Opinión

Mi madre… hace 100 años

Actualizado el 15 de agosto de 2014 a las 12:00 am

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Mi madre… hace 100 años

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¿Quién inventó el Día de la Madre? Me dicen que fue Napoleón, aquel también, según el cual, con las bayonetas, se puede hacer de todo, excepto sentarse en ellas… Está bien, el recordatorio: hasta el Principito aquel lo recomendaba: “Hay que vestir el corazón, hacen falta ritos”. Pero, más allá de regalos y atenciones materiales, conviene el agradecimiento. Así me pasa. Y, como el conflicto en Oriente Medio nos debe hacer pensar en tantas madres desamparadas, tantos hijos: seres humanos todos…, echo una mirada a las Memorias de mamá, nacida en 1907. Los alemanes entraron el 4 de agosto de 1914 a Bélgica, entonces país neutral, con miras a atacar a Francia. Mamá nos cuenta, sobre el inicio de la Primera Guerra Mundial, en las afueras de Malinas:

“Fue lo primero que viví de forma consciente y, por así decirlo, me forzó a despertar. Aunque no entendíamos mucho, sentíamos el miedo de nuestros padres. Pasábamos de la mañana hasta la noche en el sótano, hasta dormíamos en él. A nosotros nunca nos dejaban subir. Papá y mamá a veces sí lo hacían, sobre todo para traer algo para comer o tomar. Luego de un buen rato de esto, una vez nos dejaron y de repente pasó un automóvil abierto. Pronto, en cada esquina había un soldado alemán con un arma, listo para disparar y... otra vez de vuelta para el sótano.

“Gradualmente íbamos escuchando más disparos y, luego de unos días, nos llegaron a avisar que se estaba volviendo demasiado peligroso, que el invasor se acercaba más y más, y que, mejor, huyéramos. Papá cruzó la calle hacia donde su hermana y entre las dos familias y mi abuela, anciana y casi ciega, nos echamos a caminar. Nunca olvidaré lo que vimos en ese momento en nuestra calle: muertos, heridos quejándose y gritando, soldados y caballos en la calle, pero, sobre todo, en los canales. Realmente, un espectáculo inolvidable”.

Gracias a Internet, ahora quedan muy documentadas esas crueldades, específicamente para la zona donde vivía mi madre. El ocupante, como arma utilizó indiscriminadamente el terror contra la población civil, aparte de una lanza larga. En anticipación al Blitzkrieg de la Segunda Guerra Mundial, los elementos de sorpresa y rapidez se aseguraban con un tipo de soldados, “ulanos”: caballería en acción, con “caballeros” hasta borrachos.

Sigue mi madre:

“Pasada la ciudad de Malinas, mejoró el panorama y cogimos la Calzada de Amberes. Pero de ahí en adelante teníamos que seguir por campos y zanjas: la vía principal quedaba reservada a los soldados. Nunca antes había visto tantos caballos. Cuando salimos de casa, nuestros padres nos habían dado un pequeño paquete a cada uno. Supongo que era algo de ropa y también un poco de comida. El cansancio me estaba poniendo fastidiosa. Le dije a mamá: ‘Ese paquete ya no lo aguanto’. Me contestó: ‘Dámelo a mí y agarra bien mis faldas para que no te pierdas’ (ella llevaba entonces ropa larga y holgada)”.

Asocio con Madre coraje , la de Brecht y de siempre… Por suerte era verano. En el caso concreto, “solo” eran unos 25 kilómetros a pie, por lo que entiendo, en dos días… ¡pero mi mamá, la menor, apenas tenía siete años!

Siguen sus recuerdos:

“Después de una tremenda caminata nos topamos con unos oficiales de policía. Intentaron mandarnos de vuelta señalando que era inútil seguir porque los alemanes ya habían llegado ahí también. Pero papá no se dejó y les contestó que más adelante había un albergue donde vivían unos miembros de la familia. No era cierto, pero así nos dejaron seguir. Por ahí terminamos pasando la noche, pero ¡de qué manera!... Otra experiencia que nunca olvidaré: dormimos catorce niños en una mesa de billar. Las cabecitas para dentro y las piernas colgando. ¿Los adultos? Sentados en una silla o por el suelo”.

Sigo yo: el 25 de agosto, hace 100 años, empezó un bombardeo de cinco días sobre Amberes. También de allí casi todos huyeron. Mi madre había empezado una vida de más de cuatro años como refugiada... Gracias, mamá. Pero digo yo, viendo el Medio Oriente: ¿hemos evolucionado?

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