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Una luz de esperanza brillapara las ciudades

Actualizado el 22 de mayo de 2014 a las 12:00 am

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Una luz de esperanza brillapara las ciudades

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NUEVA YORK – El mes pasado, se llevó a cabo en Medellín, Colombia, una reunión que vale la pena destacar. Se reunieron unas 22.000 personas para participar en el Foro Urbano Mundial y allí examinaron el tema del futuro de las ciudades. La atención se centró en la creación de “ciudades por la vida”, es decir, en la promoción de un desarrollo equitativo dentro de los entornos urbanos, que son los lugares donde una mayoría de los ciudadanos del mundo viven en la actualidad, y que serán los sitios donde dos terceras partes de ellos residirán hasta el año 2050.

La reunión se celebró en un lugar que de por sí es simbólico: la ciudad de Medellín, que otrora fue conocida por sus bandas de narcotraficantes, y que ahora cuenta con una bien merecida reputación que la destaca como una de las ciudades más innovadoras del mundo. La historia de la transformación de esta ciudad encierra importantes lecciones para las zonas urbanas de todo el mundo.

En las décadas de los años 80 y 90, los jefes de los carteles como el mal afamado Pablo Escobar gobernaban las calles de Medellín y controlaban sus políticas. La fuente del poder de Escobar no fue solamente el altamente lucrativo comercio internacional de la cocaína (impulsado por la demanda en los Estados Unidos), sino que también lo fue la desigualdad extrema en Medellín y en toda Colombia. En las empinadas laderas del valle que acuna a la ciudad, extensas barriadas, prácticamente abandonadas por el Gobierno, proporcionaban un suministro fácilmente disponible de reclutas para los carteles. Frente a la ausencia de servicios públicos, Escobar ganó los corazones de los más pobres de Medellín con su generosidad, incluso mientras paralelamente aterrorizaba a la ciudad.

PAUL LACHINE
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PAUL LACHINE

Hoy en día, dichas barriadas son prácticamente irreconocibles. En el barrio pobre de Santo Domingo, el nuevo sistema de metrocable, que consiste en tres líneas de cabinas aéreas, presta servicios a los residentes trasladándolos hacia y desde cientos de metros de altura en la ladera de la montaña, poniendo fin así a su aislamiento del centro de la ciudad. El viaje ahora dura solamente unos minutos y las barreras sociales y económicas entre los asentamientos informales y el resto de la ciudad se encuentran en camino a desmoronarse.

Los problemas de los barrios pobres de la ciudad no se han desvanecido, pero los beneficios que las mejoras en infraestructura han traído consigo se pueden evidenciar de manera brillante en casas bien cuidadas, en murales y en campos de fútbol encaramados cerca de las estaciones del teleférico. El metrocable es solamente el más emblemático de los proyectos urbanos por los cuales, el año pasado, Medellín ganó el Premio Verónica Rudgeal al diseño urbano verde, de la Universidad de Harvard, que es el premio más prestigioso en dicho campo.

Comenzando con el gobierno municipal de Sergio Fajardo (ahora gobernador del Departamento de Antioquía, cuya capital es Medellín), quien asumió el cargo en el año 2004, la ciudad ha realizado grandes esfuerzos para transformar sus barriadas, mejorar la educación y promover el desarrollo. (El actual alcalde, Aníbal Gaviria, ha aseverado su compromiso para continuar en este camino).

Medellín construye edificios públicos de vanguardia en las zonas que en el pasado fueron las más deterioradas, proporciona pintura para casas a los ciudadanos que viven en los distritos pobres, y limpia y mejora las calles, todo esto bajo el convencimiento de que, si se trata a las personas con dignidad, ellas valorarán su entorno y se enorgullecerán de sus comunidades. Y la veracidad de dicho convencimiento ha sido más que confirmada.

A lo largo de todo el mundo, las ciudades son a la vez la ubicación y el centro de los principales debates de la sociedad, y esto ocurre por una buena razón. Cuando las personas viven en espacios reducidos, ellas no pueden evitar confrontarse con problemas sociales de gran importancia, como, por ejemplo, la creciente desigualdad, la degradación del medioambiente y la inversión pública inadecuada.

El Foro recordó a los participantes que las ciudades habitables requieren planificación, un mensaje no concordante con las actitudes que prevalecen en gran parte del mundo. No obstante, sin planificación e inversión pública en infraestructuras, sin transporte público, sin parques, y sin el suministro de agua potable y saneamiento básico, las ciudades no serán habitables. Y son los pobres los que inevitablemente sufren más por la ausencia de dichos bienes públicos.

La ciudad de Medellín es también portadora de algunas lecciones para EE. UU. De hecho, un estudio de investigación reciente muestra cómo la planificación inadecuada ha alimentado la segregación económica en Estados Unidos, y cómo las trampas de pobreza han formado ciudades sin transporte público, debido a la escasez de puestos de trabajo accesibles.

La conferencia fue más allá de esto: hizo hincapié en que no es suficiente lograr “ciudades habitables”. Llegó a la conclusión de que tenemos que crear zonas urbanas en las que las personas puedan prosperar e innovar. No es casualidad que la Ilustración –que a su vez condujo hacia los más rápidos y más grandes avances en la historia de la humanidad en cuanto a mejorar los estándares de vida de las personas– se hubiese desarrollado en las ciudades. El desarrollo de nuevas formas de pensar es una consecuencia natural de la alta densidad poblacional, siempre y cuando se tengan las condiciones adecuadas para ello, las cuales incluyen espacios públicos donde las personas puedan interactuar y la cultura pueda prosperar, y se tenga un etos democrático que reciba de buen agrado y aliente la participación del público.

Un tema clave que se consideró durante el Foro fue el consenso emergente sobre la necesidad de lograr un desarrollo que sea sostenible en cuanto a sus aspectos medioambientales, sociales y económicos. Todos estos aspectos de la sostenibilidad están entrelazados entre sí y son complementarios, y las ciudades proporcionan el contexto en el que todos ellos se presentan con mayor claridad.

Uno de los mayores obstáculos para el logro de la sostenibilidad es la desigualdad. Nuestras economías, nuestras democracias y nuestras sociedades pagan un alto precio por la creciente brecha entre ricos y pobres. Asimismo, en muchísimos países es posible que el aspecto que siembre más cizaña, en relación a la cada vez más amplia brecha de ingresos y riqueza, sea la profundización de la desigualdad de oportunidades.

Algunas ciudades han demostrado que estos patrones ampliamente observados no son el resultado de las inmutables leyes de la economía. Incluso, en el país avanzado con la más alta desigualdad en el mundo –Estados Unidos–, algunas ciudades, como, por ejemplo, San Francisco y San José, pueden ser comparadas con las economías de mejor desempeño en términos de la igualdad de oportunidades que brindan.

Teniendo en cuenta la parálisis política que aflige a muchos Gobiernos nacionales alrededor del mundo, las ciudades con visión de futuro se están convirtiendo en faros de esperanza. Un EE. UU. dividido parece incapaz de poder abordar su alarmante incremento en la desigualdad. Sin embargo, en la ciudad de Nueva York, el alcalde Bill de Blasio fue elegido con la promesa de hacer algo al respecto.

Si bien existen límites para lo que puede hacerse a nivel local –debido a que, entre otros aspectos, los impuestos nacionales proporcionan muchísimos más recursos que los impuestos municipales–, las ciudades, por ejemplo, pueden ayudar a garantizar la disponibilidad de viviendas asequibles. Y las ciudades tienen a su cargo, de manera muy especial, la responsabilidad de proporcionar educación y servicios públicos de alta calidad para todos, independientemente de los ingresos que las personas puedan tener.

Medellín y el Foro Urbano Mundial han demostrado que esto no es solamente una quimera. Es posible vivir en otro mundo, solamente necesitamos de voluntad política para lograrlo.

Joseph E. Stiglitz, premio nobel de economía, es profesor universitario en la Universidad de Columbia. Su libro más reciente es El precio de la desigualdad: el 1% de la población tiene lo que el 99% necesita. © Project Syndicate.

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