Por: Armando Mayorga 3 noviembre, 2016

Un sinsentido. Una irracionalidad. Una decisión populista y politiquera que promociona la vagabundería.

Solo así se puede describir el acuerdo del Concejo Municipal de Cartago de declarar todo un día de asueto –el lunes 31 de octubre–, para que los funcionarios salieran a celebrar el Día Nacional de la Mascarada Tradicional Costarricense.

Lo incomprensible es que el gobierno se hiciera cómplice de esta holgazanería al reafirmar por decreto número 39975-MGP del Ministerio de Gobernación y Policía el día libre para los empleados públicos del cantón central de Cartago.

La Federación de Estudiantes del Instituto Tecnológico (Feitec), con sede en el cantón, puso en evidencia cuán “irresponsable” es este asueto, pues cuestionó cómo se dio feriado todo un día cuando la fiesta, el desfile, se iniciaba a las 6 p. m. ¿Para qué necesitaban todo el día los trabajadores estatales?

La Feitec, incluso, le reclamó al gobierno el haber avalado ese día libre en momentos en que los estudiantes del TEC “han lidiado con cinco lunes libres en el período educativo de julio a octubre de este año, lo cual repercute en la calidad de la educación universitaria.

Pero, para colmo, son los estudiantes del Tecnológico los que deben recordar al gobierno de Luis Guillermo Solís de que es una “falta de prudencia” y de “coherencia” decretar más feriados mientras promueve la austeridad en el gasto público y demanda más recursos ante el déficit fiscal.

¿Midieron los regidores de Cartago y el mismo gobierno el impacto de esta decisión?

En su página en Facebook, la Coordinadora Cívica Cartaginesa publicó fotos de cómo se acumuló la basura en el cantón porque los trabajadores se espantaron ese día.

Allí, Jacqueline Picado Benavides contó que “el hospital de Cartago colapsó por la cantidad de consultas debido a que los Ebáis no laboraron; qué decisiones más irresponsables tomó ese concejo”.

Este asueto para celebrar el “Halloween a la tica” debe ser el primero, y el último, porque sienta un mal precedente pues otros cantones podrían verse tentados a declarar feriado el día del farol, el del tamal, el de la carreta o el del comal.

Y quien debe amarrarse los pantalones es el gobierno, que debe parar en seco el derroche de dinero público con el pago de feriados a sus empleados.

El autor es jefe de redacción en La Nación.