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Una muerte anunciada

Actualizado el 03 de junio de 2013 a las 12:00 am

Todos los costarricenses somos responsables de la muerte de Jairo Mora

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La muerte del biólogo Jairo Mora en Limón recalca la verdad en la que estos gobiernos han dejado que se convierta la Costa Rica que forjaron nuestros padres. En primer lugar, la labor que realizaban Jairo y varias organizaciones no gubernamentales, así como personas voluntarias, es no solo noble y justa, sino necesaria, ya que nuestro gobierno ha dejado en el olvido la defensa y protección de nuestra naturaleza y patrimonio ecológico. Basta ver que la propuesta refinería (que ni ocupamos, ni se justifica) está prevista para la misma área de Moín, lugar que, por doblegarse a intereses comerciales, nunca han querido declarar área protegida.

Además, la provincia de Limón, joya caribeña, rica en contenido cultural, natural y con gran potencial humano y turístico, ha estado abandonada como un apéndice mal formado que busca taparse en lugar de buscar su rehabilitación, integración y desarrollo. Aunque no es justo decir que toda la provincia sea insegura y sujeta al dominio del narco, sí es cierto que el narco ejerce control sobre parte de ella.

Nuestra presidenta insiste en integrar a Costa Rica con el resto de Centroamérica e insertarnos en grupos de países desarrollados, cuando ni siquiera hemos sido capaces de integrar a Limón al resto del país (sin mencionar Upala, Talamanca y varias otras localidades en el olvido).

Las falacias de que ahora estamos más seguros y que nuestros sentimientos de inseguridad son percepciones equivocadas; de que la Fuerza Pública nos protegerá ante cualquier eventual amenaza; y de que los ciudadanos no tenemos por qué armarnos para protegernos, resultan evidentes ante la barbarie de la muerte de Jairo.

En abril, las organizaciones que trabajan por proteger el desove de las tortugas en Limón hicieron un llamado a contactar a la Fuerza Pública del área para que les brindaran apoyo (léase “protección”) durante las labores nocturnas en las playas.

Al igual que muchos otros, yo imploré directamente a las autoridades para que participaran activamente en conjunto con los biólogos y voluntarios; la respuesta fue que la Fuerza Pública iba a patrullar a su manera, por sí sola.

¿De qué sirve patrullar de forma aleatoria si no saben dónde están las tortugas? ¿No se supone que están llamados a proteger a los ciudadanos, a los visitantes extranjeros y al patrimonio nacional?

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La Fuerza Pública no tiene el personal disponible para proteger a todos los habitantes en todo momento. Tampoco tienen los oficiales, las herramientas ni las condiciones para hacerle frente a bandas delictivas organizadas (basta con ver las pocilgas que el Gobierno hace llamar “delegaciones policiales”).

Claro, pero sí es posible movilizar a más de mil oficiales para proteger a un solo presidente que nos visita. También es posible gastar cuantiosos fondos para mejorar la imagen de la presidenta, pero no para reforzar las labores de la Fuerza Pública. Lo más triste es que eso demuestra que no existe, en los niveles más altos del Gobierno, la voluntad de proteger el patrimonio ecológico.

La imagen del Gobierno es mala, no por las redes sociales ni por la “opinión de gente sin educación”; la imagen del Gobierno refleja exactamente lo que este Gobierno es: complaciente, oportunista, falaz y sin rumbo.

Mucha de la frustración e ira que sentimos es resultado directo de ver cómo todo se derrumba y somos incapaces de evitarlo.

Me averguenza que nuestros gobernantes todavía se jacten del “paraíso” que se supone que es Costa Rica. Estamos tomados por el crimen organizado, con corrupción por todos lados, vendiendo el país pedazo a pedazo a intereses comerciales extranjeros y permitiendo la destrucción de nuestro patrimonio.

Todos los costarricenses somos responsables de la muerte de Jairo y del daño que se le causa a nuestra Costa Rica. Tal vez yo pude haber hecho algo más que limitarme a implorar en oídos sordos; tal vez más de nosotros pudimos alzar la voz.

Pero aún así, lo que sí pesa sobre nuestras espaldas es que colocamos a personas ineptas en el poder y ahora nos quedamos callados ante cada nuevo atropello en contra de Costa Rica.

No puede ser que solo unos cuantos verdaderos ticos se embarquen en luchas quijotescas para proteger a nuestra patria. Todo costarricense de corazón debe atender el llamado a defender lo nuestro.

Las ONG anunciaron la suspensión de los proyectos de protección de las tortugas. Meta lograda por los narcos.

Y como diría el chapulín colorado, ¿y ahora quién podrá defendernos? Yo contesto que todos nosotros, unidos.

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