27 abril, 2015

A pocos días de cumplirse el primer año del actual Gobierno, quienes seguimos diariamente el acontecer político del país estamos de acuerdo en algo: la administración Solís Rivera no ha sabido comunicar.

La falta de un método y un canal adecuado, elementos esenciales en una democracia, para transmitir sus prioridades y decisiones han dejado en entredicho la capacidad de informar a la ciudadanía de las acciones que día a día ejecuta el Gobierno para alcanzar el cambio prometido.

Esto ha generado que la distancia entre gobernantes y gobernados sea cada vez mayor. Los mensajes transmitidos hasta ahora no han sido cercanos ni constantes; al contrario, la gran cantidad de contradicciones restan credibilidad a los esfuerzos realizados, por lo que la pérdida de confianza en la administración es notoria.

La ciudadanía prefiere un gobierno eficaz más que eficiente, esto es, que dé resultados a corto plazo. Pero es difícil medir cuál de estas virtudes ha primado si la comunicación falla reiteradamente.

La administración Solís Rivera tiene ahora una nueva oportunidad para mejorar los errores en la comunicación.

Optar porque el ministro de Comunicación base sus funciones en el diseño de una estrategia para uniformar el mensaje entre las instituciones, así como el monitoreo constante de los medios para brindar la información exacta de lo que estos requieran, representan dos grandes aciertos en el tema que nos ocupa.

Las funciones del ministro de la Presidencia seguirán intactas, pero el ser el vocero principal del Gobierno constituirá una tarea fundamental que hasta ahora no había sido ejercida con seriedad y responsabilidad.

Errores y desafíos. Cuatro han sido las principales falencias en la tarea comunicativa de este Gobierno, y al mismo tiempo representan los ejes claves para alcanzar el éxito en lo que viene:

Las contradicciones en el discurso entre los entes gubernamentales han sido reiterativas debido a una mala comunicación interna.

Un ejemplo de ello es la incertidumbre que generó la socialización del documento sobre las reformas a la Ley de Radio y Televisión, donde la responsabilidad fue llevada de un lado a otro entre el presidente, la exministra de Ciencia y Tecnología y el exviceministro de Telecomunicaciones, sin que al final alguien la asumiera. Esto lleva al desconocimiento, la duda y la dualidad en el mensaje, y da como resultado una ciudadanía mal informada y confundida.

El desafío es, entonces, diseñar un plan y un método que facilite la comunicación intragubernamental, que refuerce el mensaje por transmitir y que sintonice a todos los sectores en una idea común. Ello aumentará la confianza en la población en que el trabajo que están llevando a cabo es serio y responsable.

La falta de coordinación interna ha generado la impresión de que no hay preparación para ejecutar los planes gubernamentales. Precisamente, este fue el sentir de siete fracciones legislativas al solicitar el 22 de abril anterior la destitución del jerarca de Vivienda por su falta de compromiso con el sector.

Lo ideal es que cada ministro o ministra, como voz principal de su área, brinde un mensaje claro y seguro de sus acciones. De este modo, quienes dudaban de su idoneidad para el puesto lo pensarán dos veces antes de lanzar una nueva crítica.

El Gobierno ha tomado decisiones para lo cual no se ha incluido actores fundamentales, lo que ha generado reclamos totalmente válidos.

Basta con recordar la queja del sector privado por no haber sido tomado en cuenta en la elaboración de la Estrategia Nacional de Empleo el año anterior.

Es recomendable, por ello, que la Presidencia comunique a todos los sectores, incluso a aquellos con los que tiene divergencias, sus ideas; que ejerza su liderazgo, para así facilitar la creación de nuevas medidas en los distintos campos.

El resultado será un Estado unido que produzca sinergias sectoriales y con una concepción holística de la acción gubernamental.

El Gobierno, además, ha entrado en un juego de palabras con la prensa, a la que ha acusado de malintencionados y tergiversadores del mensaje, lo que lo ha desgastado tanto en su discurso como en su imagen. La presión disimulada hacia comunicadores por comentarios y notas realizadas es prueba de un deterioro en la relación. Incluso el mismo presidente dedicó una cadena televisiva para denunciar el actuar de los medios.

Se presenta, entonces, el desafío de centrarse en el mensaje por comunicar más que los ataques o cuestionamientos que provengan de los medios, de modo que se eviten desconcentraciones innecesarias. Esto dará como resultado un Gobierno que no se detiene ante los cuestionamientos, sino que se concentra en trabajar por el bien del país.

El autor es estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad de Costa Rica.