Aprendamos la lección de lo que ha pasado recientemente y en el pasado con otros bancos

 19 octubre

Es a finales del siglo XIX que evoluciona la banca costarricense ante un sector cafetalero que fortalece su actividad económica, social y política. En 1863, se crea el Banco Anglo Costarricense, con la incorporación de cheques y operaciones de crédito. En 1877, se funda el Banco de la Unión, dedicado a prestar, recibir depósitos y otras actividades bancarias. En 1890, se convierte en el actual Banco de Costa Rica (BCR).

En 1914, en la administración de Alfredo González Flores, nace el Banco Internacional de Costa Rica, que luego se convierte en el Banco Nacional (BN). El Banco Crédito Agrícola fue creado en 1918 y su objetivo era apoyar el desarrollo económico y social de la provincia de Cartago. En 1976, este banco funda Bicsa, que luego es cedido al BCR y al BN.

En 1945, se forma el Banco Central con autoridad máxima, como órgano independiente de la política monetaria, económica y crediticia. Es en 1948, con la formación de la Segunda República, liderada por don José Figueres Ferrer, que se decreta la nacionalización bancaria en la recepción de los depósitos del público.

Ruptura de monopolio. En el gobierno de José María Figueres se rompe el monopolio de las cuentas corrientes y el redescuento. El expresidente afirma: “En su momento, el PLN tomó decisiones valientes porque eran las que más le convenían al país, y hoy vuelve a tomar decisiones igualmente inteligentes”.

Con la apertura de la banca privada, se inicia una importante competencia que obligó a los bancos estatales a ser más eficientes, reducir costos operativos, profesionalizarse, incorporar mayor tecnología e innovación y ofrecer más productos y servicios. Con este cambio estructural, se establece el peaje de un 17 % de las captaciones de la banca privada, que deben depositarse en un banco estatal a una tasa menor y conforman hoy la base de la banca de desarrollo con más de $500 millones.

Cajeros automáticos, nuevos medios de pago, reducción de las tasas de interés, más sucursales y una nueva cultura de servicio, sirvió para la modernización y mejora de los servicios. Los bancos estatales se han fortalecido y compiten con gran éxito con los privados.

La Sugef y el SFN. El Sistema Financiero Nacional (SFN) es supervisado por la Superintendencia General de Entidades Financieras (Sugef), fundada en 1995, con la tarea de analizar la solvencia, el riesgo, el endeudamiento y, en general, la vulnerabilidad de las entidades financieras que conforman el SFN.

La Sugef debe analizar la capacidad de pago de los deudores, la acumulación de deuda pública, la tensión financiera y los riesgos cambiarios. Es su obligación velar por el cumplimiento del gobierno corporativo y su correcto funcionamiento, pues los bancos desempeñan un papel clave en la economía, por su intermediación y movilidad de capital.

El SFN está formado por dos bancos comerciales del Estado creados por leyes especiales, 12 bancos privados, cooperativas, entidades financieras de vivienda, cajas de ahorro y otras entidades.

Intervenciones. Es importante destacar que en el 2018 se cumplen 70 años de la nacionalización bancaria que nació para darle impulso al desarrollo económico y social de Costa Rica. Su compromiso siempre ha sido el impulso de importantes obras de infraestructura y el nuevo modelo agrícola, industrial y comercial.

Nuestra banca estatal ha sido vital en nuestro desarrollo, apoyando la salud, la educación, la inclusión de pymes y una cultura de gran responsabilidad social. Los bancos, aparte del impuesto sobre la renta, aportan el 10 % de sus utilidades al Infocoop, el 3 % a la Comisión Nacional de Emergencias, el 5 % a Conape y al Régimen de Invalidez, Vejez y Muerte con una carga creciente.

No obstante los importantes aportes de la banca estatal a la sociedad , el Banco Anglo debió ser intervenido y clausurado en 1994, debido a serios problemas de liquidez, falta de transparencia, gastos excesivos, problemas de solvencia, malas inversiones y créditos de alto riesgo. Esta situación se dio por problemas de supervisión y estructuración del gobierno corporativo y gerencial.

Este año, el Banco Crédito Agrícola de Cartago (Bancrédito) debió también ser intervenido por sus altos costos administrativos y problemas con la cartera de crédito. A este banco regional, de acuerdo con una directriz presidencial, se le dio un giro para dedicarlo a banca de desarrollo y dejar de actuar como intermediario financiero.

Como parte de su metamorfosis, deberá reducir drásticamente sus costos operativos y tratar de vender los activos inoperantes y su cartera de crédito. Hasta la fecha, ya se vendió el 62 % de las carteras de crédito a otros bancos y quedan pendientes ¢140.000 millones de preocupante recuperación.

El gobierno, a través del Ministerio de Hacienda, tuvo que colocar ¢118.000 millones para cumplir sus obligaciones con terceros.

Cemento chino. Es preocupante como ahora se abre un nuevo capítulo, donde un grupo de bancos estatales se precipitan a prestar a un grupo empresarial más de $43 millones sin un estricto análisis técnico-financiero que de rigor debe darse a cada cliente.

No puede ser que el BCR preste a una empresa como Sinocen Costa Rica $30 millones sin suficientes garantías y análisis de su capacidad de pago, solvencia y fortaleza empresarial de acuerdo con la evaluación hecha por la Sugef. Situación que exige hoy al BCR hacer reservas por ¢10.000 millones, que afectarán su rentabilidad.

Lo alarmante es que dicho grupo empresarial, liderado por Juan Carlos Bolaños, del Grupo JCB, no solo obtuvo créditos del BCR, también de Bancrédito por $5,2 millones, del Banco Popular por $5 millones, del Banco Nacional por $3,1 millones y de Bicsa por $450.000 para un total de $43,75 millones de dólares.

¿Como consiguió este empresario tanta influencia política superior? ¿Qué capacidad de pago tiene el Grupo JCB? ¿Qué papel desempeñaron los directores y los comités de crédito en esta situación? ¿Dónde estaba la supervisión de la Sugef y las auditorías? ¿Cuál es la capacidad de pago real?

Es preocupante que, con tanto control y gobiernos corporativos, estemos viviendo esta situación, que se agrava también por el cuestionado crédito a Coopelesca por $32,7 del BCR.

Algo tenemos que hacer para blindar a los bancos estatales de las influencias políticas. Su estructura debe ser revisada con objetividad y profesionalismo.

Está claro que cualquier incobrable de los bancos estatales lo debemos asumir todos los costarricenses con nuestros impuestos al no ingresar recursos al fisco. La elección de los directores bancarios y los cuerpos ejecutivos deben cumplir requisitos muy estrictos de experiencia, capacidad, disponibilidad y juicio.

Necesitamos, ante todo, escoger directores bancarios con idoneidad y no por ser partidarios o amigos del gobierno de turno. Solo si establecemos mecanismos transparentes de valoración periódica, inducción, desempeño e integridad, tendremos una banca fuerte y profesional. Aprendamos la lección de lo que ha pasado recientemente y en el pasado con otros bancos.

La selección de directores y personal clave debe evaluarse con mucho profesionalismo, siguiendo las recomendaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en relación con entidades propiedad del Estado.

La decisión está en manos de los partidos políticos en el Congreso. Es hora de tomar acciones con instituciones tan importantes para nuestra sociedad. La banca estatal exige cambios radicales en las decisiones estratégicas.

El autor es ingeniero.