Opinión

Un mundo libre de armas nucleares

Actualizado el 25 de marzo de 2017 a las 12:00 am

La mayor garantía para la no proliferación es la eliminación completa de las armas nucleares

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El 23 de diciembre del 2016, en vísperas de la Navidad, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 71/258, que convoca a una Conferencia para negociar un instrumento jurídicamente vinculante para prohibir las armas nucleares, con miras a su total eliminación. La resolución contó con el respaldo de 113 países, 35 votaron en contra y 13 se abstuvieron. La conferencia diplomática se iniciará la última semana de marzo del 2017, luego las negociaciones seguirán del 15 de junio al 7 de julio.

El pasado 16 de febrero se efectuó la reunión organizativa de esta Conferencia, y por aclamación se escogió a Costa Rica, representada por la embajadora Elayne Whyte Gómez, representante permanente ante la ONU en Ginebra, como presidenta de la Conferencia. Sin duda, es un enorme reconocimiento a la solvencia moral del país, como una democracia desarmada, sin demérito de las cualidades personales de nuestra embajadora.

Pilar. Desde hace mucho, Costa Rica ha hecho de la promoción del desarme en todas sus formas, pero especialmente el nuclear, uno de los pilares de su política exterior. En esta empresa nos hemos matriculado con la firme convicción de llevar a buen puerto las negociaciones que permitan llenar el vacío legal existente y hacer del mundo un lugar más seguro.

Sin duda esta Conferencia del 2017 representa un hito en las negociaciones multilaterales sobre desarme nuclear, que han estado detenidas durante dos décadas y se presenta en una coyuntura global especialmente relevante. Vivimos momentos en que las grandes potencias dan signos de querer retomar la carrera armamentista y Corea del Norte lleva a cabo ensayos con misiles de largo alcance.

La mayor parte de la comunidad internacional ha planteado la necesidad de reanudar los trabajos multilaterales para abordar el tema de las armas nucleares. Debo destacar que las armas nucleares son las únicas armas de destrucción masiva que no están prohibidas por el derecho internacional, por lo que el instrumento que se empieza ahora a negociar para su prohibición adquiere una importancia especial.

Nueva norma. Por medio del tratado de prohibición se aspira a crear una nueva norma de derecho internacional. Las normas son distintas a las obligaciones explícitas de los tratados internacionales, pero emergen de su aplicación e implementación. Con el paso del tiempo, las normas se codifican o pasan a formar parte del derecho consuetudinario.

El objetivo que tenemos con la adopción de este tratado de prohibición de armas nucleares es ir creando esta norma que posteriormente facilite avanzar hacia la eliminación.

Durante la Guerra Fría, la posesión de armas nucleares estuvo siempre enmarcada en las doctrinas de seguridad estratégica de los Estados. En los años noventa, sobre todo con el recrudecimiento de los conflictos armados no internacionales, la comunidad internacional empezó a exigir acciones para aplacar el impacto humanitario de las armas convencionales y de las armas de destrucción masiva.

El inicio. La lucha por la prohibición de las armas nucleares no es nueva, se podría decir que se inició desde el momento en que se lanzó la primera bomba atómica en agosto de 1945.

En 1967, los países de América Latina y el Caribe adoptan el Tratado de Tlatelolco, que crea la primera zona libre de armas nucleares en una región densamente poblada en el planeta. Un año después se adoptó el Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares, que está en vigor y ha logrado que solo un número reducido de países cuenten con arsenales nucleares.

Nuestro país también ha hecho su aporte a la búsqueda de un mundo libre de armas nucleares. En 1997 presentamos ante la Asamblea General un ejemplo de Convención Modelo sobre Armas Nucleares, que ajustamos y volvimos a presentar junto con Malasia en el 2008 ante el secretario general de las Naciones Unidas.

En el 2013 y el 2014 participamos activamente en las Conferencias de Oslo, Nayarit y Viena sobre el impacto humanitario de las armas nucleares. También en el 2013 presidimos el primer grupo de trabajo abierto para avanzar negociaciones en materia de desarme nuclear.

Atascamiento. Todas estas iniciativas contrastan con la falta de progreso en los foros de desarme nuclear. Desde 1999 la Conferencia de Desarme de las Naciones Unidas no ha podido adoptar un programa de trabajo. El Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares no ha entrado en vigor por falta de ratificaciones, y la última Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación finalizó sin acuerdo.

Las armas nucleares, mientras existan, son la mayor amenaza que se cierne sobre la humanidad. En este momento existen más de 15.000 y muchas de ellas están listas para ser desplegadas en cuestión de minutos. La capacidad destructiva de una sola de ellas es suficiente para matar a cientos de miles de personas y devastar ecosistemas, economías, regiones agrícolas y establecimientos sanitarios en pocos instantes.

Los Estados proponentes de la prohibición total de las armas nucleares creemos que la mayor garantía para la no proliferación es la eliminación completa, transparente y verificable de los arsenales nucleares. Un primer paso en el objetivo del desarme nuclear es la prohibición de estas armas.

El autor es ministro de Relaciones Exteriores.

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