Opinión

El “mísero” detalle electoral

Actualizado el 14 de mayo de 2013 a las 12:00 am

La reformapropuesta porel TSEes inviable

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El “mísero” detalle electoral

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Siempre más cauteloso de la cuenta, entre tímido y cohibido, el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) se esperó a que pasaran varias elecciones desde el rompimiento del bipartidismo, incluido un referendo parteaguas de la historia sociopolítica contemporánea, para procurar nivelar el terreno.

Desigualdad. Es digno y atendible el reproche de partidos emergentes en punto a la desigualdad de recursos que caracteriza los procesos electorales en Costa Rica. La distribución de la deuda política atiende a reglas completamente regresivas, donde el más fuerte es fortalecido y el más débil debilitado.

En resumen, en este país, quienes idearon y continúan defendiendo el sistema de financiamiento estatal a la política electoral, se preocuparon por perpetuar el statu quo y no por promover la participación en planos igualitarios.

Tanto el esquema de cociente y subcociente, anodino de raíz, como el sistema mixto de financiamiento que mezcla aportes públicos y privados, obedecen a una lógica perversa y desfasada. Ambos presuponen la posposición del pago estatal que, al liquidarse poscampaña, obliga a los partidos a mendigar y comprometerse con los más variopintos intereses, no siempre sanos por cierto.

Botín electorero. Si a esto se suma que el botín que motiva a ciertos candidatos de pacotilla a eternizarse sin rubor, pese a que todos, incluidos ellos mismos, sabemos que no tienen la más mínima opción de resultar electos, la conclusión es unívoca: la deuda política es un foco de corrupción que, sin embargo y he ahí lo más irónico de todo esto, es en todo evitable.

La fiesta de ese cardumen de agentes terciarios, marginales reciclados y toda una fauna de vividores que han hecho de las campañas electorales el maná que les asegura el asenso social, que por cierto su vagancia e incapacidad les ha negado, continuará a costillas de este humilde y maltratado pueblo, que entre aumentos y expolios como la carretera a San Ramón, o la de Caldera, o los impuestos a las sociedades, o el selectivo de consumo a los combustibles, o el derecho al ruedo, ya ni siquiera se ocupa de esa cereza sobre el pastel que es la deuda política.

Por eso, precisamente por todo eso, cualquier ciudadano acostumbrado a decir las cosas por su nombre debería evidenciar la barbaridad implícita en que ciertos empresarios de la comunicación que vienen explotando el espectro radioeléctrico, que es un bien del Estado –no de ellos cabe recordarles cada vez que se pueda–, explotándolo por menos de $10 al año además, se alcen tan descaradamente contra la necesarísima reforma legislativa que los obligaría a cederle al Tribunal buena parte de la pauta que hoy venden por millones de dólares a los partidos políticos que después la cobran al Estado, es decir, a la clase trabajadora que es, como sabemos bien, la que paga la inmensa mayoría de los impuestos en este país, toda vez que también el sistema impositivo es tan regresivo como el que más.

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Tardía pero necesaria. Lo único que se le puede criticar al TSE en este caso, es haber tardado tanto en proponer lo que en otros países como México y Chile es una realidad añeja.

Siempre repetir, nunca crear, jamás atreverse a innovar. Si no lo han intentado otros antes, entonces, simplemente, no se puede. No es buena idea lo que no viene de fuera, lo que no ha sido manido ya en otras latitudes más atrevidas y oportunas, en una palabra: avanzadas. ¿Malinchismo, mediocridad o simple miedo al cambio? Da igual.

Prevenir que los partidos y las empresas de comunicación que explotan radioespectro se coludan es tan prioritario como evitar que al TSE le metan los goles que siempre han intentado meterle en el curso de una historia electoral signada por la impunidad.

Penalizar no resuelve nada. Las garantías propias del proceso penal contraindican esa salida. Que el TSE descargue sobre la fiscalía común, no es suficiente, siendo que en todo caso lo que tenía que hacerse desde un principio era crear una jurisdicción penal electoral que por especialidad conociera todo lo relativo a los delitos electorales incorporados en la última reforma a la ley especial, en cuenta una fiscalía a prueba de bala.

En todo este entramado, que el TSE domine la asignación de una porción relevante de la pauta electoral es, más que importante, neurálgico. Incluso, prerrequisito si se quiere democratizar lo que nos queda de democracia. Así por teledirigida o lo que es igual, por dolardirigida y en ese tanto, por plutocrática.

Inviable pero necesaria. Lo que duele en la cabeza, lo que de verdad arde en la conciencia, es que esta reforma es inviable, imposible si se quiere.

El establishment político no va a permitir semejante nivelación de terreno ni la oposición, que sigue opuesta hasta a sí misma y sin ninguna capacidad de remolque, es incapaz de dimensionar siquiera la relevancia de la reforma, mucho menos de impulsarla y amarrarla.

Así, seguiremos pagando los de siempre, malgastando los otros y cobrando el resto, no vaya a ser que se nuble esta “Suiza centroamericana”, se arrugue esta “democracia centenaria” o pierda su brillo este “Estado de Derecho”.

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Lo más inteligente sería armar un buen compendio de reformas electorales que se sometan a referendo, ignorando a la Asamblea Legislativa y con ello al poder político establecido, permitiendo en su lugar a la ciudadanía consciente elevar su influencia y darle vuelta a nuestro sistema político, evitando que el país se siga calentando y llegue a quemarse.

No por nada Ortega y Gasset suponía bien: “La democracia depende de un mísero detalle: el sistema electoral”.

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