Opinión

La modélica crisis de Irlanda

Actualizado el 03 de enero de 2014 a las 12:00 am

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La modélica crisis de Irlanda

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DUBLÍN – Irlanda acaba de liberarse del marco de rescate a cambio de austeridad establecido por la Troika (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) para los países endeudados de la zona del euro y encabeza la recuperación económica de la unión monetaria. Las autoridades europeas, incluido Jean-Claude Trichet, expresidente del BCE, han indicado que el perseverante compromiso de Irlanda con la austeridad es un modelo para otros países.

¿De verdad es así? No hace mucho que se consideró, también, un modelo el milagro económico de Irlanda, lo que The Economist llamó en 1997 “la brillante luz de Europa”, que atrajo a admiradores tan diversos y distantes como China e Israel. Después, Irlanda pasó a ser un modelo de cómo no se debe gestionar una burbuja inmobiliaria y, posteriormente, una crisis bancaria. Aunque no cabe duda de que salir del programa de la Troika es un éxito, en particular si lo comparamos con la pésima perspectiva del país al final de 2010, nadie debería aspirar a lo que Irlanda ha padecido.

La mayoría de los ciudadanos irlandeses rechazarían, también, la idea de que su país ha sido un modelo paciente de austeridad. El hecho de que este país haya vuelto a ponerse de moda refleja la confusión del pensamiento económico de las autoridades de la zona del euro y la locura de la imitación que se da en grupos de estudios e instituciones internacionales. Un modelo socioeconómico auténtico debe construirse en torno a una “forma de hacer las cosas” arraigada: tan arraigada, en verdad, que el modelo (como el nórdico, tan reputado) resulte casi imposible de reproducir en otros lugares.

Pese a la crisis, la “forma de hacer las cosas” de Irlanda apenas ha cambiado. La reforma política e institucional no ha acompañado los cambios de estilos de vida de la población; la rendición de cuentas en la vida pública sigue siendo tan deficiente, que resulta frustrante.

No obstante, de la experiencia reciente de Irlanda se desprenden algunas enseñanzas. A diferencia de otros países periféricos de la Unión Europea, Irlanda logró un consenso político sobre la necesidad de austeridad y repitió constantemente ese mensaje dentro y fuera del país. Como Chile durante el período de inestabilidad financiera de Latinoamérica, la gestión de la crisis de Irlanda fue en general buena y las instituciones abiertas al exterior (como, por ejemplo, el Organismo de Desarrollo Industrial y el Organismo Nacional de Gestión del Tesoro) ofrecieron una impresión positiva y coherente al mundo.

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Pero Irlanda necesita hacer más. En particular, debe centrarse en cómo ha afectado la crisis bancaria al potencial de crecimiento a largo plazo de la economía, en cómo se debe cambiar la naturaleza y la estructura del sistema bancario, en la capacidad de las empresas locales para adaptarse a una crisis crediticia y en los costos sociales, cada vez mayores, de la austeridad.

La enseñanza política que se desprende de la experiencia de Irlanda es la de que, en lugar de una combinación de búsqueda de la verdad y medidas radicales, la lealtad al statu quo es la mejor vía por la que avanzar, pero eso nos lleva hasta determinado punto solamente. Si bien la determinación puede ser encomiable, una política de “bajar la cabeza y lanzarse hacia delante”, por utilizar la jerga del rugby, presenta otros peligros. Aunque Europa podría superar por los pelos la crisis actual mediante la austeridad exclusivamente, quedaría mal equipada para abordar diferencias estructurales más profundas, por no hablar de lograr avances en materia de unión fiscal, bancaria y política.

Además, podemos decir que la “lealtad” funciona solo si podemos demostrar también que la propia “austeridad” funciona y, aún, es demasiado pronto para decirlo. ¿Cómo podemos, por ejemplo, deslindar las repercusiones de la austeridad respecto de las del colosal gasto llevado a cabo por el Presidente del BCE, Mario Draghi? Si, por ejemplo, una gran economía de la zona del euro, como Francia, no llega a crecer, ¿podremos afirmar que la austeridad fue un éxito?

La segunda preocupación se refiere a la cuestión de la propia asunción del riesgo. Un planteamiento que representa escaso riesgo puede haber contribuido a sacar a Irlanda del programa de la Troika, pero, ¿podría galvanizar lo suficiente al país para remodelar su sector bancario, restablecer un sistema de atención de salud fallido o reparar los daños sociales causados en las ciudades de toda Irlanda? En asuntos empresariales, la asunción de riesgos, y su pariente próxima, la innovación, no se pueden importar. Ciertas cosas deben ser autóctonas.

Michael O’Sullivan, que trabaja en el sector de la gestión de inversiones, es autor de Ireland and the Global Question (Irlanda y la cuestión mundial) y compilador (junto con Rory Miller) de What Did We Do Right? (¿Qué es lo que hemos hecho bien?). © Project Syndicate.

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