22 febrero, 2015

Al finalizar la “década dorada” (2003-2013) en América Latina, en especial en Sudamérica, se produjo un cambio de estado de ánimo en la región y no necesariamente para mejor. En pocos años, la euforia dio paso al optimismo moderado e incluso cauto de nuestros días. El liderazgo político latinoamericano debe responder a este paso de un ciclo a otro implementando urgentemente una ambiciosa agenda de reformas dirigidas a recuperar el crecimiento económico,asegurar la sostenibilidad de las conquistas sociales, garantizar la seguridad ciudadana y mejorar la calidad de la democracia. Todo ello en un contexto económico, social y político complejo.

Esta constituye una de las principales conclusiones del III Foro Internacional de Santo Domingo, celebrado en República Dominicana entre el 28 y el 30 de enero, titulado La hora de las reformas: ¿Qué debe hacer América Latina para convertirse en una región más democrática, próspera, equitativa y segura ?, organizado por el IDEA Internacional, el centro de estudios dominicano Funglode y la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra.

Los seis expresidentes de la región y los 70 expertos del continente y de Europa que participaron en este foro coincidieron en señalar que América Latina vive un momento de transición: el fin de una década de prosperidad marcada por un robusto crecimiento económico e importantes avances sociales y el nacimiento de un nuevo ciclo, caracterizado por un crecimiento más débil y la caída en los precios de los productos básicos . Si bien en grados distintos, la mayoría de los países tendrán que transitar de un modelo basado en altos precios de las materias primas y bajos costos de financiación a uno inverso. Para algunos países, en cambio, la reconfiguración de la economía global arroja buenas noticias. De consolidarse la recuperación de Estados Unidos, vendría un alivio para las economías de América Central, el Caribe y México.

Este nuevo estado de ánimo es el síntoma que acompaña la brusca desaceleración económica que vive la región, un fin de ciclo que, en palabras de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), “no es coyuntural, sino que ha venido para quedarse”. En efecto, las perspectivas de crecimiento económico (sin soslayar el alto grado de heterogeneidad que existe entre los países) se han deteriorado considerablemente, sobre todo en América del Sur. Este será un año muy difícil para tres de las cinco mayores economías latinoamericanas: Venezuela, Argentina y Brasil. El FMI corrigió recientemente a la baja la proyección del crecimiento promedio para América Latina durante el 2015, y lo sitúa en solo un 1,3%.

Agenda de Santo Domingo. De las deliberaciones del III Foro Internacional surge una agenda reformista de alcance regional, orientada a mejorar la calidad de la democracia, diversificar la matriz productiva, blindar y profundizar los avances sociales alcanzados y dar una respuesta efectiva al grave problema de la inseguridad ciudadana.

Calidad de la democracia. La prioridad debe ser fortalecer las instituciones y la participación ciudadana para que estas constituyan la base de una democracia de mejor calidad y mayor densidad. Para ello, es necesario contar con: partidos y parlamentos modernos y legítimos, con capacidad para representar y encauzar las demandas sociales, complementados con mecanismos de participación ciudadana; elecciones con integridad; un poder judicial independiente y con recursos adecuados para asegurar la plena vigencia del Estado de derecho y la seguridad jurídica; e instituciones y mecanismos de control que impidan el ejercicio abusivo del poder, garanticen que ambas legitimidades, la de origen y la de ejercicio, estén sometidas a la ley y aseguren niveles apropiados de transparencia y rendición de cuentas.

Diversificación. Es urgente que la región recupere el crecimiento económico. América Latina no puede seguir dependiendo solo de la exportación de materias primas. Debe, por el contrario, diversificar su estructura productiva generando un entramado de industrias y cadenas de producción con mayor valor agregado y, en particular, con más contenidos de innovación.

Para ello, es prioritario mejorar sustancialmente los niveles de competitividad y productividad –nuestro gran talón de Aquiles–, mediante el aumento de la inversión y el ahorro, apostando fuertemente por la innovación y una educación de calidad, y optimizando la infraestructura. Desde los años 90, la región solo ha aumentado su productividad en un 1,6%, mientras que los países asiáticos en desarrollo la elevaron cerca de un 30%.

Blindaje. Durante la pasada década, las tasas de pobreza e indigencia de la región disminuyeron de manera importante, al sacar a 60 millones de personas de la pobreza. El bono demográfico y las políticas de transferencias condicionadas fueron cruciales, pero la clave fue el alto crecimiento del PIB. En los últimos años, sin embargo, según datos de la Cepal, el descenso se ha atenuado e incluso la pobreza extrema repuntó ligeramente.

La prioridad debe ser crear trabajos de calidad, reducir el elevado empleo informal, que asciende a 47% en la región, y aumentar los salarios reales. Además, es imprescindible contar con un Estado estratégico, dotado de una burocracia profesional y moderna, y que cuente con suficientes recursos fiscales para asegurar un gasto social eficiente y servicios públicos de calidad. Hoy, la recaudación tributaria apenas bordea, en promedio, un 20% del PIB, muy por debajo de los países de la OCDE.

Seguridad ciudadana. América Latina es la región, en paz, más violenta del mundo. Si bien existen diferencias, ningún país es ajeno a esta realidad. Las encuestas de opinión pública muestran que la delincuencia e inseguridad son uno de los mayores problemas para los ciudadanos. Su carácter multidimensional demanda una estrategia igualmente múltiple, que combine prevención con represión, medidas socioeconómicas con fortalecimiento institucional de la Policía, el sistema penal y el modelo carcelario. Y todo ello debe estar complementado con una efectiva cooperación internacional, en especial en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado.

Mi opinión: América Latina vive un momento de transición. Para adecuarse estratégicamente al nuevo contexto global, la región debe poner en marcha, con urgencia, profundas reformas estructurales dirigidas a modernizar su modelo de desarrollo. Solo mejorando la productividad y la competitividad, la educación y la innovación, la infraestructura y la calidad de sus instituciones, podrá alcanzar un crecimiento económico incluyente, equitativo y sostenible. Solo así podremos seguir disminuyendo la pobreza y la desigualdad, y dar respuesta efectiva a las demandas y expectativas de una ciudadanía cada vez más consciente y exigente de su democracia, de sus derechos y de la calidad de sus servicios públicos.

No hay más excusas ni tiempo que perder. Por desgracia, la gran mayoría de los países de la región no aprovecharon lo suficiente la época de bonanza para impulsar el cambio estructural que América Latina necesitaba y sigue necesitando. Los riesgos y desafíos propios del cambio de ciclo que vivimos no pueden llegar a ser un freno para las transformaciones, de lo contrario la región pagará un alto precio. Hoy, más que nunca, el destino de América Latina está en nuestras manos.

Daniel Zovatto, director regional para América Latina y el Caribe, IDEA Internacional.

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