Opinión

La navaja y el milagro

Actualizado el 17 de julio de 2013 a las 12:01 am

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La navaja y el milagro

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Cuestioné ante un querido amigo abogado que se informara en los medios de comunicación, como un hecho cierto, que Floribeth Mora fue curada de su aneurisma por intercesión de Juan Pablo II, pues no se ha aportado evidencia de ello.

Convencido a medias, contestó: “No se puede afirmar con certeza que la sanación se debió a un milagro, pero tampoco se puede negar.”

En casos concretos esa lógica lleva razón. Pero el razonamiento se podría aplicar hasta el infinito para justificar la difusión de cualquier teoría fantástica o conspirativa en la prensa.

Por ejemplo, “no se puede afirmar con certeza que Kennedy fue asesinado por alienígenas, pero tampoco se puede negar” o “no se puede afirmar con certeza que los pitufos existen, pero tampoco se puede negar”.

Tales discusiones son tan viejas que alguien ya debió poner en orden esos barreales argumentativos, pensé.

Y, en efecto, un inteligente contacto de redes sociales me llevó a lo que se conoce como la “navaja de Hitchens” ( Hitchens’ razor ).

Navaja de Hitchens. “Lo que se puede afirmar sin evidencia se puede descartar también sin evidencia”, dice el principio epistemológico que lleva el apellido del fallecido periodista y escritor inglés Christopher Hitchens, y cuyo uso se registra desde 1829 en The Classic Journal.

Se trata, simplemente, de una versión popular de lo que en las aulas de Derecho me enseñaron como la “carga de la prueba” ( onus probandi), fundada en el aforismo “lo normal se presume, lo anormal se prueba” (lo normal es la inocencia del imputado, lo anormal es su culpabilidad, por ejemplo).

Esa lógica sería suficiente, entonces, para justificar la no publicación en la prensa de contenidos relacionados con la supuesta curación, por falta de pruebas, de la misma forma que diariamente en las salas de redacción se descarta publicar información proveída por fuentes que no sustentan sus versiones con evidencia confiable.

Sin embargo, es cierto que tal decisión pecaría de radical y privaría al público del derecho a conocer. Gran parte del público costarricense, ya sea por fe, relevancia histórica o simple curiosidad, tiene interés en este tema.

Por eso, yo hubiera publicado el siguiente párrafo en cada nota que mencione la supuesta sanación: “Ningún estudio médico ha demostrado que rezarles a imágenes de Juan Pablo II en revistas sana aneurismas. Tampoco se ha aportado evidencia científica de que personas ya fallecidas curen a las vivas. Siempre consulte a su médico”.

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