Opinión

Un mundo feliz

Actualizado el 04 de octubre de 2013 a las 12:00 am

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En el año 2500, la civilización humana ha logrado su clímax: un Estado mundial tecnócrata en que los sufrimientos naturales han sido controlados y las calamidades sociales, dominadas. Mediante la eugenesia masiva y la fertilización e incubación in vitro totales, se programan el nacimiento y el destino de todos los individuos que constituirán las diversas castas sociales, dedicadas cada una de ellas a trabajos específicos. Los individuos alfas se dedican a la tecnología; los betas, a los servicios de asistencia y la vigilancia policíaca; los deltas , gamas y épsilon, a los trabajos fabriles y domésticos.

Esta división del trabajo no admite luchas clasistas, y el menor intento de desviación de las normas estatales es inmediata y duramente reprimido. El castigo mayor se encuentra en el confinamiento a regiones alejadas de los centros de civilización.

Las ansiedades comunes y el cansancio producido por el trabajo se combaten por medio de la ingestión obligatoria del soma , una droga que produce un estado de euforia y frenesí. Esta droga se encuentra a disposición de todas las castas. El sufrimiento se evita, incluso, ante el envejecimiento y la muerte: la eutanasia se administra a todos y el gran consuelo estriba en que las cenizas se utilizarán como abono fértil en bien de la sociedad. Jesucristo es sustituido por el dios Ford, de quien se espera un próximo advenimiento.

Los gametos humanos se someten a una serie de situaciones ambientales extremas, que aseguran tanto el nacimiento de los individuos más fuertes, cuanto su duplicación y multiplicación hasta cientos de miles. Más tarde, los niños se someten a un fuerte acondicionamiento psicológico que los alejará de emociones y sentimientos dañinos, como aquellos que producen las flores y los libros, por ejemplo. La naturaleza no cuenta: solamente la ciudad, la civilización.

En este mundo feliz, la familia, el matrimonio, la maternidad y la paternidad se han abolido. El amor se ha sustituido por la sensualidad, y la promiscuidad es la norma general. Hombres y mujeres no deben emparejarse por mucho tiempo, aunque se permiten los encuentros esporádicos. El arte se reduce a la producción de música para las orgías y de lemas que celebren y enaltezcan a la sociedad y la felicidad. El aprendizaje consiste en la repetición monótona y acrítica de las explicaciones de los instructores y lemas sociales. Los jefes tecnócratas dominan toda expresión autóctona, y la historia se utiliza para recordar los míseros tiempos pasados en que las mujeres parían a sus hijos y los hombres y mujeres vivían unidos toda su vida. La autoridad suprema permanece escondida, pero atenta.

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Como ejemplo vivo de la cruel vida junto a la naturaleza, se encuentra en Yucatán una reserva en que hombres incivilizados y salvajes nacen, se reproducen y viven en medio de costumbres antiguas y depravadas. Se aconseja viajar a tal reserva, para que los miembros de la feliz civilización, guiados por guías especiales, puedan comparar su buena suerte con la de estos desdichados. De un viaje a Yucatán, un atrevido alfa volvió con un extraño salvaje y su abominable madre, fruto de un desliz de un jefe tecnócrata alfa con una mujer beta , en su juventud, en las tierras salvajes. La mujer se perdió y el jefe lo mantuvo en secreto. Este salvaje se convirtió en gran diversión para un programa de televisión mundial, transmitido en vivo.

Esta es una breve descripción de los acontecimientos que se representan en la versión teatral de Un mundo feliz , novela visionaria, plena de fino humor negro, del célebre escritor inglés Aldous Huxley. La versión teatral –que logra sintetizar magistralmente esta intrincada obra– es fruto del actor y director inglés Paul Stebbings, muy conocido en Europa, Asia y América, especialmente en Costa Rica, donde ha dirigido varias obras para el Teatro Espressivo, del Café Britt. La versión ha significado un gran éxito desde los meses en que se ha mostrado en el medio teatral europeo. En Latinoamérica se ha estrenado en nuestro país, bajo la dirección del propio Stebbings, asistido por Marialuara Salom. Un escogido elenco, conformado por seis magníficos actores y actrices costarricenses, quienes se multiplican esforzadamente en sus varios papeles, representan actualmente esta gran obra en el moderno complejo Momentum (Pinares, Curridabat), donde se encuentra actualmente el nuevo Teatro Espressivo, buen ejemplo de la empresa privada nacional interesada en el arte.

La obra es aconsejable para todos: de jóvenes adolescentes hacia arriba.

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