la próxima década, hasta llegar a $90.000 millones. En la próxima década, los nuevos compromisos de la CFI aumentarán en $26.000 millones.

Se prevé que el total anual de los compromisos del GBM, que se sitúa hoy entre $45.000 millones y $50.000 millones, supere los $70.000 millones en los próximos años, un aumento sin precedentes para el GBM. Pero con ello no alcanza, necesitamos alianzas, instituciones internacionales sólidas, un sector privado dinámico y autoridades políticas identificadas con esta causa. Y lo más importante: necesitamos unir a todos en torno a un movimiento mundial para acabar con la pobreza. Todos los sectores sociales, a nivel universal, deben unirse para lograr que la visión de una economía más justa y sostenible se proyecte en una acción que será nuestro legado para el futuro.

El mundo nos observa.