Opinión

La ‘meritocracia’ en la función pública

Actualizado el 30 de mayo de 2014 a las 12:02 am

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La ‘meritocracia’ en la función pública

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Por años nuestro país fue manejado por un “círculo de amigos” de los gobernantes escogidos por el pueblo costarricense. La palabra “meritocracia” (merecer, obtener un puesto basado en el mérito) no existe en el diccionario de la Real Academia, ni tampoco como práctica de pasados gobiernos en la elección de jerarcas en la administración pública; sin embargo, en la administración e industria privada, la “meritocracia” es fundamental. Más adelante haré una comparación entre ambas.

Por este motivo, la actitud de nuestro presidente Luis Guillermo Solís, al decir que buscará personas idóneas para los puestos públicos, sin importar el partido político de donde vengan, lo hace resaltar en la historia de la escogencia de los funcionarios públicos. Ya no es una lucha por igualdad de sexos, raza, o de posición social: estamos poniendo sobre la mesa el currículum vítae de cada uno de los interesados en la función pública, y de ahí se escogerá a las personas idóneas para cada posición. Obviamente, existen los llamados “puestos de confianza”, pero aún en ellos, este nuevo gobierno promete escogencias relacionadas con los méritos y calificaciones de cada uno.

Evaluación. Me quiero enfocar en mi campo, las Bellas Artes, y hacer referencia de otros departamentos de nuestro Ministerio de Cultura y Juventud. La asignación de puestos en esta Dirección (que incluye lo relacionado con teatros, museos, etc.) y, sobre todo, de juntas directivas de diversas entidades (que son alrededor de 30), han sido ocupadas en el pasado en un significativo porcentaje por personas “no idóneas”. Podría ser, que no exista un “perfil adecuado” publicado para que los jerarcas se basen en él; o quizás, por falta de conocimiento, se ha pensado que “si fulanito o fulanita bailan bien, pues que manejen la Compañía Nacional de Danza”.

De la misma forma, muchos piensan que si alguien es músico, necesariamente es idóneo para manejar la Orquesta Sinfónica Nacional; y qué decir de la las juntas directivas… “Sí, mi amigo, al doctor le gusta la música, ¡pongámoslo acá!, y si a mi compadre, el abogado, le gustan las pinturas, pues lo ponemos en el Museo de…”. Y así, “a dedo”, sin los conocimientos adecuados, en el pasado se ha llenado un porcentaje de los cargos de este Ministerio.

Para la buena administración de una entidad, no solo se necesita mucho conocimiento sobre su área, sino un gran dominio en administración gerencial. Esto, sumado al hecho de que la persona debe tener un carácter afable, un liderazgo claro y un profesionalismo que le permita exigir que se lleven a cabo “al máximo” las funciones de cada miembro bajo su supervisión. No se trata de un concurso de “ Miss o Mr. Simpatía” que todos adoran.

Si lo comparamos con lo que sucede en la empresa privada, observamos que en esta, si el trabajo no se lleva a cabo idóneamente, ¡van para la calle!; y después de un par de fallos más, es el jefe quien pierde su trabajo. Igualmente, si las metas anuales no se realizan, se baja la puntuación, se pierden incentivos, etc.

Creo que solo la Orquesta Sinfónica Nacional sigue los procedimientos adecuados en cuanto a la escogencia de su director titular. Primero, primero se estudian los atestados de diversos directores de orquesta con amplia experiencia; los candidatos se traen a dirigir la orquesta en varias ocasiones y, una vez que se han probado sus destrezas y buena comunicación con los músicos (entre muchas otras cosas), una comisión técnica analiza si es la persona idónea o no, tomando en cuenta la opinión de todos los miembros de la orquesta.

Puestos meritorios. Apoyándonos en este ejemplo, no se puede designar en la dirección de un importante teatro a alguien que no haya previamente dirigido otro teatro (aunque sea de menor importancia), o que no tenga amplios conocimientos en administración, excelentes contactos en el medio artístico, capaz de mantener activo y creativo el lugar, que le importe la realidad cultural costarricense, la extensión cultural, etc.

Si pensamos en el Teatro Nacional o el Melico Salazar, hay tantas más cualidades que debe tener un dirigente al frente de estos centros artísticos, que ameritan estar escritas como guía para su escogencia.

Estamos en la “época del cambio” y esperamos que la nueva ministra de Cultura y Juventud haga la escogencia de los puestos de confianza y de las juntas directivas de las adscritas , de la manera correcta: por meritocracia.

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