Opinión

90 minutos por otras vidas

Actualizado el 12 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Los niños son el futuro, pero falta asegurar la calidad de vida en la vejez.

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Resulta loable y merece un reconocimiento de la ciudadanía la labor del comité organizador del evento deportivo 90 Minutos por la Vida, que realizan cada año y en el cual recaudan fondos para la atención de los niños con cáncer del Hospital Nacional de Niños. Sin embargo, me parece que este grupo o clubes de servicios deberían realizar actividades similares que podrían denominarse “90 minutos por otras vidas”, pensando en las personas que, como yo, están o vamos avanzando irremediablemente y de manera paulatina hacia la tercera edad, para facilitarnos una mejor calidad de vida ya que, entre otras razones, proporcionalmente tenemos una predisposición a una mayor incidencia de tumores malignos que los niños.

Para reconfirmar lo anterior, me baso en los datos que me suministró la Oficina Nacional de Tumores del Ministerio de Salud, según la cual, y depurando las últimas cifras tabuladas y suministradas del 2010, en la edad de 0 a 14 años con una población de 1,126.081, hubo 168 casos de tumores malignos, mientras que en los adultos mayores de 60 años, la incidencia fue de 5.958 casos en una población de apenas 440.421 personas, siendo los tumores de piel, mama y cérvix en las mujeres los más frecuentes, mientras que en hombres son piel, próstata y estómago, lo cual es una desproporción significativa entre la edad de la población y tumores malignos.

También son significativas las donaciones y ayudas económicas que sin dejar de reconocer su misticidad y entrega por sus pacientes, recibe el Hospital Nacional de Niños, ya que de diciembre a la fecha ha recaudado más de 1500 millones de colones, producto de la colaboración de la Junta de Protección Social, del evento arriba mencionado y de la Teletón, aportes de esta última entidad que, a mi parecer, debería ser rotatorio a otros hospitales del país. Además, recibe la importante ayuda de la Asociación Pro Hospital de Niños entre los que se encuentran la Fundación del Parque Nacional de Diversiones. Aparte de lo anterior, hace pocos días mi amigo el Dr. Orlando Urroz, director médico de ese hospital, anunció la firma de un fideicomiso para la construcción de la Torre de la Esperanza y recientemente se promueve la solicitud de donaciones para la compra de un hospital móvil para los niños. En comparación con otros, este hospital está privilegiado con los mejores consultorios entre los centros hospitalarios de la CCSS y el mejor parqueo de empleados, que cualquier institución pública pudiera tener.

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Crisis en hospitales. Mientras ahí se vive en la abundancia, algunos hospitales pasan crisis, como le sucedió al Hospital Monseñor Sanabria de Puntarenas, que después del terremoto del 5 de setiembre del año pasado y según la prensa, quedó colapsado, porque de 218 camas, solo se podían usar 40; de 8 quirófanos, solo 2 y la atención de consulta se brindaba en 12 lugares diferentes de la comunidad. Lo anterior provocó la saturación de los hospitales México y el de San Ramón. Entre otras necesidades hospitalarias a nivel nacional, el Dr. Fernando Morales, director del Hospital Dr. Raúl Blanco Cervantes, en artículo del foro a La Nación del 7 de enero anterior, está clamando por una torre geriátrica, para la atención de los ciudadanos de oro, porque la capacidad instalada actual es insuficiente. Los principios filosóficos de la CCSS, que pretenden una atención oportuna, eficiente y de buena calidad a los pacientes, según creo, no llevan el mismo cometido hacia los otros hospitales, pues, entre otros principios, no hay equidad, solidaridad ni igualdad. Basta ver, por ejemplo en mi ex-Hospital San Juan de Dios, que tiene, entre otras deficiencias, saturación del servicio de Emergencias, hacinamiento de la Consulta Externa, citas a largo plazo, etc.

Solidaridad con adultos mayores. En fin, creo conveniente más solidaridad con los adultos mayores y realizar actividades económicas en beneficio de ellos, como, por ejemplo, la Cadena del Adulto Mayor, que desde hace años no se realiza. Recordar que si los niños son el futuro del país, nosotros somos el presente de un pasado reciente y, como decía un párrafo del editorial de La Nación del 23 de marzo: “El país puede estar orgulloso de sus logros en la tarea de alargar la expectativa de vida, pero falta asegurar la calidad de la existencia en la vejez”. Por último, como solo me queda “berrear”, quiero solidarizarme, con un cartel de resistencia a la vejez que tenía un asilo de ancianos de hombres, en donde se leía: “Los viejos no son un problema ni un estorbo, porque viejos son los caminos y todavía echan polvo“.

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