Por: Armando Mayorga 2 febrero

El 21 de febrero del 2001, cuando estaba por darse su reelección para un tercer “mandato” de ocho años como magistrado del Poder Judicial, un periodista le preguntó a don Jesús Ramírez: “¿No es hora de abrir campo a nuevas generaciones?”. Su respuesta fue: “Las nuevas generaciones van a tener su oportunidad”. Pasaron los años, 16, y esa oportunidad para la sangre nueva aún no llega. Don Jesús ha anunciado que quiere seguir en el cargo.

Eso, pese a que tiene 74 años y una pensión de ¢7,7 millones aprobada en el 2012.

Para él, los 32 años como magistrado de la Sala Tercera –asuntos penales– han sido insuficientes pues anhela llegar a 40 años en el cargo.

Con todo respeto a su persona y a su carrera, don Jesús debería reconsiderar su decisión y renunciar a convertirse en magistrado de por vida.

El Poder Judicial, como toda institución o empresa, requiere de un cambio generacional, de cuerpos con energía y, sobre todo, de mentes frescas y actualizadas.

Con todo respeto, es hora de permitir y no de restringir el acceso de profesionales con buenos currículos y mucha experiencia. Al igual que el sistema le permitió a él aportar al desarrollo judicial desde 1962, es conveniente que se aparte y permita a otros aportar con su pensamiento.

Las pretensiones de don Jesús solo dan justificación a un proyecto de ley (expediente 20.020) que limita a dos periodos (16 años) la función de un magistrado.

Igualmente, el sistema de reelección urge de un cambio porque prácticamente les garantiza a los 22 magistrados la renovación: se requieren 38 votos para no ser reelecto. Debería ser al revés: exigirse 38 votos para reelegirse.

En el caso de don Jesús, ha sido reelegido por el sistema, no por clara voluntad de los diputados. En 1993, tuvo solo 17 votos a favor y 37 en contra. En el 2001, 23 a favor y 29 en contra, y en 2009 logró continuar por una omisión de los legisladores, quienes dejaron vencer el plazo para decidir su reelección: Silencio positivo. Ahora, el PLN y el PUSC dan señales de que lo perpetuarán vía silencio. Otra reelección así, con pena y nada de gloria, debería sugerir al candidato que es momento de dar a otros la “oportunidad” que prometió hace 16 años.

Armando Mayorga es jefe de redacción en La Nación.