Opinión

El necesario equilibrio entre Estado y sociedad civil

Actualizado el 17 de abril de 2017 a las 12:00 am

Costa Rica tiene condiciones para hacer ajustes antes de llegar a un punto de no retorno

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El necesario equilibrio entre Estado y sociedad civil

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En 1821 Costa Rica tenía escasos 60.000 habitantes dispersos por el territorio nacional. La declaración de independencia los tomó por sorpresa y solo atinaron a responder “hay que esperar a que se aclaren los nublados del día”. Éramos la provincia menos poblada y más pobre de la Capitanía General de Guatemala. Nos daba temor la respuesta de España. Nuestra seguridad era bastante precaria: a los zambos mosquitos teníamos que pagarles un tributo anual para que no se llevaran el cacao de Matina.

El cultivo y el comercio del café, que se inició poco antes de la independencia, había empezado a ampliar nuestros horizontes poniéndonos en contacto con Chile y Londres; no obstante, nuestro Estado incipiente era muy débil y estaba sujeto a presiones localistas que llevaron a la llamada Ley de la Ambulancia, que determinaba la rotación de la capital por las cabeceras de las provincias. Esta debilidad era la expresión de fuerzas locales con un gran arraigo en la estructura social de pequeños productores, donde si bien existían diferencias sociales y económicas importantes, no existían asimetrías extremas, que permitieran, como en otros países, a unos pocos imponerse sobre el resto de la población.

Con Braulio Carrillo, el Estado costarricense empieza a ordenarse. Se suprime el tributo a los zambos mosquitos y se recupera la soberanía sobre el Caribe, pero no es sino con la llegada al poder de Juan Rafael Mora y la amenaza e invasión de los filibusteros que el Estado se centraliza. Mora está bien informado y consciente del peligro que se avecina y prepara al país, a pesar de la oposición de los gamonales, para la guerra.

Forma, sin dilaciones, un ejército dirigido por militares profesionales prusianos y polacos. Efectúa una serie de alianzas estratégicas con países latinoamericanos y también con enemigos de Walker, como el poderoso Vanderbilt, el dueño de la Compañía del Tránsito que había sido secuestrada por Walker.

Con Inglaterra, potencia mundial dominante entonces que veía con preocupación los movimientos armados norteamericanos en la región, negocia la compra de 2.000 de los más avanzados fusiles Minié que permitían una recarga rápida y le daban ventaja a nuestros soldados.

Con un ejército formado por militares y relativamente bien armado, no solo logra derrotar a Walker, sino configurar un Estado fuerte que nos otorga sentido de nación, al mismo tiempo que respeta los espacios de participación democrática.

Golpes de Estado. Son estos espacios los que permitieron a las fuerzas opositoras darle un golpe de Estado y fusilarlo. Tras este hecho se desencadena una etapa de golpes de Estado hasta que don Tomás Guardia impone de nuevo un país con visión de futuro que construye ferrocarriles hacia ambos océanos, impulsa la educación y logra que, en el último tercio del siglo XIX, el país tenga una tasa de crecimiento económico superior a la de Estados Unidos consiguiendo que San José sea la tercera ciudad del planeta con alumbrado eléctrico.

En el siglo XX los cambios más importantes, de agotamiento y ajuste institucional, se dan en la década de los 40, después de una guerra civil. Con una nueva visión incluyente se da un fuerte impulso al desarrollo, hasta que grupos corporativos y patrimonialistas asumen para su beneficio la industrialización fallida que endeuda al país y genera, entre otros, la crisis de los 80.

La posterior apertura al mercado mundial abrió nuevos espacios para el sector moderno de la economía. Esto se produjo sin caer en los excesos que promovió el Consenso de Washington, tendientes a reducir el aparato público al mínimo.

En nuestro caso, fueron mitigados por los contrapesos de la sociedad civil que defendió el sistema de seguridad social. Las transformaciones, si bien incrementaron los ingresos globales, aumentaron también la desigualdad, ya que no fueron incluyentes del 80% del sector tradicional de la economía. Así erosionaron y han debilitado peligrosamente el tejido social permitiendo un considerable avance del crimen organizado.

Estos contrapesos, sin embargo, no siempre han operado en función del interés nacional, ya hay grupos patrimonialistas empotrados en el Estado que han impedido los ajustes necesarios para articular el Estado que requiere el sistema institucional.

Visión de futuro. Costa Rica tiene condiciones sociales para hacer ajustes y articular de nuevo el sistema antes de que lleguemos a un punto de no retorno. Para poder hacerlo en democracia, se requiere de un Estado con una visión de futuro incluyente y decisión de realizar los ajustes necesarios, que acumule progresivamente con sus logros iniciales el respaldo de una sociedad civil fuerte.

Esta es, como dice Francis Fukuyama, la esencia de la política: “la capacidad de los líderes de abrirse paso a través de una mezcla de autoridad, legitimidad, intimidación, negociación, carisma, ideas y organización. Es un proceso acumulativo donde, a partir de pequeños logros en los que se involucre la población organizada, debe construirse ciudadanía y desecharse el cascarón del clientelismo manipulador”.

El autor es sociólogo.

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