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Este es el momento

Actualizado el 11 de septiembre de 2017 a las 10:30 pm

Seamos ciudadanos involucrados y activos en todo lo posible por el bienestar colectivo

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Llegó una nueva coyuntura en la que nuestra democracia ha de demostrar cuán eficaz es para seguir mereciendo el apoyo de los ciudadanos y mantener el respeto y admiración que ha ganado internacionalmente.

En este artículo argumentaré que con la llegada del momento en que los representantes elegidos por cada partido político para atraer el apoyo y el voto ciudadano, quedará definida, en gran medida, la calidad del gobierno desde los tres poderes, independientes entre sí, pero necesariamente imbricados en los hechos.

Recordemos que estos ciudadanos, desde su responsabilidad como colectivo, tomarán, interpretarán y ejecutarán las decisiones que desde la parcela de poder y acción que es el Estado, enrumbará nuestra sociedad y nuestra economía, en los siguientes cuatro años.

La democracia es una construcción permanente, pero, sin duda, son los procesos electorales en los que más categóricamente se construyen los cimientos del edificio que, generación tras generación, forjan la solidez, funcionalidad, estética e integralidad de esa construcción.

Papeletas diputadiles. ¿Y cuál es el momento al que me refiero? A la selección y elección de las papeletas diputadiles que cada partido presentará al electorado y de donde saldrá, después de febrero y mediante el voto libre, y ojalá educado, los 57 representantes populares que conformarán una nueva alma colectiva en el hoy, muy lamentable y a veces injustamente, desprestigiado cuerpo del Parlamento.

Quisiera que la mayoría entendiéramos que los desafíos, problemas y deficiencias de Costa Rica no le son exclusivos entre los países del mundo. Quienquiera que se informe un poco sobre la situación en el mundo, lo sabe. Pero, por supuesto, esto no debe ser consuelo ni excusa. Hay que superarse siempre, individual y colectivamente, y nuestro país tiene historia y agallas suficientes para hacerlo.

Pero es esencial entender esta premisa fundamental a la hora de juzgar al país y a sus responsables políticos. De lo contrario, deberíamos esperar más frustración y desánimo, abonaremos al desencanto y contribuiremos a debilitar y quebrar ese aire puro que hemos respirado todos los que aquí habitamos, nuestra libertad y nuestra democracia. “Así van muriendo las democracias”, dijo alguien ya hace décadas, ante intentos extremistas y demagógicos.

Recordemos, si al menos una de las premisas es falsa, la conclusión es necesariamente falsa: si atribuimos todos los problemas solo a “los malos gobernantes” o solo “al sistema”, partimos de una falsa premisa. ¿Qué hago y he hecho yo para que el sistema y mis representantes posean lo más exactamente posible, las cualidades que yo creo deben tener, no será una mejor premisa?

Relación sana. Hace unos años, un amigo politólogo, académico y también políticamente activo, me dijo: “Creo que vos tenés una relación sana con el poder”. Esa frase, ese concepto, me hizo pensar mucho y me abrió los ojos, para juzgar y escoger cuando decido mis apoyos y mis votos en momentos importantes. ¿También a ustedes les parece un criterio muy válido (entre otros)?

A partir de ello, miremos ahora a los partidos políticos activos y en la lid. Pueden ser clasificados desde varios puntos de vista: ideología, trayectoria (logros, errores), grado de organización, quiénes los dirigen y encabezan. Aquí me referiré a tres criterios posibles, y para mí esenciales: trayectoria (ejecutoria), liderazgos, propuestas programáticas y capacidad real de ejecutarlas.

Estoy persuadido de que, para lograr mantener y mejorar nuestra democracia, haciéndola más inclusiva socialmente, más eficaz y confiable, esos tres criterios, junto con la evaluación que hagamos de una “sana relación con el poder”, los votantes, los ciudadanos, debemos evaluar a los candidatos que los partidos nos presenten en cada una de las papeletas y, sobre esa base, decidir y votar.

Además, esto requiere un esfuerzo serio e intenso de estudio y análisis de esos temas, a la luz de nuestra realidad nacional y mundial actuales. A la vez, ser ciudadanos involucrados y activos en todo lo posible en todo aquello que sea el bienestar individual y colectivo; especialmente, en lo segundo, porque si no lo hacemos “otros lo harán por nosotros”, como se suele decir.

El autor es economista.

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