23 octubre, 2014

Los habitantes de la Gran Área Metropolitana (GAM) debemos preguntarnos cuál es el modelo de ciudad que queremos aceptar una vez que veamos con claridad el entorno en el que nos movemos o, quizás mejor, el entorno en el que estamos atrapados. Desde hace unos 25 años tomamos la decisión de convertir nuestra ciudad en una en la que todo el entorno construido gira alrededor de los vehículos automotores particulares, en vez de girar alrededor de las personas. Nos hemos metido cada uno de nosotros dentro de una carrocería que hemos llegado a apreciar como el cosmonauta a su cápsula espacial.

¿Cuál es el problema? El problema es que la escogencia hecha por los habitantes de la GAM nos ha conducido a un desarrollo no sostenible, en el cual necesitamos de más espacio público dedicado exclusivamente al paso vehicular, encadenando la inversión en infraestructura de transporte a un modo de transporte de gran consumo de combustible fósil, en detrimento de cualquier otra inversión destinada a modos de transporte de menor huella de carbono y de naturaleza colectiva.

Esta dedicación casi exclusiva a la construcción de carreteras y a la desfiguración de las calles citadinas –otrora lugares de encuentro ciudadano– ahora tornadas en “carreteras” dentro de barrios, ha convertido a la ciudad en un lugar agreste, sin parques ni jardines y lleno de aceras descuidadas y peligrosas, abundantes en trampas para grandes y pequeños.

Es imprescindible que nos demos cuenta de que la ciudad que hemos construido en las últimas décadas ya no es viable. No debemos de aceptar como única la opción de preocuparnos en mover vehículos particulares a todo lo largo y ancho de la ciudad para luego descubrir que un incremento en la capacidad de las carreteras solo estimula la demanda de más vehículos. El problema adquiere dimensiones más graves aún, por cuanto si bien podemos exigir de las autoridades gubernamentales que nos provean con mayor cobertura de carreteras de más carriles, esto no resuelve de ninguna manera el grave problema de proveer espacios para poder estacionar vehículos una vez que llegan a su destino. La ciudad entera se nos está convirtiendo en un entramado de parqueos públicos y privados, legales e ilegales.

¿Cuál peatón no se ha visto obligado a abandonar la acera porque ha sido tomada de parqueo con total impunidad?

Hemos aceptado como inevitable que la necesidad de movilidad de las personas sea posible únicamente a través del transporte en vehículo particular, a tal punto que sea necesario construir viviendas con garaje para dos o tres vehículos particulares. Es fácil constatar que en muchos de los actuales desarrollos inmobiliarios se destinan áreas mucho mayores a parqueo que a terrazas o patios. ¿Es este un buen uso del espacio residencial?

Transporte de pasajeros. Los altos niveles de congestionamiento de las calles y carreteras de la GAM obligan a dar un golpe de timón para iniciar el desarrollo de un Sistema de Transporte Rápido de Pasajeros, donde el único actor válido es el pasajero y no el vehículo en el que se desplaza. El transporte rápido de pasajeros debe tener un componente medular, un tren de cercanía con un recorrido a lo largo del eje este – oeste, uniendo Alajuela con Cartago a través de San José. Un recorrido total de alrededor de 45 km, a velocidad promedio por encima de 60 km/h, nos dará como resultado viajes de menos de media hora entre la mayoría de puntos intermedios.

Esta nueva movilidad para los habitantes de la GAM debe verse complementada con rutas de buses sectorizadas, con cobertura a lo largo de ejes transversales, de manera tal que el servicio de transporte comprenda pago electrónico de tarifas en los puntos de ingreso al Sistema con aplicación de tarifas que comprendan los segmentos tanto de tren como de bus.

Es de esperar que un planteamiento como el propuesto contribuya a aliviar la demanda de espacio vehicular en nuestras calles e impulse un nuevo desarrollo inmobiliario en nuevas zonas de la GAM.

Etiquetado como: