Opinión

La madre de todas las crisis

Actualizado el 09 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

El orden mundial surgió de dos grandes crisis: la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial

Opinión

La madre de todas las crisis

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

PRINCETON – A primera vista, las grandes crisis internacionales de la actualidad no parecen tener mucho en común. Algunas, como el drama de la deuda griega, son desastres económicos; otras, como la implosión de Siria, se caracterizan por la brutalidad y el caos político; y otras son un poco de cada cosa, notablemente, la difícil situación de Ucrania. Pero aunque las autoridades tal vez crean otra cosa, no son hechos desconectados. Por el contrario, son reflejo de una crisis de integración y cooperación internacional más profunda.

En los últimos 60 años, el mundo experimentó paz y prosperidad como nunca antes, por una sencilla razón: la integración voluntaria de los países en una comunidad internacional sostenida por reglas y normas compartidas. Ahora esta tendencia cedió paso a respuestas fragmentarias a las crisis (trátese de medidas de austeridad o control localizado de daños), basadas en el error de suponer que problemas como los de Grecia, Siria y Ucrania terminarán resolviéndose solos.

Al pretender hacer frente a las crisis con arreglos provisorios, los líderes mundiales parecen haber olvidado lo independiente que se volvió el mundo. La agitación o el estancamiento en una parte de un sistema complejo puede generar consecuencias desproporcionadas en otras partes; por ejemplo, una crisis de refugiados o un súbito aumento de la desigualdad.

La debilidad económica de Europa (que en parte se perpetuó porque la dirigencia europea se empecinó en ir pateando los problemas para adelante en vez de buscar soluciones integrales) tuvo serias consecuencias para Ucrania, que ahora está al borde de un colapso. Se prevé que a fin de este año la economía ucraniana será un 15% menor que en el 2013, y su cociente deuda/PIB podría andar cerca del 200%, más que en el peor momento de Grecia. Y la seguridad del este del país se está deteriorando.

No se puede esperar que los acreedores sean más comprensivos con Ucrania que con Grecia, un país miembro de la eurozona. Pero una postura inflexible con Ucrania en momentos en que el país libra una guerra con Rusia puede poner en riesgo el cinturón protector estratégico de Europa desde el Báltico a los Balcanes.

El economista Albert O. Hirschman señaló que las crisis pueden ser integradoras o desintegradoras. Cuando personas y organizaciones enfrentadas a la adversidad pierden su fe en las autoridades, pueden “salirse” de las instituciones y las sociedades que las vinculan o unirse para revitalizarlas.

Por desgracia, las crisis actuales hasta ahora parecen haber sido en gran medida desintegradoras. Piénsese en la fuga de capitales, que obligó a Grecia a imponer controles. Es cierto que mecanismos de salida como este pueden tener efectos positivos. En el siglo XVIII, la fuga de capitales mantenía a raya la codicia de los gobernantes. Adam Smith veía el aumento de movilidad del capital como una fuerza que fomentaría políticas públicas esclarecidas al servicio del interés general.

Pero en el mundo interconectado de hoy, el capital puede moverse con mucha más rapidez y a muchos más destinos, cruzando fronteras con un simple clic. Además, la industria financiera global es en gran medida autónoma, y la mueve más el interés propio que la aspiración al bien común.

Como hemos visto en Europa desde el 2010, en Ucrania y más recientemente en Puerto Rico, la permanente posibilidad de huida desalienta el compromiso de los inversores.

Mientras las autoridades se esfuerzan por obtener consenso para una agenda de reformas, las perspectivas de renovar los pactos y las políticas de los que dependen la integración y la cooperación se deterioran.

Pero el mundo no está en modo alguno condenado a degenerar en un caos. La actual crisis de integración internacional puede convertirse en catalizador para renovar o revitalizar el sistema internacional.

No sería la primera vez. El orden mundial actual surgió de dos grandes crisis, la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, que llevaron a los países a crear los pactos sociales y las instituciones económicas que sostuvieron varias décadas de paz y prosperidad.

Para asegurar que una crisis produzca una respuesta integradora constructiva, las autoridades deben cambiar su modo de pensar. En vez de ver solamente problemas que exigen contención, deberían ver las crisis como oportunidades para el progreso.

Hoy tenemos importantes políticas integradoras a nuestro alcance.

En el frente económico, las autoridades deben dejar de volcar dinero público a rescates que benefician a los acreedores privados en desmedro de los contribuyentes; y poner fin a programas de austeridad que anulan las perspectivas de crecimiento y no resuelven el problema subyacente de la deuda.

También reformar los sistemas tributarios y mejorar la cooperación para reducir la evasión fiscal, de modo de invertir la recaudación adicional en infraestructuras físicas y educación. Tales medidas crearán empleo ahora y asegurarán la prosperidad futura.

También se necesitan medidas políticas. Europa necesita un marco más democrático que mantenga a los grupos financieros en la mesa de negociación. Asimismo, ahora que la entrada de Ucrania a la OTAN quedó en papel mojado, Occidente debe actuar para aliviar las tensiones con Rusia, a fin de garantizar que siga participando en los intentos internacionales de resolver las amenazas más graves (como lo hizo durante la negociación del reciente acuerdo para poner límites al programa nuclear iraní).

Seguir postergando los problemas no puede traer sino un resultado: desintegración. Solo cuando los líderes mundiales reconozcan el origen común y la interconexión de las crisis internacionales actuales estarán en condiciones de resolverlas efectivamente.

Jeremy Adelman es director del Laboratorio de Historia Global en la Universidad de Princeton.

Anne-Laure Delatte es becaria del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia y profesora visitante en la Universidad de Princeton. © Project Syndicate 1995–2015

  • Comparta este artículo
Opinión

La madre de todas las crisis

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota