Por: Armando Mayorga 8 septiembre, 2016

Ya perdimos la cuenta. O ya a casi nadie le importa cuántos motociclistas han muerto en lo que va del año. La cifra se la traga la cotidianidad pues ahora ni es noticia cuando uno de ellos pierde la vida. Sus decesos pasaron de alta relevancia en la agenda de los periodistas de sucesos, a un asunto casi que de rutina.

Cifras sí hay. Al 31 de agosto fallecieron 136, en su mayoría, de 20 a 40 años (65%). Es decir, un muerto cada dos días, según el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT).

Lo trágico del dato es que cuando faltan tres meses para que termine el 2016 , casi se alcanzan los 150 fallecidos de todo el 2015. Mario Calderón, director de la Policía de Tránsito, calcula que a fines de setiembre se superará la fatídica cifra de 150... y de ahí, al récord.

La moto, de hecho, pasó a ser el vehículo qué más muertes causa en carretera. El automóvil ocupa el segundo puesto (con 45 decesos este año en el sitio del accidente) y le sigue... la bicicleta, con 6.

“Cuando observamos –dice Calderón– que un vehículo para tan pocos pasajeros, como la moto, lidera en número las fatalidades, triplicando al automóvil, por encima de buses, taxis, camiones o hasta ambulancias que suelen viajar a alta velocidad, estamos ante un lamentable patrón donde las imprudencias de estos conductores, la falta de respeto a ciclistas y motociclistas por parte de otros conductores y el irrespeto generalizado a las señales de tránsito, nos tienen ante una verdadera epidemia”.

A esa epidemia el mismo MOPT le ha dado cero importancia. La ha dejado propagarse cuando tiene en sus manos la vacuna: imponer cambios en la concesión de licencias.

No es cualquiera, como ocurre ahora, el que debería obtener un permiso de moto, pues, por más sencillo que se vea ese aparato, más complicado es operarlo con responsabilidad. Sobre todo, porque las tentaciones son muchas. La primera, la alta velocidad; la segunda, zigzaguear entre autos; y la tercera, creerse Supermán.

Es momento de que a los motociclistas se les exija un examen riguroso para comprobar su precisión en el manejo y se les someta a una revisión periódica y así definir en un tiempo determinado si se les renueva o no el permiso.

El MOPT, su ministro, es el primer llamado a actuar para contener tanta mortandad.

El autor es jefe de redacción en La Nación.