Más de 70 países penan las relaciones sexuales consensuadas entre adultos del mismo sexo

 30 junio, 2015

El Día del Orgullo Gay se conmemora generalmente a escala mundial el 28 de junio. Alrededor de la celebración, las organizaciones que agrupan la población de gais, lesbianas, bisexuales, travestis, transgéneros y transexuales, se coordinan talleres, conferencias y discursos con el objetivo de combatir la homofobia, la transfobia, la tortura, el estigma, los tratos crueles, inhumanos, y degradantes, así como otros tipos de discriminación.

Concomitantemente se promueve la tolerancia, la justicia, el respecto, la dignidad, la visibilidad como grupo social, la diversidad sexual y la variación de género. Se llevan a cabo reuniones con líderes o activistas por la igualdad y con defensores de los derechos humanos; además, se exigen legislaciones igualitarias y otras reivindicaciones.

Las diversas planificaciones también abarcan programas educativos para contrarrestar la epidemia del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y el sida y se ofrece, de manera confidencial, la prueba de detección del VIH y otras infecciones de transmisión sexual.

Más allá de las actividades y del desfile, la reflexión debe enfocarse en la razón de la primera marcha del orgullo gay en EE. UU., ocurrida en 1970, un año después de la rebelión de Stonewall.

Lucha por el respeto. En las décadas de 1950 y 1960 las redadas de policías eran comunes en los bares frecuentados por personas gais. La madrugada del sábado 28 de junio de 1969 parecía ser un día habitual, pero todo se alteró en un abrir y cerrar de ojos, cuando la policía neoyorquina irrumpió entrando al Stonewall Inn Bar, ubicado en la popular Christopher Street del Greenwich Village, en la ciudad de Nueva York.

Cansados de los frecuentes abusos, los apresamientos injustificados, las amenazas y las golpizas que le propinaban los agentes policiales, los hombres y mujeres reaccionaron enfrentando a la policía de la referida ciudad. La rebelión se propago durante tres noches y en las calles de esa ciudad se iniciaron violentas revueltas. Las manifestaciones dejaron decenas de heridos y arrestos. Nunca más el bar fue invadido.

A raíz de esos reclamos nació el movimiento de liberación gay, para exigir el derecho a vivir sin ser molestados.

Los miembros comenzaron a organizarse y se formaron los primeros grupos que reclamaban reconocimiento legal e igualdad de derechos, no sólo en EE. UU., sino también en otras partes del planeta.

Discriminación persiste. Lamentablemente, más de 70 estados del mundo al día de hoy, penalizan las relaciones sexuales de mutuo acuerdo entre adultos del mismo sexo. Gais, lesbianas, bisexuales, travestis, transgéneros, transexuales y personas en transición, injustamente sufren graves abusos contra su integridad física y emocional por motivo de su orientación o identidad sexual o por parecer diferentes. Igualmente muchos pierden sus empleos, pueden ser violados, arrestados, enjuiciados e incluso pueden ser castigados a cadena perpetua y hasta ser ejecutados.

En algunos casos reciben maltratos y rechazos en el hogar, y llegan a ser expulsados de su entorno familiar, aún estando en la adolescencia.

Es preocupante saber que personas en esta situación, al no tener los recursos económicos para rentar una vivienda, al estar sin hogar, se ven obligadas a dormir en las calles de nuestras ciudades y a estar desprotegidas.

Algunos se ven obligados a dedicarse al trabajo sexual como modo de supervivencia. Este círculo vicioso los coloca en una posición de vulnerabilidad, pues en ocasiones tienen que ejercer el oficio sin protección, y muchas veces sufren ataques psicológicos y físicos que pueden terminar en fatales consecuencias.

En otros casos, por los diversos desplazamientos y obstáculos políticos y sociales, es común ver una gran cantidad de personas VIH positivos, con sida, tuberculosis pulmonar y otras complicaciones médicas, siendo entonces doblemente discriminados.

Por tales razones, es oportuna la ocasión para hacer un llamado a los diversos gobiernos del mundo, que aún mantienen leyes discriminatorias, para que modifiquen sus legislaciones e incluyan en sus políticas sociales hogares de acogida para estos miembros del colectivo que están en situaciones vulnerables.

Exhorto a toda la población a no discriminar en razón de la orientación sexual o de género, raza, nacionalidad, etc.

Esto se logra respetando los derechos humanos de los demás. De igual manera, les invito a informarse sobre estos temas y a participar en conferencias al respecto, manteniendo las líneas de comunicación abiertas con las personas que usted cree que son diferentes a usted, y buscando asesoría con expertos profesionales.

(*) El autor es médico y trabaja en prevención del VIH y enfermedades de transmisión sexual en EE.UU.