26 octubre, 2014

En momentos en que Costa Rica tiene un déficit fiscal de ¢2 billones –6% del producto interno bruto (PIB)–, se proponen varios recortes que posibiliten disminuirlo a un 4% durante los próximos años y se busca reducir al menos un punto porcentual para la próxima colocación de títulos valores en el mercado internacional, se hace indispensable hablar sobre la necesidad de ahorrar.

Aunque una buena política fiscal influye positivamente en la economía de un país, si se cuenta con una estructura tributaria eficiente y un gasto público racional, también es relevante la tasa o nivel de ahorro para crecer y garantizar que haya recursos suficientes para invertir.

Tasa de ahorro. Esta tasa de ahorro –que es la proporción de lo ahorrado frente al PIB– es importante para que el sector productivo obtenga nuevos recursos en el mercado financiero nacional, el cual es alimentado por los ahorradores del país.

El ahorro, en la teoría económica moderna, es una variable para el desarrollo sostenible, que, canalizado a través de un sistema eficiente y seguro de intermediación, como lo es la banca estatal de Costa Rica, impulsa la productividad y sienta las bases para un crecimiento sostenido de largo plazo.

Sabemos que es difícil ahorrar en un país con alto desempleo, bajo crecimiento económico y una tendencia al alza en la inflación, pero no es imposible, pues la realidad es que muchas personas no lo hacen, no por sus bajos ingresos, sino, más bien, por el consumo no planificado y, en ocasiones, desenfrenado.

Entonces, si quienes tienen ingresos –suficientes y moderados– no ahorran por el consumismo, y otros no lo hacen por la carencia de recursos, y esta conducta social se da dentro de un entorno de desaceleración económica como la que estamos viviendo, es claro que será más difícil que la población, en general, mejore su nivel de vida.

Este círculo vicioso, en el que no hay plata para ahorrar y la plata que se puede ahorrar se utiliza para gastar, es lo que impulsa el creciente endeudamiento de la sociedad costarricense, donde los ciudadanos prefieren créditos en vez de metas de ahorro para adquirir ciertos bienes y servicios.

Si bien es importante para el sistema financiero y para el país, en general, la abundante oferta crediticia con variedad de tasas, plazos, condiciones y avales, es también relevante que los ciudadanos entiendan la importancia de mantener un buen nivel de ahorro que no solo les ayude a afrontar imprevistos, adquirir bienes y servicios, y planificar el futuro, sino también a contar con recursos que, al reinvertirlos en la economía, pueden financiar el crecimiento del producto interno bruto y facilitar la creación de más y mejores empleos.

Oriente: un buen ejemplo. Un buen ejemplo de cómo el ahorro impulsa el desarrollo económico de un país es China, que alcanzó hasta un 14% de crecimiento económico anual sin haber experimentado problemas de inflación, debido, en parte, a que cuenta con las tasas más altas de ahorro en el mundo.

Se dice que los chinos ahorran hasta el 50% de sus ingresos, lo cual le ha permitido a ese país acumular capital para realizar grandes inversiones y convertirse en la segunda economía más importante del mundo.

Otro país con gran cultura de ahorro es Japón, que, en la década de los años setenta y ochenta, logró parte de su expansión económica por el alto nivel de ahorro de su población. Aunque posteriormente atravesó un largo proceso de desaceleración económica a finales del siglo XX (que todavía les sigue impactando), su periodo de bonanza, con novedosos métodos de producción, y sistemas de calidad y de reingeniería, fue impulsado mediante la captación de ahorros particulares de sus ciudadanos, sin depender de préstamos externos. Incluso, el Gobierno pudo financiar gran parte de su déficit con el dinero de los ahorrantes.

Con paso firme. En Costa Rica no se le ha dado al ahorro la prominencia que merece como generador de bienestar individual y colectivo. El sistema bancario vivió enfrascado en una lucha por brindar las tasas más bajas de interés para los préstamos, dejando a un lado hacer más rentable el ahorro para estimularlo hasta convertirse en un hábito ineludible. Sin embargo, ahora vamos impulsando, con paso firme, la cultura de ahorro en el país.

Ante la actual crisis fiscal que enfrentamos, los bancos e instituciones financieras, así como las cooperativas de ahorro y crédito, somos los llamados a captar el dinero para reinvertirlo –con toda la aplicación rigurosa de gestión de riesgo– en proyectos que impulsen el desarrollo y generen bienestar.

Así como hemos respondido al llamado del Gobierno en la reducción y contención del gasto, nos corresponde también defender y retribuir a los que ahorran, de manera que, con estos recursos, podamos apoyar el incremento de la capacidad productiva y, por consiguiente, el crecimiento económico.

Es impostergable convertir el ahorro en una prioridad dentro de la política económica de Costa Rica.

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