De cada 10 reporteros muertos, nueve murieron desempeñándose en su país de origen

 7 septiembre

LONDRES – No hace mucho tiempo, los únicos periodistas destinados a zonas de conflicto que podían obtener protección eran los que trabajaban para medios de comunicación con recursos y mayoritariamente occidentales. Asistían a costosos cursos administrados por antiguo personal de las fuerzas especiales, que los instruían para manejarse en entornos hostiles, recibiendo chalecos antibalas, cascos y botiquines de primeros auxilios.

Sin embargo, en otros lugares los periodistas rara vez se han beneficiado de esta cultura de la seguridad. Con frecuencia son asesinados impunemente, sea en México, Brasil, Pakistán o Somalia. Y suele ocurrir que cuando se silencia al mensajero, también se acalla el mensaje.

El Instituto Internacional de Seguridad en las Noticias ha estado elaborando en los últimos 15 años una lista de periodistas que han muerto en sus labores. Hemos descubierto algo impactante: de cada 10 reporteros muertos, nueve murieron desempeñándose en su país de origen. Son incontables los que han tenido que abandonar sus hogares, trabajos y países, y a menudo los que se quedan viven en constante temor por su seguridad.

En los lugares donde hay regímenes corruptos o grupos armados que quieren controlar el flujo informativo, por largo tiempo los periodistas han corrido el riesgo de ser secuestrados o asesinados. Pero esta amenaza ha aumentado tanto en los últimos años, que algunos países ahora son destinos prohibidos para los medios noticiosos internacionales.

Los corresponsales occidentales son conscientes de estos riesgos cuando se desplazan al extranjero para cubrir zonas activas de guerra. Pero ahora afrontan peligros similares en sus propios países. Como nunca antes, dondequiera que trabajen (sea en línea o desconectados) deben estar atentos a más riesgos físicos, psicológicos y digitales que nunca.

Los ataques terroristas han afectado de maneras inesperadas a los medios de noticias, especialmente en Europa. Muchos de los primeros en llegar al escenario de la bomba en el Manchester Arena o a la masacre de la sala Bataclan en París no tenían el entrenamiento físico necesario para tales acontecimientos ni estaban preparados emocionalmente para cubrir historias que los expondrían a tal nivel de trauma.

En respuesta a estos acontecimientos, algunas agencias de prensa han comenzado a preparar su actuación frente a un ataque terrorista nacional que afecte directamente sus operaciones. Medios como la BBC, el servicio público holandés NOS y otros medios europeos han puesto en marcha planes para que los periodistas respondan a incidentes en sus propias ciudades o que apunten directamente a sus salas de redacción.

Además de las balas y las bombas, los periodistas también enfrentan amenazas psicológicas cada vez mayores en sus países. En julio, un informe que coescribí para el Instituto Internacional de Seguridad en las Noticias puso nombre a ese tipo de amenazas, fenómeno conocido como “daño moral”.

El informe, publicado por el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo en la Universidad de Oxford, examinó el impacto sobre los miembros de los medios de comunicación que tienen que cubrir la reciente crisis de refugiados en Europa. Descubrimos que informar sobre una historia traumática puede tener un profundo impacto sobre nuestra salud mental.

Nuestra investigación comprobó que los sentimientos de culpa e impotencia pueden resultar abrumadores cuando los acontecimientos “transgreden los valores morales y éticos o los códigos de conducta personales”. Resaltamos la importancia de la educación para prevenir los riesgos de sufrir daño moral, exponiendo que “los periodistas deben entender que el panorama mental de la profesión abarca el terreno de “lo nuevo”. Nuestro informe también sugirió que los medios deberían brindar apoyo a quienes lo necesiten, teniendo en cuenta que las personas responden a un trauma y se recuperan de este de maneras diferentes.

Los periodistas enfrentan otro tipo de riesgo psicológico en Estados Unidos: el acoso de su propio gobierno. Si bien los protege la primera enmienda de la Constitución, el presidente Donald Trump ha utilizado su púlpito intimidatorio en las redes sociales para vilipendiar sistemáticamente a todos los medios informativos. El desprecio de Trump por la libertad de expresión reproduce el de los gobiernos autoritarios, desde Turquía hasta Filipinas, donde los periodistas han sido arrestados, encarcelados y acosados de maneras sin precedentes hasta hoy.

También los periodistas son cada vez más vulnerables en línea, donde el anonimato ha creado una cultura de troleo y acoso. Las mujeres periodistas han debido sufrir las consecuencias de los ataques digitales, que pueden convertirse rápidamente en amenazas de violencia sexual. A consecuencia de ello, muchos han abandonado las redes sociales y otros han dejado por completo la profesión.

El mundo es un lugar arriesgado para los periodistas, y precisamente por ello debemos hacer todo lo posible para protegerlos. Nunca antes el papel del periodismo ha sido tan importante. En el entorno de noticias actual, ruidoso, confuso y que se sirve de diferentes canales, las “noticias falsas” se venden como hechos, necesitamos más que nunca información sensata, analítica y responsable.

Una prensa libre ofrece el bien de la verdad, hace que el poder rinda cuentas y desafía las amenazas a la libertad y a la justicia. Pero nunca puede ser libre si sus miembros no están seguros.

Hannah Storm es directora del International News Safety Institute. © Project Syndicate 1995–2017