12 abril, 2015

Si Costa Rica fuera un carro, debería ir sobre ruedas. Vivimos en unas circunstancias globales en las cuales nuestro país es líder mundial en múltiples disciplinas. Están las de siempre, las que damos por un hecho: educación pública, obligatoria y financiada por el Estado desde el Siglo XIX; seguridad social universal desde hace casi 75 años; abolición del ejército militar desde hace más de 65 años.

El resultado de este interesante experimento nacional es un país donde cada vez es más evidente la valía que tiene su mano de obra, su habilidad de aprender, su capacidad de generar valor, su astucia para la creatividad y la innovación. Quiero creer que es consecuencia de los grados de libertad en los que hemos nacido y crecido varias generaciones de costarricenses.

Hoy se nos ha invitado a iniciar el proceso de adhesión a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que es el club de los países con mejores prácticas en políticas públicas. Su propósito es generar bienestar para sus ciudadanos y del resto del mundo. Precisamente, en liderazgo global también tenemos mucho que aportar.

En semanas anteriores se hizo viral una publicación que decía que por tantos días produjimos nuestra electricidad enteramente de fuentes renovables. Apenas el año pasado, 22 valientes sudaron en las canchas de fútbol de Brasil y nos pusieron en boca de todo el planeta. Meses atrás, el Instituto de Biodiversidad recibió el premio Planeta Azul en Japón, considerado como el Nobel de medioambiente. Hace unos días, Ad Astra, un emprendimiento de un astronauta costarricense que ha estado siete veces en el espacio exterior (récord mundial, para quienes no lo sabían), recibió un importante financiamiento nada menos que de la NASA para hacer operativo su motor de plasma. Para un país de apenas 4,5 millones de habitantes, son demasiadas noticias que le dan la vuelta al mundo en tan poco tiempo.

Sin embargo, una inmensa cantidad de personas de diversos sectores de la población sienten que algo anda mal en nuestro carro. Diagnósticos sobran. Incluso se le ha llegado a catalogar con diversos nombres a esta misteriosa patología sociopolítica que nos aqueja. ¡Hasta un psiquiatra tuvimos en la silla presidencial!

En transformación de conflictos se habla de tres niveles en los cuales el conflicto crece en espiral: las actitudes, los comportamientos y las incompatibilidades de objetivos.

Soy del criterio de que nuestro principal foco de atención debe centrarse en lo primero. Hemos hecho del sabotaje una actitud loable en la sociedad. Al que diga la cosa más grosera del otro es a quien más se le aplaude.

Antes se celebraba las victorias propias. Hoy, la impresión que me deja la dinámica de nuestra sociedad es que nos alegra más la derrota ajena.

¿Cómo vamos a progresar si somos incapaces de dar ánimo, de apoyar lo nuestro, de identificar fortalezas y apropiarnos de ellas? ¿Cómo va a destacar nuestro liderazgo global si la forma de señalar fallas es satanizándolas?

Una mala actitud es como una llanta ponchada: no se puede avanzar a menos que se cambie. He llegado al convencimiento de que es mucho, muchísimo, lo que podrían aportar los miles y miles de ciudadanos que reclaman y se quejan de la situación del país, del vecino, del planeta.

Por ello, insto a toda esa gente valiente, madura, inteligente, pensante, dotada de múltiples recursos a que transformen sus malas actitudes en liderazgo global hecho en Costa Rica. Los invito a que pongan a buen uso sus talentos, la riqueza que encierra vivir en nuestro vergel bello, y las múltiples libertades de las que se goza en nuestro país para que innovemos la forma de hacer las cosas.

Einstein advirtió hace décadas que no saldríamos de nuestros problemas pensando de la misma forma como lo hicimos cuando caímos en ellos. Pensemos diferente. Veamos hacia delante. Si encuentran una forma más eficiente para solucionar problemas públicos, tomen la iniciativa y háganlo. En eso consiste la innovación social.

De eso se nutren las organizaciones no gubernamentales. Así surgen los emprendimientos más eminentes. Sobre todo, de ahí nacen las mejores políticas públicas: de las mejores prácticas que hayan sido puestas en marcha de manera exitosa, fuera o dentro del país. Es en el interés de absolutamente todos que el país progrese y sea próspero. Cambiemos las llantas ponchadas y vayamos sobre ruedas.

Embajador ante la OMC y la OCDE.