20 agosto, 2016

Desde hace muchos años, casi tantos como mi larga vida, cada vez que grupos de personas quieren obtener una ventaja o una conquista del Estado, no negocian ni tratan de convencer a nadie, sino que, simplemente, bloquean las calles de nuestra sufrida ciudad capital y así, rápidamente y sin mucho esfuerzo, logran su propósito.

Y esto se aplica a trabajadores, sindicatos y hasta grupos capitalistas, como ha sucedido con los arroceros. También estos movimientos pueden ser de estudiantes o de profesores, de trabajadores manuales o de médicos. Todos actúan como niños maleducados, a quienes les da una rabieta y los encargados de su bienestar, en este caso el gobierno, corren a ponerle la chupeta para que no lloren.

Autoridad. En la reciente y anunciada manifestación de los taxistas se rompió –¡al fin!– este esquema y tal como había anunciado el presidente, Luis Guillermo Solís, que haría, no se permitió ningún bloqueo y ni siquiera el tortuguismo.

En pocas horas, las calles del país estuvieron, como debe ser, al servicio de todos los costarricenses que pudieron seguir en sus actividades normales sin la amenaza de quedarse varias horas sin moverse en una fila porque así lo decidió un grupo, tan respetable como lo son todos los otros ciudadanos.

Ya en el pasado hubo casos de personas, incluso niños, que tuvieron graves problemas de salud por no poder llegar a una cita médica o a una operación porque a algún grupo se le ocurrió tratar de conseguir alguna ventaja por medio de un bloqueo en nuestras calles.

Origen de la discordia. En cuanto a Uber, motivo aparente de la manifestación de los taxistas, tengo amigos y parientes que lo usan y están satisfechos de sus servicios. Yo no lo hago, ni lo haré, porque me desagrada que haya llegado como si todavía estuviéramos en la época de la colonia a hacer lo que le da en gana, sin cumplir con nuestras leyes ni tener los debidos permisos, pero esta imposición puede combatirse por medios legales, como debe ser en una sociedad civilizada, y nunca como anunció el dirigente de la Unión de Taxistas Costarricenses, Rubén Vargas, con una guerra.

Espero que la actitud de nuestras autoridades de no permitir bloqueos no sea “una golondrina en el verano”, sino que se mantenga para todas las manifestaciones en el futuro.

Así, quienes organizan estas manifestaciones sabrán que deben presentar sus puntos de vista por los canales adecuados y dando los razonamientos del caso y nunca más con rabietas y, sobre todo, sin los bloqueos que, de esta manera, desaparecerán como posibles armas para obtener ventajas.

El autor es periodista.