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Las medusas

Actualizado el 30 de junio de 2013 a las 12:02 am

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Las medusas

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Condenada de antemano al basurero, escribimos hace muchos años una alegoría basada en el naufragio de la fragata francesa “Medusa”, ocurrido en 1816 frente a la costa oriental de África y tras el cual unas 150 personas fueron abandonadas en una balsa improvisada. Después de poco más de dos semanas infernales, en las que hasta actos de canibalismo se produjeron, solo quedaban quince sobrevivientes. La catástrofe fue inmortalizada, en un notable lienzo, por el pintor Théodore Gericault.

En nuestra fábula, ocupaba un lugar en la balsa una extraordinaria cantante a quien, en los primeros días, sus acompañantes protegían de manera especial por considerarla un tesoro de la cultura francesa y por ser entre todos la más débil. Pero, como debía ocurrir, en cuanto la situación se tornó desesperante se impuso el pragmatismo que obedecía a los intereses -y a la desesperación- de los más listos; estos, al intuir que la única posibilidad de supervivencia se encontraba en un canibalismo por así decirlo legislado y bien reglamentado bajo el disfraz de la voluntad mayoritaria, eligieron, como la primera en ser servida, sin ser hervida siquiera, a una cantante de cuyos gorgoritos se podía prescindir por muy importantes que pudieran ser para la gloria de Francia, y cuyas proteínas serían eficientemente y glotonamente aprovechadas. Por supuesto, el chef encargado de ejecutar la sentencia de muerte carecía de la clarividencia necesaria para prever que su turno le llegaría cuando ya no hubiera lugar para más refinamientos gastronómicos.

En nuestro país y nuestros días, a las razonables objeciones presentadas por bien reputadas personalidades y organizaciones a una degradante modificación de la llamada ley de premios nacionales, sus promotores, una diputada del PLN y el Ministro de Cultura, respondieron con explicaciones bastante mezquinas -conste: mezquinas, no antropofágicas- ante las cuales solo quedan los recursos del silencio y la caricatura que, por lo demás, son los que le ha ido dejando a la opinión pública el proceso de “bulevardización ocurrencial” característico de la administración Chinchilla y de ciertas fracciones legislativas. Es inevitable que el ámbito de acción del Ministerio de Cultura sea el más marginal de todos los de este gobierno, aunque en él ni el ridículo ni la mediocridad corran el riesgo de resultar específicos. La escasez de fondos parece un lógico argumento para degollar a los cantantes de la balsa tica, pero no bajo una administración harto dispendiosa en su empeño de rescatar imágenes tan irredimibles como la de la Medusa de la mitología griega.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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