Opinión

Por unos lindos botones

Actualizado el 29 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

Dos años no alcanzan para cubrir los contenidos del nuevo programa de preescolar

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Concibo el MEP como un fabricante de ropa, donde cada modelo de prenda viene a ser un programa de estudio. En esta línea, los programas que son diseñados para un determinado nivel deben contemplar la calidad de la tela (flexible y adaptable), el diseño (funcional y cómodo), que pueda desempeñarse para una variedad de tallas y algunos aspectos, como los recursos económicos utilizados en una bella presentación de los materiales (calidad del papel, tipografía, diseño gráfico), vienen a ser representados por ornamentos del traje como botones.

Así, el nuevo programa de estudio de educación preescolar viene a ser uno de los últimos modelos lanzados por el MEP y prácticamente ha desquiciado la salud mental de la mayoría de las docentes de preescolar.

Pese a las grandes expectativas, esta prenda no parece ser funcional, adaptable y práctica, características que deben prevalecer en un programa de estudio: los docentes que lo utilizan han tenido que hacer ajustes, pinzas, modificaciones.

Trabajo perdido. Autoridades lanzan guías para facilitar la utilización, pero la prenda sigue sin quedarle prácticamente a ninguna persona. La tela es rígida, pica al tacto, el diseño no favorece a casi nadie.

Con la intención de refinar el trabajo, han colocado un fajón lleno de habilidades y procesos tan estructurados e inamovibles que está ahogando a las docentes cual si fuera un ajustado corsé. Eso sí, tiene unos botones que se para el sol a verlos.

La mayoría de las prendas, los programas de estudio de otros niveles que han sido ofrecidos por el MEP, son utilizados con alguna orientación, y no afirmo que sean trajes perfectos, pero los docentes los van desarrollando sin mayor dificultad.

¿Qué es lo que sucede con el nuevo programa de preescolar? ¿Está el cuerpo docente poco preparado o esta prenda presenta errores severos de diseño que dificultan el desarrollo y puesta en práctica? ¿Es sano que una docente de preescolar emplee entre 20 y 30 horas realizando el planeamiento para un mes en tiempo fuera de su jornada en el centro educativo? ¿Son verdaderamente espectaculares los resultados o es solo ilusión de papel?

Por otro lado, los programas de estudio deberían someterse a pruebas piloto con muestras significativas que revelen deficiencias tanto de conceptualización y concepción teórica como propiamente de implementación (¿o implantación?), acciones de las cuales careció esta prenda antes de salir al mercado.

Poco tiempo. He tratado de trabajar a conciencia el nuevo programa de estudio, diseñado para cubrir los contenidos conceptuales en dos años, y con honestidad digo: no alcanzan los dos años.

El exceso de estructuras rígidas y tareas sin sentido que no se traducen en una mejora tangible en beneficio de la calidad de atención de los niños ponen a prueba la más férrea de las vocaciones de las docentes de preescolar, quienes, a la postre, terminarán por sufrir repercusiones en la salud y relaciones familiares.

Entonces, si este programa necesita tantos ajustes que se convierten en remiendos y parches (guías, foros, charlas), yo me pregunto, ¿vale la pena conservar una prenda que ahoga a las docentes tan solo por unos lindos botones?

La autora es educadora.

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