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¿Más de lo mismo?

Actualizado el 31 de enero de 2013 a las 12:00 am

¿Se consideró Jesús a sí mismo Dios, hijo físico de Dios?

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En La Nación del domingo 20 de enero del 2013, en su artículo “ Más de lo mismo ”, el presbítero Mauricio Víquez se refiere a mi escrito “El método del padre Víquez ” (La Nación, 14/01/2013), 46A Foro), confundiendo nuevamente distintos niveles, el personal y el académico, que no son lo mismo, en su discurso. Me referiré solo al segundo. Quizá la pregunta más importante –que no se ha hecho radicalmente la cristología o que ha respondido indirectamente sobre Jesús– es: ¿se consideró Jesús a sí mismo Dios, hijo físico de Dios, tal como se enseña confesionalmente? En ninguno de los Evangelios Jesús dice: “Yo soy Dios” o “Yo soy divino”.

La respuesta de la teología dogmática ha sido indirecta: sí lo es por ciertos hechos (resurrección, verdad aprendida solo por fe) y por ciertos dichos (aplicando a Jesús pasajes del Antiguo Testamento (AT) reservados a Yahvé o títulos que “suponen” una naturaleza divina como Hijo, Señor, Alfa y Omega, Verbo) que implícitamente (cristología implícita) lo afirman. Es una lástima que este discurso no aporte evidencias, aunque ciertamente los documentos (revistas, libros, etc.) que produce son regentados verticalmente por el Vaticano. Su método es la autoridad eclesial, nada más.

Divinidad de Jesús. Dentro de la teología católica, todavía hoy se asume la tesis sobre la divinidad de Jesús, apuntada desde el Concilio de Calcedonia (451 d. C.). Son varios los textos del Nuevo Testamento (NT) en que Jesús es Dios: Jn 1,1; Jn 1,18; Jn 20,28; Romanos 9,5; Tito 2,13; Hebreos 1,8 y 2 Pedro 1,1. Sin embargo, estos textos son tardíos, “teológicos”. Son otros personajes los que hablan sobre él. Por tanto, Jesús no se proclamó hijo ontológico de Dios y, de manera global, la imagen de Jesús es la de un judío observante de la Ley y de las costumbres de su pueblo, por lo que “hijo de Dios” sufrió una transformación semántica hasta venir a significar no un oficio, sino una naturaleza –divina–. Respecto del sintagma “hijo de Dios” (en griego, ho huios theoû : Mt 11,27; Mc 15,39; Mc 14,61), según la tradición veterotestamentaria, es un hecho que Israel es el pueblo elegido por la divinidad y, por tanto, está en estado de filiación respecto de ella. El pacto pasa más tarde a la casa real y, entonces, el rey pasa a primogénito, el mayor de ellos. De esta manera, el rey pasa a ser “hijo de Dios”, con lo cual viene, por medio de él, la salvación para todo el mundo. Del rey –hijo de Dios– y el mesías –hijo de David– hay un paso fácil a la filiación divina de Jesús, Mesías-Hijo de Dios. De Mesías se pasa a “hijo de Dios” por adopción, fórmula inspirada por el fervor religioso de los galileos (Jn 11,27). Este sintagma hace del “hijo” un mero ser humano (Mt 16,16; Mc 14,61; Mt 26,63), pero, en el judeocristianismo, helenista, se le da un sentido ontológico a la filiación, pospascualmente. La expresión se origina en el bautismo, predicación y en el credo (Hch 8,37; 9,20; 13,33, Rm 1,3ss: Pablo afirma que Jesús no “era” el hijo de Dios, sino que fue “declarado” hijo de Dios). Es más, en el judaísmo muchos otros rabinos carismáticos tuvieron conciencia de una “filiación divina” ( Haniná ben Dosa, Honí el circulero, Abba Hilkya, Simón bar Kochba. ..).

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Jesús irénico. Este Jesús espiritualizado de la teología católica, defendido por siglos, no se sostiene académicamente porque lo transmitido por los Evangelios canónicos (y los Hechos de los Apóstoles) apuntan en otra dirección: 1) Jesús muere a manos de los romanos (mors aggravata para sediciosos), 2) hay armas de combate (espadas, de máchaira) en manos de los seguidores de Jesús, 3) son usadas esas armas en un enfrentamiento, 4) Jesús es detenido por tropas abundantes (4Ev, una cohorte), 5) el monte de los Olivos, lugar vinculado a revueltas político-religiosas y donde están Jesús y sus discípulos, 6) el ideario político-religioso de Jesús, 7) la hostilidad entre Jesús y Herodes Antipas, 8) Jesús crucificado con sediciosos (léstai), 9) la intervención violenta de Jesús en el templo, 10) los sobrenombres de carácter violento en algunos de los discípulos de Jesús, 11) el premio material como recompensa en el “Reino de Dios”, aquí en la tierra, 12) el convencimiento de los seguidores de Jesús del carácter político del Reino (Hechos 1,6), 13) el rechazo de Jesús al pago del tributo...

En ciencia, y en el sentido común, es la hipótesis explicativa más simple la que debe ser preferida: el proceder de Jesús denota a otro Jesús apuntado con la lucha armada y es, como mínimo, verosímil. El peso de una hipótesis no es la autoridad, sino las razones y evidencias, las cuales sigo esperando de su parte, como un acto de fe (!).

El Nuevo Testamento. Para el creyente, la interpretación de Jesús en el NT no es mítica. La investigación crítica solo puede constatar los hechos incontrovertibles y el NT sería, primariamente, mítico en su contenido (interpretación de los hechos) y, secundariamente, un libro de historia, en razón de lo cual resulta pertinente hacer consideraciones filológicas, históricas y críticas que lo sitúen de la mejor manera en lo que dice y cómo lo dice. Ambas posturas son antagónicas. El cristianismo tiene sus raíces en Jerusalén, no en Atenas.

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