24 junio, 2015

“No veo a los diputados ni al Presidente preocupados por lo que está pasando”. Esta frase corta, directa y concisa, pronunciada por el diputado del Partido Acción Ciudadana (PAC), Ottón Solís, refleja perfectamente el amargo sentimiento que agobia a la mayoría de los costarricenses a poco más de un año de las últimas elecciones.

Se perciben mínimos avances promovidos por el Poder Ejecutivo. Buena parte de los proyectos aprobados en los últimos meses son herencia de gobiernos anteriores, a los cuales el PAC criticó con absoluta vehemencia desde la oposición.

Los grandes anhelos y esperanzas por un país mejor se han visto truncados por la incapacidad demostrada en ejemplos tan burdos como el fracaso del Festival Internacional de la Artes 2015, la incapacidad de concertar fluidas negociaciones en el Congreso y evidentes falencias para manejar la cosa pública con pericia.

El interés partidista y la mezquindad de los diputados también están por encima del bien común. El deseo ávido de volver a sentir orgullo de la clase política que nos guía y que hace algunas décadas nos hizo sobresalir en el concierto de las naciones está muy lejos de materializarse.

“Es la misma cosa, la misma modorra y el mismo soponcio”, recalcó Ottón. Sin embargo, lo que él no dice es que, evidentemente, la dirigencia política costarricense –toda ella, tanto el oficialismo como la oposición– no ha entendido que el proyecto votado masivamente por un pueblo cansado e indignado del letargo y las corruptelas fue precisamente el proyecto primigenio del PAC, que vio la luz al iniciar el milenio y que –hay que decirlo y recalcarlo– Ottón Solís pensó y forjó; aquel proyecto político socialdemócrata donde las Katias Martín apadrinadas por los Henrys Mora, así como la ineficiencia, lentitud, la indecisión, el amiguismo y la deshonestidad descarada jamás tendrían de nuevo cabida.

Bastó con conocer el nombramiento de Juan Carlos Mendoza como representante del país ante la ONU, a pesar de su terrible labor a la cabeza del Congreso y a su obvio deseo de ver el plan fiscal propuesto por su mismo partido fracasar por intereses político-personales, para entender que este gobierno no empezaba su gestión con el pie derecho.

Grave error. El PAC está traicionando vilmente al pueblo de Costa Rica al no cortar de raíz corrientes internas que contravienen los valores fundamentales que atrajeron masivamente a los votantes en abril del 2014 y al no escuchar al gestor del proyecto país que, junto con gente como Alberto Cañas, se pensó al fundar este partido.

La oposición no se libra. Debería también asumir, de una vez por todas, el mensaje inequívoco del pueblo costarricense. Hay que ver la hipocresía con que el Partido Liberación Nacional niega ahora sus votos para algunas reformas que en su momento impulsó para apaciguar un poco el déficit fiscal creado tras dos de sus gobiernos.

Olvidan que el gran gasto en la planilla pública que hoy exigen cortar y que desangra las finanzas del país es su responsabilidad. Recuérdese, además, que si hoy no tenemos una reforma fiscal aprobada es porque errores estúpidos de forma en la tramitación del plan aprobado en primer debate en la Asamblea Legislativa –responsabilidad del Poder Ejecutivo– hicieron que la Sala Constitucional lo enterrara a pesar del tiempo, el esfuerzo y el desgaste sufrido por la entonces presidenta Laura Chinchilla y su gobierno.

¿Como es posible que una reforma al Reglamento legislativo planteada también por el PAC y otros partidos políticos esté agendada por tantos años? Me resulta imposible comprender por qué el Frente Amplio se empecina ahora contra medidas que ayudarían a agilizar la tramitación de las leyes que muchos costarricenses e instituciones internacionales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos reclaman decepcionados: fertilización in vitro , sociedades de convivencia, protección animal y muchas más.

El Reglamento legislativo es un dinosaurio que nos mata, que mata la capacidad de las instituciones democráticas para actuar eficientemente.

“No puede hacerse siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”, frase repetida y gastada, parece ser muy complicada de entender por los frenteamplistas. Su mezquindad se reproduce y continúa carcomiéndose las entrañas de un país que avanza aletargado y rindiéndose a la mediocridad. Ya basta. Poder Ejecutivo: terminen este “soponcio” que cada vez con mayor celeridad asesina y aplasta el potencial de Costa Rica.

Miguel Eduardo Mena Marín es administrador e Internacionalista. Reside en Bonn, Alemania.