Opinión

Es mejor que la energía sea nuestra

Actualizado el 20 de febrero de 2017 a las 12:00 am

Es mejor que el petróleo que consumimos sea nuestro, para crear riqueza aquí y no afuera

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La energía es el motor de una economía; sin ella, no habría ni desarrollo ni prosperidad. Y si esta se provee en condiciones de competitividad inferiores con respecto a otros países, adquirimos una importante desventaja competitiva.

El principal problema energético de Costa Rica son las funestas importaciones petroleras, las cuales representan casi el 66% del consumo energético nacional; mientras que, a nivel mundial, el petróleo representa solo el 31% del consumo energético. El ministro de Ambiente y Energía ha reconocido también que “en los próximos 50 años, Costa Rica seguirá dependiendo de los combustibles fósiles aunque se desarrollen otras alternativas”.

Las importaciones del país se incrementaron en un 7,9% entre el 2015 y 2016, de 19 a 20,5 millones de barriles, y este crecimiento continuará en el futuro. Recope estima que para el 2035, las importaciones petroleras se incrementarán en un 76% con respecto al 2015, para llegar a 33,5 millones de barriles.

Esta situación energética es la que crea las mayores desventajas para el país (altos costos, baja seguridad energética, pago de grandes cantidades de recursos fiscales y no fiscales a los países productores de petróleo, traslado al exterior de empleo bien pagado, entre otros). Sin embargo, no se está haciendo nada relevante y las importaciones petroleras crecen aceleradamente.

Esto nos obliga a transferir una gran y creciente cantidad de recursos fiscales y no fiscales a los países de donde provienen estas importaciones, y a pagar a las empresas, que realizan esas actividades en el exterior, la exploración, explotación y refinación de nuestras importaciones petroleras. Deberíamos utilizar todos estos recursos y crear esta gran riqueza en Costa Rica, no en el extranjero.

Por otra parte, las crecientes importaciones de derivados de petróleo se producen con petróleo explorado, extraído y refinado con una normativa ambiental menos estricta que la nuestra; por lo que los riesgos para el planeta de nuestro consumo petrolero son mayores que si los produjéramos aquí. Además, los barcos que transportan los derivados de petróleo al país, encarecen aún más los combustibles que consumimos y utilizan combustibles basados en el búnker, que es uno de los combustibles más sucios del mundo y de los que más emisiones generan, incluyendo gases de efecto invernadero.

La creciente importación petrolera debe resolverse cuanto antes y sin perjuicio del desarrollo de las energías renovables. Deberíamos asumir la responsabilidad de explorar y explotar gas natural y petróleo, en nuestro país, con normas ambientales estrictas; sin embargo, actualmente lo dejamos en manos de terceros en el extranjero con una normativa ambiental que ni conocemos, y que está enriqueciendo a otros.

Si durante las próximas décadas Costa Rica continuará consumiendo petróleo, y sin perjuicio del desarrollo de las energías renovables, ¿por qué importarlo si lo podríamos producir aquí? Es mejor que el petróleo que consumimos, y, eventualmente el gas natural, sean nuestros para crear riqueza aquí y no en el extranjero, y aplicar normas ambientales más estrictas que las que se aplican al petróleo que importamos.

El mundo consume relativamente menos petróleo en gran medida por la creciente participación de gas natural en el consumo energético mundial. Lo que más sorprende es que en nuestro país no introduzcamos el gas natural, que es mucho más barato y ambientalmente superior.

Con los recursos de la explotación nacional de gas natural y petróleo podríamos amortizar la deuda, reducir el déficit fiscal, financiar la transición energética y realizar grandes inversiones, incluyendo la inversión social.

Noruega, país ejemplar por sus indicadores económicos, sociales y ambientales, y que tiene una población similar a la de Costa Rica, financia el gasto e inversión social con recursos provenientes de la explotación de gas natural y petróleo, siempre en estricta protección del ambiente. Además, es uno de los países más ricos del mundo, ocupa el primer lugar en el mundo en el Índice de Desarrollo Humano y ostenta una alta posición en el Índice de Desempeño Ambiental; además de carreteras, trenes, metros, hospitales, clínicas, colegios y universidades de primer orden mundial.

No puedo entender cómo el gobierno rechaza el desarrollo económico y social y la generación de enormes ingresos fiscales, pero se aferra a golpear a los ciudadanos con impuestos.

La autora es diputada por el PML.

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