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Sobre la mala praxis médica

Actualizado el 19 de abril de 2013 a las 12:00 am

Debate sobre mala praxis en cirugías estéticas tiene implicaciones económicas.

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Recientemente, como palomitas de maíz, han reventado los casos de eventuales malas praxis médicas por procedimientos que han tenido como objetivo un resultado netamente cosmético y no necesariamente la acción de salvar vidas.

Hay una realidad que no podemos desconocer: dichosamente, los avances tecnológicos han facilitado el auge y en los últimos veinte años se han incrementado sustancialmente la cantidad de procedimientos médico-cosméticos en el mundo.

Hoy día, por ejemplo, ya no solo en Holywood se realizan implantes de senos y existen varias técnicas poco invasivas para resolver la inconformidad que muchos tienen por algún exceso de grasa en la zona abdominal. La fabricación de belleza hoy en día es posible. Como dicen: “ya no hay mujer u hombre feo, hay mujer u hombre pobre”.

Sin embargo, cuando un resultado esperado, en el caso de un tratamiento netamente cosmético, termina en una calamidad, no siempre es mala praxis ni tampoco siempre hay una justificación iatrogénica para el asunto y que justifique el comportamiento del galeno implicado.

Tampoco podemos tratar a los casos de mala praxis por procedimientos plásticos como a las otras ramas de la medicina y que tienen por objeto el salvamiento de vidas en forma directa, como por ejemplo la cardiología o la infectología, entre otros. Este tipo de galenos asumen una “obligación de medios”, es decir, hacer lo posible, con el conocimiento que tienen, de salvar la vida del paciente, y no más que eso. Esto es justificable porque nadie está obligado a lo imposible.

Sin embargo, esa norma general (la obligación de medios), en el mundo moderno tiene una excepción, ya que no aplica para las cirugías plásticas cosméticas. Con el auge de este tipo de procedimientos, la doctrina y la jurisprudencia internacional han entendido que el estándar que se debe tener en estos casos es el de una “obligación de resultados” y no de “medios”. Es decir, el galeno debe asumir la obligación de brindar el resultado para el cual el o la paciente lo contratan pues de lo contrario es probable que no asuman el riesgo de la intervención. Esto es entendible, especialmente cuando recientemente hemos visto la campaña que han hecho los cirujanos plásticos sobre la gran cantidad de años que tienen que estudiar para ser tales, ya que a mayor conocimiento, mayor es la responsabilidad.

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Ahora bien, evidentemente cada asunto es diferente, pero el debate nacional es uno solo. No podemos satanizar este tipo de procedimientos ya que muchos procedimientos cosméticos se realizan diariamente sin complicación alguna. Tampoco podemos afirmar que un médico por ser cirujano plástico es mejor que otro que no lo es, pues en honor a la verdad, ya está sumamente comprobado que la impericia, la negligencia y imprudencia no respetan clases sociales o nivel académico o de escolaridad. Tampoco podemos echar en una misma canasta a médicos que son muy diligentes y responsables junto con aquellos que no lo son.

El debate apenas empieza. Esta discusión también tiene implicaciones económicas pues es sabido la cantidad de millones que representa este segmento de mercado tanto a nivel nacional como de turismo médico. Hay que tener mucho cuidado pues podría utilizarse la excusa de la salud pública para crear un monopolio que beneficie solo a unos pocos.

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